Autor Tema: Mafia "La Escama de Arraizut" - [Acabada]  (Leído 121736 veces)

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Desconectado Minerva


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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Día 6: Ira.
« Respuesta #750 en: 03 de Octubre de 2012, 22:20 »
Lance está tirando a todo lo que se pueda tirar para ver si consigue librarse, es una actitud super ciudadana

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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Día 6: Ira.
« Respuesta #751 en: 03 de Octubre de 2012, 23:29 »
Coño, si nadie me apoya con Queso, iré a otra opción, lo que tengo claro es que no quiero salir linchado  :/

Desconectado ayrendor

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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Día 6: Ira.
« Respuesta #752 en: 04 de Octubre de 2012, 02:06 »
Recuento:
Maxus: 2 votos (Cactus, Lance)
Lance: 3 votos (Minerva, Queso, Maxus)

Se sigue linchando con cuatro, y se sigue contando el voto de Cactus aunque evidentemente no se puede mover.


« última modificación: 04 de Octubre de 2012, 02:07 por ayrendor »


A mí me gusta mucho la cara de ayr, en plan, "pasaba por aquí, cómo me he metido en este embolao y por qué me acusa, señora". Da para comedia americana.

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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Día 6: Ira.
« Respuesta #753 en: 04 de Octubre de 2012, 02:09 »
El niño les guio por el laberinto de tejas y madera hasta el lugar del suceso. No había aclarado sus intenciones, pero todos se imaginaban que había descubierto algo. Sus cuerpos pequeños y ágiles les permitían saltar con facilidad entre los edificios. El viento soplaba desde el bosque con fuerza, y las nubes de tormenta ya se divisaban en el horizonte. Era la furia del lado oculto del verano esperando su momento. Las corrientes agitaban sus ropas, las cuales se pegaban de forma incomoda sobre sus escuchimizados cuerpos. Ninguno se atrevió a retrasarse, era peligroso quedarse a merced de aquellas caprichosas ventoleras.

Cuando llegaron el sitio era una tumba. El aire había quedado excluido de aquella zona, pero a ninguno le pareció extraño. El adjetivo se había quedado algo sobrepasado después de aquella semana. Él fue directamente al grano. Les señalo las tejas rotas una a una, marcando las distancias con sus propios pies. Todas las huellas que se podían adivinar eran demasiado grandes para un niño. Después recorrieron juntos los puntos de salto del tejado, demasiado amplios para un adulto. Los niños se miraron extrañados sin saber muy bien que quería enseñarles. Fue entonces cuando les mostró las cajas apiladas en la parte de atrás de la casa. Una torre artificial reciente, que solo alguien a medio camino entre la niñez y la adultez podría escalar con facilidad. Poca gente podía dejar esas marcas, y los niños intuían quien había sido.


Jessi era...Sicca - Niña investigadora orgullosa


La caravana se iba. Las ruedas nuevas estaban en su sitio y sus miembros con gusto hubieran dejado aquel lugar maldito en aquel mismo momento. Solo la insistencia por parte del carpintero de guardar precaución antes de adentrarse en el pedregoso camino les había frenado. Partirían antes del amanecer, a no ser que empezara a llover. Si el cielo decidía concederles el don de la lluvia ellos partirían antes de que los caminos se convirtieran en trampas mortales. Habían tenido suficiente Weddick para varias vidas. Quien puede culparles, aquel sitio no estaba hecho para extranjeros.

El variopinto grupo había perdido un componente durante su estancia. La desaparición del enigmático Ennudi había dejado un sabor amargo en el paladar de los viajeros. Sin embargo, habían logrado una nueva adición que prometía traerles algo más de alegría a cambio de una pequeña cantidad de vino. El borrachín de Kanal se iba con ellos. La noticia había provocado el placer de los que odiaban sus borracheras y el disgusto de quien escuchaba sus historias. Él no se había pronunciado, y con gusto había aceptado el odre de vino y su habitación en la posada. Quienes se despidieron de él, pese a notarle algo arisco, estuvieron seguro de que mejoraría en cuanto se alejara del lugar.

Al niño lo encontraron entre los caballos. Sangraba por la cabeza abundantemente. Parecía que le habían dado un piedrazo. Las marcas en el suelo eran un caos de mierda de animal, barro, y pisadas. No se podía estar muy seguro de cuanta gente había estado allí. Pero por los trozos de papel esparcidos entre la sangre y el lodo, todos temieron que el ataque había sido otro resultado del macabro juego. Cuando le transportaban hacia la Casa de Castigo, más por su protección que por otra cosa, no paraba de murmurar una palabra. Era como un susurro casi ininteligible: “ira”.


Lance era...Lotna - Niño multiusos de humor cambiante


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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Noche 6: Calma.
« Respuesta #754 en: 04 de Octubre de 2012, 02:11 »

Comienza la Noche 6. Teneis hasta el Viernes a las 23:59 para enviarme acciones.


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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Noche 6: Calma
« Respuesta #755 en: 05 de Octubre de 2012, 18:09 »
La niña sintió el amargo sabor de la victoria en la boca. Por un lado, aquello no lo había visto venir. Eso le causaba un gran alivio, después de todo llevaba días sin sorprenderle absolutamente nada. Todo estaba en su cabeza de una forma u otra antes de que se hiciera realidad. No obstante, caer en una trampa no era la mejor forma para descubrir que había cosas que se le escapaban. Tras saborear una segunda vez, se planteó si más que victoria aquello era bilis.

La mujer que tenía frente a ella sonreía. También movía las manos dentro de sus viejos guantes de jardinería de una forma que la puso enferma. Era una declaración de intenciones. Intentaba mostrarle como pensaba sacarle el veneno y vender su piel. La niña esbozó media sonrisa, ya estaba pensando otra vez como un animal. Pero aunque ella fuera realmente un animal, aquella mujer era un monstruo. Y cuando el matón apareció a su espalda, supo que aquello era el fin. Se permitió soltar una risa seca mientras se giraba para mirarle a los ojos. El no titubeó ante su escudriño, aunque si que se podía notar que entre él y su compañera había un abismo. Solo era una marioneta a medio camino entre niño y hombre. La herramienta para los asuntos más sucios. Probablemente a esas alturas ya se había dado cuenta él mismo de todo aquello. Ella esperaba que incluso hubiera pedido ayuda a sus compañeros antes de recibir miradas de desprecio.

- ¿Queréis mi parte? Os la daré si me dejáis irme – dijo a modo de súplica.

- ¡Hablas como si tuvieras alguna otra opción! – le dijo el chico sonriendo y mostrando sus dientes manchados de rojo regaliz.

La mujer avanzó cuatro pasos con la decisión que solo tiene quien se cree invencible. Pero sus ojos la detuvieron al cruzarse las miradas. La niña entendió lo que estaba pasando, pues ya le había pasado aquella misma noche. Aquella mujer había conectado con ella, e intuía que era la primera vez que lo hacia con alguien.

- Quítale el texto, luego haz lo que quieras. Pero sin juegos – ordenó cuando se rompió el contacto visual entre ambas.

El muchacho hizo lo que le habían ordenado sin rechistar. Se acercó a ella raudo y la registro a fondo hasta encontrar su trozo de papel. Lo alzó victorioso hacia su compañera a la vez que apretaba con fuerza el brazo de la niña con la otra mano. Su compañera asintió con una expresión grotesca que pretendía ser una sonrisa.

- Bueno, creo que ahora es mi turno de…

El chico dejo inacabada su frase. Es lo que suele pasar cuando un gato se lanza sobre ti dispuesto a despedazarte. Sus pasos dejaron claro cuales eran sus prioridades. Primero soltó a la niña, y solo tras asegurar el papel en un lugar seguro, cogió al gato con ambas manos y lo lanzó lejos de él. Probablemente sus intenciones eran matar al animal a patadas, pero el coro de bufidos desde los tejados le disuadió rápidamente. En medio de la oscuridad el ejército felino parecía una armada de sombras. Sus atacantes se plantearon sus posibilidades, pero ninguno dudo ni un segundo de que era una batalla perdida. La mujer retrocedió con precaución. El chico por su parte decidió correr antes de cagarse encima. Ambos desaparecieron antes de que apareciera quien comandaba a los gatos sonriendo. Ella le conocía porque le había visto en su cabeza en los días anteriores. Todo en predicciones inexactas que no llegaron a cumplirse. Lo cierto es que no había previsto su aparición en aquel momento. Fue la segunda sorpresa de la noche para la niña, y esta vez si fue agradable.

Calabría era...Zurri - Niña sigilosa escapista


La forja no dormía aquella noche. Aunque lo cierto es que Greyson Filo no pegaba ojo desde el incidente con Turff. Por suerte para sus aprendices no era un hombre generoso a la hora de compartir sus penurias, así que les había permitido irse a dormir. Trabajar el metal era todo el descanso que él necesitaba. Su mente centrada en el trabajo le permitía evadirse de los problemas que atravesaba Weddick. No había nada que  más deseara que olvidarse de todo aquello. Y sin embargo, algo en su cabeza no se lo permitía. Una pequeña región de su mente que pulsaba para que Greyson estuviera alerta.

No le hizo falta agudizar el oído para escucharles llegar. Tanto el hombre como la niña hacían bastante ruido al moverse. Intercambiaban frases cortas entre ellos, las cuales eran incomprensibles desde la distancia. Para cuando estuvieron suficientemente cerca de la herrería se habían callado ambos. El amanecer comenzaba a vislumbrarse oscuro en el horizonte. El cielo estaba encapotado, y una lluvia fina había empezado a caer.
A Zurri la reconoció al instante. Se fijó en que había sufrimiento en sus ojos, pero los niños a menudo sufren por tonterías, así que no le dio mayor importancia. Al hombre que iba con ella no le había visto en su vida. Era tan alto como él, aunque algo más corpulento. Sus ojos de un verde apagado parecían examinarle a fondo.

- Estas no son horas para andar rondando las calles – dijo el herrero.

- Y esas no son maneras de recibir a un par de invitados – le dijo en respuesta aquel hombre.

- Zurri puede considerarse como tal, y ante ella me disculpo – contratacó Greyson –. Pero no tengo la menor idea de quien eres tú. Ni siquiera me suena tu cara del grupo de viajeros.

- Esa significa que he hecho las cosas bien. Aunque intuyó que recordar no es lo que mejor se os da en este sitio. Dudo que mi cara fuera más que un borrón para ti si nos hubiéramos cruzado.

Greyson recibió aquellas palabras como un golpe bajo. Se había pasado los últimos días deseando olvidarse de todo. Y cuanto más se esforzaba, más fuerte volvían los recuerdos a su mente. Aquella vez no era una excepción.

- Eres el desaparecido – sentenció mientras sujetaba firmemente el mango de madera del martillo –. El tipo del que nadie se ponía de acuerdo, ¿verdad?

- Si y no – respondió enigmático –. ¿Escucharon ellos mi voz? Sin duda alguna. ¿Pero vieron quien era realmente yo? Lo dudo. Aquel día desaparecieron muchas personas que ellos creían haber conocido, pero ninguna era el hombre que tienes ante ti. Al igual que Weddick, Dayzk también puede ser escurridizo para la mente.

- ¿Y que coño te trae por aquí Dayzk? Y lo que es más importante. ¿Cuándo piensas abandonar este sitio con tus compañeros y dejarnos tranquilos?

La mente de Greyson unía las partes inconexas de la historia a marchas forzadas. Empezaba a visualizar sus sospechas convirtiéndose en realidad una tras otra. Lo sobrenatural siempre le había causado mareos al herrero, incluso una vez se había negado a elaborar una aleación mixta cuando era aprendiz en Tabre. Cuando más lejos estuviera él y la magia mejor.

- Me temo que mi camino difiere del de mis antiguos compañeros de viaje. Además, ellos han decidido abandonar Weddick hace un rato dejándome atrás. No les culpó – añadió en tono jocoso sonriendo –, piensan que me habéis matado. Sin embargo, para tu absoluta tranquilidad diré que en unas horas abandonare ese sitio para siempre. Solo he venido a darte una oportunidad.

- Ahora que lo dices creo que yo también te voy a conceder una – intervino Greyson mostrando el martillo –. ¿Qué tal si te largas de aquí antes de que hunda esto en tu cara?

Dayzk permaneció impasible ante el reto del herrero. Le mantuvo la mirada durante unos segundos eternos. Había cosas mucho peores ahí fuera que un martillo viejo, simplemente no tenía tiempo para hacérselo ver al herrero.

- Esta en tus manos salvar este sitio. Puede morir mucha gente, o puede morir poca. Tu decides que quieres hacer con tu tiempo, pero se agota cada segundo que me haces perder aquí.

La seriedad en las palabras de Dayzk hizo entrar en razón al herrero.

- Hablas de muertes, pero no dejas lugar a que no haya ninguna – preguntó indirectamente Greyson.

- Ojala pudiera ser así, pero mentirte no me llevaría a ningún sitio. Yo solo puedo retrasar lo que va a ocurrir. Pero esto no depende ni de mí, ni de ti. En  menos tiempo del que desearías harán lo que pueden hacer hoy mismo. Es tu decisión.

Greyson se debatió en su interior. Si una semana antes un desconocido se hubiera presentado diciendo aquello, le hubiera corrido a guantazos. Pero tras haber visto y sentido lo que estaba pasando en Weddick, no podía más que temer que lo que decía fuera cierto.

- Debo estar volviéndome loco porque empiezo a creerte – dijo depositando el martillo sobre una mesa cercana –. ¿Qué tengo que hacer?

- Ahora escucharme con atención, y después actuar sin cuestionarme – explicó Dayzk –. En primer lugar ve a la Casa de Castigo y libera a los niños. Tu amigo Jan esta vigilando, sé que no tendrás problemas si le explicas que es algo urgente. Tienes que pedirles a los niños que dejen las hojas de papel que han estado ocultando allí. Quemad todas en cuanto podáis, pero no os preocupéis si alguien se resiste a entregarla. Los gatos se encargaran de eso.

Hizo una pequeña pausa para comprobar si su interlocutor le había entendido. Greyson escuchaba con atención, y a medida que asimilaba su papel, iba dándose cuenta como aquel tipo tenía la situación más controlada de lo que quería aparentar. Se limitó a asentir.

- No todos los críos tienen que irse sin más. Hay siete allí dentro a los que tienes que asegurarte que oigan las palabras de Zurri. Ella será la única capaz de convencerles de que vayan a sus casas a por lo básico y vuelvan – Dayzk dirigió una mirada a la niña que asintió con la cabeza, aceptando también su pequeña parte –. Dales una hora, y cuando vuelvan tú y Jan os los tenéis que llevar lejos. Tu sobrino esta entre ellos, y Zurri también debe acompañarles.

- ¡Espera, espera, espera! – grito el herrero –. ¿Por qué tengo que llevármelos? ¿Y sus padres que van a decir cuando se enteren de todo? Si crees que voy a alejar a mi sobrino de su madre estás más loco que yo…

- Lo harás porque no quieres que muera. Y no me mires así – dijo al ver la expresión furiosa del rostro de Greyson –, sabes tan bien como yo que no será tan terrible. Este sitio ayuda a olvidar, y lo sabes porque has estado lidiando con esa sensación durante días. Por eso no duermes, y por eso cada vez comes menos. Tu cabeza funciona diferente, por eso te resistes a olvidar. Los padres no opondrán esa resistencia que tu muestras, dejaran de sufrir en cuanto los niños se alejen lo suficiente. Y si cumples tu parte, eso será mucho antes de que se den cuenta de que faltan. Guardaran vagos recuerdos de ellos, pero con el tiempo se olvidaran.

- Cuesta de creer después de lo que Evará ha sufrido estos días, Dayzk.

- Eso es porque tu sobrino estaba encerrado aquí mismo. No te puedes olvidar de algo que sigue delante de tus narices, aunque no lo veas. Este sitio es diferente, y esos niños son como luces que atraerán a las luciérnagas hacia aquí. Si no los alejas lo suficiente no servirá de nada que yo retrase lo inevitable. Tienes mi palabra de que me haré cargo de ellos.

El miedo era un gran catalizador, y fue más que suficiente para que el herrero diera el brazo a torcer.

- ¿Cuánto de lejos? ¿Cómo sabré cuando he de volver aquí?

- Irás preguntándole a Jan cosas sobre Weddick. Pueden ser cosas personales, pero cuanta más gente las sepa será más fácil para ti no pasarte del límite. Iréis en dirección a las granjas, he visto que hay unas cuantas por aquí cerca, y cuando veas que Jan empieza a dudar demasiado a la hora de responder sabrás que tenéis que parar – Dayzk hizo una pausa para reordenar sus ideas y tomar aire –. Ofreced una recompensa al granjero que primero encontréis para que los lleve al orfanato de Edrim. No os preocupéis por la cantidad ofertada, ni por cuanta gente lo oiga, se olvidarán de ello en cuanto se aleje lo suficiente. ¿Me has entendido?

- Perfectamente, espero que sepas lo que haces.

Dayzk sonrió y se acercó al herrero para estrecharle la mano con fuerza.

- Yo me encargaré del resto, te prometo que estarán bien atendidos. No les faltara de nada, y cada uno podrá llegar a ser lo que quiera. Estarán a salvo.

- ¿Y yo? ¿Podré alguna vez olvidar todo esto? – preguntó con un deje de tristeza –. ¿Me asaltaran los remordimientos de entregar a mi propia sangre a un desconocido?

- Olvidaras Greyson. A mí, a los niños, y el resto de cosas de esta semana infernal. Solo la sombra de esto quedara en tu mente. Y mucho más en el fondo la certeza de que hiciste lo correcto.

El herrero no se molestó en contestar. Soltó la mano de Dayzk, y se dirigió a la puerta. Por el camino le dedicó un gesto cariñoso a Zurri. La niña no pudo evitar sollozar. Después abandono su establecimiento con paso firme. Dayzk se acercó a ella para despedirse, también parecía triste.

- ¿Le va a doler mucho, verdad? – preguntó afectado.

- Llorara mucho más que yo – respondió Zurri –. Nunca le había visto llorar así. Bueno, técnicamente aun no le he visto.

- Nadie dijo que fuera fácil, ve tras él. No hay tiempo que perder.

El hombre y la niña se abrazaron. Fue breve pero intenso. Después Dayzk se quedó solo allí. Su mirada se desvió instintivamente hacia una de las espaldas colgadas de la pared. Había llegado el momento.
« última modificación: 05 de Octubre de 2012, 18:15 por ayrendor »


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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Día 7: Tempestad.
« Respuesta #756 en: 06 de Octubre de 2012, 04:21 »

Dayzk se había perdido en el brillo de la espada. Estaba bien afilada, así que tenía mucho cuidado a la hora de pasar el trapo. Pensaba en lo bonito que sería tener un lugar como aquel para él solo. Justo después se decía a si mismo que sabía tanto de espadas como de barcos, y que mejor que cada uno se dedicase a su oficio. El suyo no incluía un cálido establecimiento al que acudir cada día, pero a cambio era algo más emocionante que el trabajo de herrero. Al final siempre se mandaba a si mismo al diablo, se había vuelto una mala costumbre suya eso de ponerse melancólico cuando se enfrentaba a la parte oscura de su vida.

Los tres gatos no anunciaron su llegada. La hembra se movía con gracilidad a pesar de que se bamboleaba por el peso de su vientre hinchado. Los dos machos la escoltaban como auténticos guardianes. Uno de ellos era pardo, escuálido, y algo descuidado al andar. Su compañero era negro y había perdido una oreja en alguna pelea. No eran camaradas, pero se toleraban como si entre ambos hubiera una alianza. Aquella noche era el honor lo que les había llevado allí a petición de Dayzk.

- Buenas noches – les dijo cortés inclinando la cabeza a modo de saludo –. Necesito de vuestra ayuda una vez más. Hicisteis un buen trabajo poniendo el juego en marcha, pero ahora necesito que traigáis los papeles que queden aquí. Quemadlos y tendréis mi gratitud.

Los tres felinos examinaron a Dayzk. Parecían sopesar sus palabras con detenimiento. De todo su plan aquel era el punto más delicado. Si ellos se negaban a colaborar, todo podía irse al garete. Fue la hembra quien le dio el “si” en forma de maullido. O al menos eso quiso creer él mientras la veía alejarse dejando atrás a los machos. En ocasiones como aquella Dayzk vendería su alma por poder entender a los animales.

El gato naranja salió de entre sus ropas de un salto ágil. Sus dos congéneres le observaron con una dosis de curiosidad proporcional al nivel de precaución que demostraban. Ambos notaban que no era realmente como ellos. Pero el parecido era lo suficientemente razonable como para no sentirse amenazados. Cuando estuvo seguro de que le escucharían, Dayzk volvió a hablar.

- En cuanto a vosotros dos, necesito que sigáis a éste donde os lleve. Y que me deis tiempo para solucionar todo este embrollo. Si os veis sobrepasados traedlos hasta mi, pero ganad todo el tiempo que podáis.

Los machos no se dignaron a dedicarle un maullido, o un bufido siquiera. Pero también obedecieron al seguir a la bola peluda naranja fuera de la herrería. Así Dayzk se quedo solo de nuevo durante un tiempo de calma que ya agonizaba.



La tormenta había comenzado a demostrar sus habilidades sobre la ciudad, y la lluvia ya era un manto espeso que dificultaba la visión. Por suerte, no había rayos de por medio. El bosque estaba envuelto en una calma sobrenatural. Desde el más bello animal hasta la más monstruosa alimaña había encontrado un buen refugio para esperar que el temporal pasara de largo. Dayzk lo prefería así. En situaciones como aquella, el total desconocimiento sobre tu oponente siempre juega en tu contra.

Habían pasado aproximadamente tres horas desde que puso en marcha la primera parte del plan. Sabía que los vientos ya habían soplado favorables el suficiente tiempo, y que de un momento a otro tocaría el turno de remar hasta desfallecer si era necesario. De momento ya estaba calado hasta los huesos, así que las olas de la adversidad podían azotarle todo lo que quisieran.

La empapada bola peluda naranja llegó corriendo a toda velocidad a través del claro que Dayzk había elegido para la ocasión. Salto a sus brazos y desapareció entre las ropas de Dayzk. Él no pudo más que desear que se acomodara durante los pocos segundos de tranquilidad que restaban. A lo lejos las tres figuras ya empezaban a dejarse ver, y en poco tiempo entrarían en el claro.

Eran un hombre mayor, una mujer esquelética, y un muchacho imberbe. Un mercenario no les hubiera temido más que a un niño. Sin embargo, el ojo experto de Dayzk podía ver mucho más que un simple soldado de fortuna. El hombre parecía no tener dominio sobre su rostro, y sus músculos faciales habían perdido todo sentido del ritmo y coordinación. Estaba casi dominado pero no del todo. Mientras tanto, la mujer parecía tener un control férreo sobre su persona. Sus ojos eran de piedra, pero no doblegaron el espíritu de Dayzk. El joven era el que estaba más fuera de lugar, había potencial en él pero sin exprimir.

- ¡Hemos venido a por lo que es nuestro! – gritó el hombre para hacerse escuchar sobre la lluvia –. ¡Nadie tiene porque salir dañado de esta situación!

- Lo que buscarais, me temó que ya os ha encontrado a vosotros antes – respondió Dayzk –. En este claro solo encontrareis alivio momentáneo, yo no puedo daros más. Vosotros sois los responsables de vuestros actos.

Las palabras calaron en el trio mucho más lentamente que la lluvia. Dayzk pudo sentir su decepción. Y bajo ella subyacía la ambición que les movía con un solo objetivo. El hombre fue el primero en echar a correr, tras desenfundar una daga oculta en una de sus mangas. Los otros dos le siguieron de cerca. Pronto la mujer tomo ventaja, y más que correr parecía deslizarse por el suelo. Los otros dos le siguieron de cerca, aunque únicamente el fuego de la juventud permitía al pelirrojo joven mantener el ritmo.

Dayzk no se quedó esperando a verlas venir. El gato naranja salió de entre sus ropas mostrando su verdadera naturaleza. Era más grande que cualquier gato normal, y emitía un brillo iridiscente. La lluvia se evaporaba al entrar en contacto con él. En un abrir y cerrar de ojos corrió como una centella al encuentro de los tres enemigos. A medio camino, un ejército gatuno de seres formados por su misma materia, se formó a su alrededor formando una línea de ataque. No eran seres equiparables al compañero de Dayzk, pero eran lo suficientemente numeroso para causar problemas. Él esperaba que aquello fuera suficiente, y no se equivoco.

El primer impacto fue entre el brillante felino y la mujer. Ella no se esperaba la fuerza de la criatura que la dejó sin respiración, ni mucho menos que pudiera aumentar aun más su velocidad. Antes de que se diera cuenta, estaba peleando por quitársela de encima en el suelo. El hombre consiguió zafarse de muchos de los gatos dando golpes a diestro y siniestro, no obstante, acabo sucumbiendo a la fuerza de la multitud. Al final solo quedo el muchacho, demasiado humano como para que el plan de Dayzk hiciera efecto en él. El viajero sintió pena por el chico mientras se acercaba. Había albergado esperanzas de no tener que recurrir a la espada. Ni siquiera le fue difícil. Tan solo necesitó apartarse unos centímetros para esquivar el rudimentario puñal. Tras ese momento de tensión fingida, el ángulo quedó libre para descargar un golpe que cortaría al chico desde la cadera hasta la mandíbula. Lo suficientemente fuerte para llevarse un trozo de  mentón.

Dayzk no se entretuvo con aquella pequeña victoria. Dejó que su oponente abrazara la muerte mientras agua y sangre teñían de rojo la tierra. Hasta aquel punto todo había sido relativamente fácil, ahora venía la parte peliaguda. Comenzó a transmitir la misma energía que dotaba de vida a aquellos seres artificiales a su hoja. El color naranja despertó brillos ocultos en el metal, el cual resplandeció como si estuviera iluminado por el ausente sol.
El hombre se deshizo con facilidad de sus oponentes cuando su número se redujo drásticamente. Se incorporó, y le dedicó a Dayzk una expresión entre la ira y el miedo. Les separaban escasos cinco metros. Aunque hecho a correr para reducir distancias, no fue tan impulsivo como su fallecido compañero. Lanzaba golpes con mayor inteligencia, pero también con mayor descaro. Dayzk se aprovechó de ello tras examinar su patrón. Paró el tercer golpe a su derecha, y fintó un ataque hacia el mismo lado que se convirtió en un tajo lateral por la izquierda al vientre de su enemigo. Donde debió cortar carne, hubo oscuridad. Y donde debió salir sangre, se expulsó luz. El hombre cayó al suelo entre convulsiones. Dayzk solo podía ganar tiempo con aquel, matarlo no era una opción.

La mujer ya había agarrado con decisión al compañero de Dayzk en casi cinco ocasiones. En cada una de ellas, él se había zafado de sus manos asesinas propinando zarpazos. Pero todo tenía un límite, y más pronto que tarde se vio a merced de las enguantadas manos esqueléticas. Afortunadamente, Dayzk ya se había centrado en su último rival. Antes de que la presión fuera inaguantable, el cuerpo felino de luz naranja se desvaneció en el aire. La mujer soltó un grito de furia a la par que se incorporaba. Había perdido el control de su ser. Se lanzó hacia la punta de la espada sin pensarlo, ensartándose a si misma. Dayzk quedó desconcertado cuando las manos se cerraron en torno a su cuello. Ella luchaba por estrangularlo, mientras él traspasaba más y más energía al filo. Fue un pulso de voluntades del que ni Dayzk estuvo seguro de poder salir bien parado. Cuando las manos aflojaron la tensión, respiro doblemente aliviado. Dejo que el cuerpo inconsciente de la mujer se deslizara por la hoja dejando un rastro de luz líquida. El plan había salido a la perfección, y muchas vidas habían sido salvadas. Sin embargo, el primer pensamiento que acudió a su mente fue que compadecía a quien tuviera que enfrentarse a lo que esa mujer iba a ser en un futuro.



La lluvia caía con fuerza cuando regresó a Weddick. El pueblo era una herida supurante, aunque tarde o temprano curaría. Era cierto que próximamente volvería a abrirse, y sería doloroso para todos. Pero hasta la herida más pequeña puede acarrear problemas. Las muertes ocurrirían cuando dejara el lugar, serían algo que acompañaría a Dayzk de por vida.

Los tres gatos le recibieron con mucho más afecto aquella vez. El hombre no quería ni imaginarse como se vería en un espejo. Se sentía horriblemente mal, y estaba seguro de que luciría por la labor. La hembra incluso le lamió los dedos de la mano, así que no se sorprendería si alguien le tomaba por un cadáver. Eso si, no estaba solos. Los gatos habían cumplido su palabra con creces, y por ello Dayzk les estaba sumamente agradecido.

Le hubiera gustado descansar unos minutos, pero trabajar exhausto era otra pega de su trabajo. Emitió casi automáticamente un par de agradecimientos formales a los felinos, y una despedida ceremonial. Después ladró un par de órdenes, y se puso en marcha. Aun tenían que poner un buen trecho entre ellos y Weddick. El juego había terminado, pero la partida real acababa de empezar.



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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Día 7: Tempestad.
« Respuesta #757 en: 06 de Octubre de 2012, 04:29 »
Los ciudadanos (Dartan, Khalanos, Raul, Neobody, iWheatley, Jessi, Cactus, Lance, Calabria, Say, Felixcefiro) pierden.

Dayzk (Idunne) gana la partida.


Los mafiosos (Anothercheese, Minerva, Maxus, Eritea) ganan la partida.



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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Tres días después...
« Respuesta #758 en: 06 de Octubre de 2012, 04:31 »
El ardiente sol del verano les castigaba en su lento avance. Dayzk se preguntaba como los caballos podían soportar llevarles sobre sus lomos. Sería tan fácil deshacerse de las tres personas si se decidieran a encabritarse a la vez, que decidió que lo mejor era dejar el comentario jocoso para otra ocasión. No tenía ni idea de si se podía hacer entender algo a las monturas, pero no quiso arriesgarse.

Weddick ya era un recuerdo que se antojaba lejano. Él había aceptado el olvido casi con gusto. No podía decirse lo mismo de sus recién adquiridos discípulos. Primero les entró el pánico, y luego la curiosidad. Iba a tener que entrenarlos a fondo para quitarles ese hábito de dejarse dominar por el miedo. Solo cuando estuvieron seguros de que no olvidarían del todo el lugar de su infancia, se resignaron a no regresar jamás. Era el precio de irse de Weddick, y Dayzk había decidido mantenerlo en secreto al principio para no ser cuestionado. Bastante era empezar una relación de aprendizaje sintiéndose al borde de desfallecer. Podía aguantar los reproches que fueran después, pero dos críos llenos de vida pueden acabar con uno en la situación adecuada.

Luego había estado el asunto de sus amigos exiliados. Ambos querían verlos al llegar a Edrim. Dayzk se lo había prohibido de pleno por motivos de seguridad. Sin embargo, ambos insistieron mucho con aquel asunto. El tema llegó al punto donde Dayzk abandono la idea de hacerles entrar en razón para empezar a maldecir el momento donde decidió buscar discípulo. Al final, tras prometerles que había altas probabilidades de encontrarse a alguno de ellos en el futuro, ambos cedieron ante la idea de no reunirse con ellos.


A media mañana Dayzk les ordenó detenerse y abrevar a los caballos. Por su parte, él fue a aliviar la vejiga tras un árbol solitario al borde del camino. Mientras desahogaba la presión, encontró una flor curiosa de color carmesí creciendo en el tronco del árbol. La arrancó con sumo cuidado, y se la llevó de vuelta.

- Sim, ¿puedes decirme que flor es esta que tengo aquí? – le dijo al joven rubio.

- Me han tomado desde payaso hasta héroe, maestro – bromeó el chico haciendo gestos exagerados –. Pero creo que sinceramente nadie me había tomado por florista.

- Mala respuesta para un futuro sanador. Dale un capón – ordenó al otro chico.

El otro muchacho obedeció sin rechistar. Sim le miró dolido por la indiferencia con la que había aceptado la petición. Dayzk pensó en lo difícil que iba a ser compaginar ambas personalidades. Le esperaban años de trabajo que ya le hacían sentirse viejo.

- Ahora, tú – le dijo al verdugo –. ¿Cómo engañarías a un lechero que se dirige al Mercado del Norte para que te cediera la mitad de su cargamento para que actúes en el Mercado del Sur? Sin dinero de por medio, por supuesto.

- Le diría que dos compradores rivales están buscando una oferta con la que humillar al otro en puntos opuestos – respondió casi sin titubear –. Le prometería actuar en su nombre a cambio de un porcentaje. Después desaparecería antes de que pudiera encontrarme.

- No esperaba menos de ti, Firox – asintió Dayzk –. Sim, hazme un favor y devuélvele el capón.

El golpe no se hizo esperar. Esta vez fue Firox quien le miraba enfadado.

- ¡¿Pero si he acertado?! – exclamó con rabia.

- Si, pero nosotros no somos timadores. Da igual que sepamos como hacerlo, nuestra respuesta debe ser siempre negativa – sentenció Dayzk –. Bastante superstición hay sobre nosotros, como para ponernos a enriquecer el imaginario popular. Ahora montad, nos queda un largo camino por delante.

Ambos muchachos lo hicieron sin rechistar. Podían ser más duros de mollera que un toro, pero aceptaban las enseñanzas como si fueran esponjas. Y a Dayzk le gustaba aquella dinámica. Incluso creía que podía llegar a acostumbrarse a ella. Definitivamente había empezado a perder la cabeza cuando empezó a buscar aprendiz, y en algún momento se había vuelto loco del todo. Pero si así era, era increíble lo agradable que era la locura.


A mí me gusta mucho la cara de ayr, en plan, "pasaba por aquí, cómo me he metido en este embolao y por qué me acusa, señora". Da para comedia americana.

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Re:Mafia "La Escama de Arraizut" - Tres semanas después...
« Respuesta #759 en: 06 de Octubre de 2012, 04:31 »

 Weddick cosía el último punto de sutura con aquel funeral. Turff había muerto entre horribles sufrimientos y con gritos de dolor inhumanos. Las heridas iban bien hasta hacia cinco días. Los sanadores no se explicaban de donde había salido la serpiente que había acabado con él, ni por donde se había escapado. Era un enigma más que nadie deseaba resolver. El tabernero nunca había sido muy querido, y su taciturna mujer no había abandonado su auto impuesto enclaustramiento para pedir cuentas a nadie. Era un alivio para todos, y de hecho, la idea de derribar la taberna y construir una plaza nueva se extendía con fuerza entre los vecinos. Sobre todo tras que surgiera el rumor de que Anoxa había abandonado el pueblo la semana anterior.

Greyson vivía todo aquello desde la lejanía. Había empezado a olvidar, y las lagunas conquistaban una porción nueva de su mente cada pocas horas. Ya no recordaba el nombre de aquel enigmático hombre que le había ayudado. Y su sobrino era ahora una idea que se convertía en aire al tratar de fijarla. Eso le hacía sentirse ligeramente incómodo, pero le tranquilizaba a la par que entristecía que Evará no pareciera guardar recuerdo alguno de su propio hijo.

El herrero fue el único al que el misterioso incendio en la casa de los Parma no le sorprendió lo más mínimo. Tampoco sintió asombró al ver que los voluntarios encontraron los cuerpos de cada sirviente y ayudante sin piel en el rostro. Sospechaba que Chedd había decidido llevar a cabo todo – y cuando pensaba en todo ni siquiera ya estaba seguro de a que se refería – la noche antes del incendio. Podía imaginárselo matando uno a uno a sus sirvientes y familia. Ni su propio hijo se habría librado. Aunque era incapaz de saber el motivo. Aquella era otra de las ideas que se convertían en humo al intentar agarrarlas.

No tuvo que pasar mucho tiempo más para que el herrero olvidara. Aunque siempre perduro en su interior una idea primitiva. La imagen de un hombre de ojos verdes diciéndole que había hecho lo correcto. Un desconocido que le reconfortaba evocar. Era una imagen casi sobrenatural que le fascinaba y asustaba a partes iguales.



A mí me gusta mucho la cara de ayr, en plan, "pasaba por aquí, cómo me he metido en este embolao y por qué me acusa, señora". Da para comedia americana.

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