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Treinta Denarios. E1.A (Matrix): Una propuesta de negocios

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Deke:
Der



http://www.youtube.com/v/jPFWiUzLB4s
Apartamento de ReI
12.27 p.m.
-Hey, ReI. Tengo una propuesta de trabajo que hacerte, pásate por el club y almorzamos. Ven con hambre.-escuchaste la voz de Caronte en tu contestador automático, un mensaje enviado a las 4 de la mañana.

Las propuestas de trabajo de Caronte siempre eran interesantes, e incluso cuando no lo eran, cualquier excusa es buena para comer algo con un amigo.

Tras recoger tus cosas [especifica qué llevas encima en tu próximo post, o por MP si lo prefieres], te pones en camino hacia el restaurante. En tu ruta te surge un contratiempo: la avenida Lechman, acceso directo a la zona Este de la ciudad, esá cortada.

Es una calle de cuatro carriles de ancho, flanqueada por bloques de apartamentos. Detrás de dos furgones Swat se levanta una barrera de vallas azules, custodiada por dos policías que redirigen el tráfico. En la lejanía te parece ver nubes de humo.

La avenida está bloqueada hasta donde te alcanza la vista, unos 300 metros como poco. Será imposible entrar a pie, mucho menos en vehículo. Hay una boca de metro en las cercanías que puede llevarte a tu destino; la alternativa es dar un largo rodeo.

Der Metzgermeister:
Con un gesto de su mano, ReI levanta sus gafas de sol para hacer como que ve mejor. Se queda parado dos segundos, vuelve a bajárselas y se da la vuelta camino de la boca del metro.

Al bajar las escaleras es casi innato fijarse con aquellos que se cruza, distinguir quién es un programa y quién no. Hay que mantener los ojos bien abiertos. Saca un ticket de metro y pasa los torniquetes tratando de hacerlo con naturalidad "humana". Un par de escaleras mecánicas más abajo y tras adelantar ocho personas por el camino y cruzarse con tres en sentido contrario, llega finalmente al andén, ocupado por varios ciudadanos esperando al siguiente metro.

Todo en calma.

Deke:
Advertir This dice roll has been tampered with!
Rolled 3d10 : 1, 8, 8
A no ser que los visites específicamente, no sueles cruzarte con más de dos o tres programas al día. Sólo en tu camino de la calle al andén, distingues al menos a cuatro.


El metro no se hace esperar. Las puertas se abren y los pasajeros embarcan mientras una voz maquinal comenta por megafonía cosas indistinguibles.


Te acompañan en el vagón una joven pareja asiática de semblante serio, un vagabundo melenudo tirado entre cartones, una adolescente gordita vestida de cuero y un barbudo de piel muy oscura, de mediana edad.

El barbudo es el que está sentado más cerca de ti. Ignoras su presencia durante un rato, parece absorto en sus propios pensamientos. De vez en cuando mira a los asiáticos. Pero luego te mira a ti.

Y sin presentarse, ni dejar de mirarte a los ojos, te pregunta. Su mirada se te clava en el cuerpo. Y sus palabras te pillan completamente desprevenido.

-¿Eres feliz?

Der Metzgermeister:
Lentamente gira la cabeza hasta el hombre que se ha dirigido a él. Su mirada queda oculta tras las gafas de sol.

"..."

No hay respuesta. De nuevo vuelve a su posición original y en un intento por expresar emoción arquea su espalda hasta apoyar su rostro entre sus manos, meditabundo, mientras deja escapar una palabra en lo que parece casi un susurro, aunque perfectamente audible.

"Felicidad."

La pausa es larga; la vista se mantiene al frente.

¿Felicidad? ¿Ello mismo? Curioso. Es una pregunta que nunca había sido escrita en su registro. Una nueva incógnita...

"No lo sé."

No se movió a la hora de contestar. La respuesta se había hecho de rogar. De nuevo había hablado en voz baja, pero entendible para los allí presentes que estuviesen escuchando. La voz era tan áspera como sus serio su semblante y calmado su temperamento.

"¿Y usted?"

La pregunta se escuchó tras un breve lapso de mutuo silencio.

Deke:
El barbudo lleva una túnica oscura, pantalones anchos de samurai y sandalias de mimbre. Parece un sabio indigente, y se comporta como si no conociese en lo más mínimo las convenciones sociales. Su piel es dura y seca, y sus ojos escudriñan el vagón con curiosidad infantil.

Parece muy tranquilo.

-No lo sabes...-repite tus palabras, con cierta sorna. Su voz es tan profunda como su mirada sobre ti. Ambas te hacen sentir nervioso.-No sabes si eres feliz. Y sin embargo estás aquí. Has abrazado en tu algoritmo los infinitos procesos que te han conducido aquí, a este vagón, rumbo a un destino geográfico que originará un nuevo proceso en tu experiencia.
Y por cada uno de esos procesos efectúas los incontables cálculos que te dirigen hacia el final de tu expresión, como emprender este trayecto es un cálculo que resuelves pagando un cierto coste de tu tiempo. Pero ignoras el resultado de tu propia fórmula, como si fueses a descubrirlo al final de esta cadena, y sin embargo sabes que tu cadena no tendrá otro fin que cuando llegue tu muerte.

La adolescente gordita desvió discretamente su atención hacia vosotros. El barbudo no pareció darse cuenta.

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