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Un sueño de una noche de verano

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Asuka:
En un atardecer de verano, me sucedió algo realmente extraordinario, bueno, no se porque digo sucedió, ya que fue un simple sueño… ¡Sí! Un maravilloso sueño del que no deseaba despertar… – dije mientras ladeaba la cabeza hacia un lado y sonreía añorando aquella aventura – Todo empezó… bueno la verdad es que no sé exactamente donde empezó, pero creo que fue cuando el rey astro tiñó de sangre el cielo y alcé mi mirada para contemplar aquella escena tan melancólica, sí, creo que ese fue el comienzo.

Al bajar la mirada del cielo, me di cuenta de que estaba en una playa desierta, donde no se veía sombra alguna. Me sentía muy confusa ya que no sabía cómo había llegado hasta allí, ni donde estaba, aunque no sé porque me resultaba bastante familiar. Que creo que esa fue una de las razones por las que no me sentí asustada, pero teniendo la personalidad que tengo y siendo como soy, incapaz de tranquilizarme, intente recordar en vano los últimos acontecimientos de mi vida antes de llegar hasta allí, ya que cuanto más lo intentaba menos lo conseguía, y de alguna manera mi memoria empezó a desvanecerse y yo, sin darme cuenta ni poder hacer nada por evitarlo, cada vez olvidaba más cosas. Llegó un momento en el que me pregunté mi nombre pero mi mente estaba en blanco y no supe contestar una pregunta tan simple como aquella. No recordaba nada, absolutamente nada. Entonces deje de perder el tiempo intentando averiguar dónde estaba y quién era, ya que por más que intentaba nada pasaba, y decidí ir en busca de alguien que me conociera y me ayudara a recuperar mi memoria.

Comencé mi búsqueda caminando por la orilla de aquella extraña playa para no perderme, al menos más de lo que ya estaba, y tener localizada la situación de la playa, para preguntar más tarde sobre ella. Camine horas y horas, empecé a tener hambre y el viento cada vez soplaba más fuerte pero seguí caminando con esperanza de encontrar ayuda, pero nada… Cuanto más caminaba, más hambre tenia y el agotamiento y cansancio en mis piernas apenas me permitía seguir. Decidí sentarme y descansar tan sólo un poco para continuar la búsqueda lo mas pronto posible, mi estómago rugía furioso. De repente al sentarme y mirar alrededor, conseguí ver una sombra a lo lejos, “anda una sombra” me dije en voz alta, aunque lo que realmente pensaba era algo completamente distinto… algo como un espejismo, un fantasma, una alma errante… empecé a asustarme a mi misma y no pude evitar pegar un gran grito, la sombra se movió, deje de lado mis pensamientos y poco a poco me acerque para descubrir la realidad y dejar de lado mi imaginación. Cuando pude distinguir la imagen vi un chico, un apuesto chico que me estaba clavando sus pupilas como yo estaba haciendo con él, mostraba una expresión fría aunque no se apreciaba bien, porque llevaba unas gafas de sol negras que le tapaba el rostro y ocultaban unos ojos negros rasgados. En su oreja se podía ver un llamativo pendiente rojo, que mas que un pendiente parecía una gota de sangre, pero lo que mas me impresionó fue su cabellera rojo, rojo intenso. De repente una voz inquietante me obligo a parar mi reflexión y volver a la realidad.

- ¿Qué haces aquí? – me preguntó mirándome fijamente. Parecía que intentaba asfixiarme con sólo su mirada.
- No te incumbe, para ser tan guapo eres muy borde  – le contesté sin pensar y de la misma manera que él lo había hecho, sin olvidarme de mi situación actual. Estaba muy disgustada con su pregunta y la poca sutileza que mostraba.
- Vale. Adiós – me dijo sin inmutarse mientras se disponía a irse.

Me cruce en su camino impidiéndole el paso y en un instante pase de la mirada desafiante a un rostro de sumisión.

- ¿Por favor, me podría indicar mi situación geográfica actual? – le pregunté, sintiendo un momentáneo pero pronunciado mareo.
- No – respondió fríamente.
   - ¿Por qué no? – pregunte nuevamente conteniendo mi disgusto.

No me contestó y me bordeó para seguir con su camino. Me interpuse delante suya otra vez.

- ¿No podrías al menos decirme donde pasar la noche? – le pregunte otra vez, tragándome el orgullo y esperando otra respuesta ruda.
- No – contesto sin inmutarse y esta vez tan siquiera se molesto en mirarme.

Me esquivó otra vez y siguió con su camino. Yo sin poder contenerme más grite con todas mis fuerzas:

- ¡Pero quien te has creído que eres! ¡Si no fueras el único ser viviente que he visto desde hace más de medio día, ni me molestaría en hablar…te!

En ese instante me desmaye… tal vez sea porque no comí en todo el día o porque estaba muy cansada… ¿Quien sabe? Pudo haber tantas razones… aunque la que más me convence es que fuera una decisión del destino, pero en aquel momento no pensaba así.

Mientras estaba inconsciente, sentía como si alguien me estuviera cogiendo en brazos con mucho cuidado como si lo que llevara en sus manos fuera algo muy frágil que podía romperse en cualquier momento. Cuando me quise dar cuenta y me desperté no quedaba rastro de esa sensación… pensé que fue una ilusión o quizás fuera un sueño pero antes de preocuparme por eso tenia otro problema mas importante que resolver, el lugar en el que estaba. Parecía una cabaña o mejor dicho una masía, “¿¡Pero que es lo que me esta pasando!?” Me preguntaba,  “ya que de estar en una playa desierta a estar en una vieja masía así porque sí es bastante extraño. ¿Me habrá traído aquel chico?”. De repente escuche unos pasos que se acercaban hacia la habitación en donde estaba, alguien abrió la puerta, por un instante esperé que fuese él, pero fue una chica la que entró aceleradamente con un vaso de leche y unas galletas en una bandeja, que dejó encima de la mesa y se fue por donde vino tan rápido que no me dio tiempo a preguntarle mis dudas.

Tenía hambre ya que no había comido nada desde aquella mañana y al parecer llevaba bastante tiempo inconsciente. Sin dudar cogí las galletas y me las acabe y luego cerrando los ojos y aguantado la respiración me bebí toda la leche de un trago, ya que odie desde siempre la leche… Me empezaron a entrar arcadas y la poca comida que tomé la eche a perder, después de ello me intenté incorporar para salir de la habitación. Conforme me acerque a la puerta noté un molesto aroma que me resultaba vagamente familiar y alcancé a oír los pasos acelerados de alguien, posiblemente la chica de antes. Al instante vi el salón de la masía ensangrentado, tal vez fueron unos pocos segundos pero no olvidaré la imagen de múltiples cadáveres alrededor, la mayoría en grotescas posturas fingiendo un día normal de aquella estancia. Entonces apareció casi a mi lado el chico de antes, el chico que estaba en la playa. No lo vi bien pero su cabello y sus pendientes eran inconfundibles. Me estiró de un brazo y salimos corriendo de allí pasando al lado de una mesa, donde algún enfermo había colocado el cuerpo desangrado de un señor, que con una espantosa mueca y la cabeza bruscamente ladeada a causa de su propio peso, sujetaba una taza con su mano inerte. No miré atrás, pero escuché nuevamente más pasos dentro de aquella casa del horror y seguidamente un espeluznante y desgarrador grito. Al parecer aún quedaba gente allí. No había dado ni diez pasos cuando las piernas empezaron a fallarme, intente gritar... pero por una extraña razón no pude hacerlo, pero él, cargándome sobre su espalda echó a correr y me hablo como si supiera muy bien lo que quería preguntar.

-   Deja de perder el tiempo, lo que comiste estaba envenenado– dijo en voz baja sin dejar de correr.

¿Quién es el? ¿Cómo sabe que las galletas estaban envenenadas? ¿De verdad hay veneno corriendo por mi cuerpo?... innumerables preguntas pasaban por mi mente. Y además aquella visión del salón...

-   Est... estaban muertos. Tu me abandonaste en la playa –  conseguí pronunciar con bastante dificultad. Me aterraba pensar que había estado cerca de convertirme en uno más y sentía miedo, ganas de llorar, y cientos de sensaciones más todas incoherentes, pero ninguna conseguía sobresalir ante las demás.
-   Deja de comportarte como una estúpida – dijo mientras de reojo me echaba otra de sus típicas miradas.

Descontenta de esa contestación, abrí mi boca y le mordí en un hombro, era menos dificultoso en ese estado que intentar discutir, este mostró en su gélido rostro una expresión de dolor… aunque fue en un instante  pero noté una parte cálida en él. Minutos mas tarde tres hombres armados nos dieron alcance. Sus vestiduras teñidas de rojo dejaban claro que no eran amigables, uno llevaba un cuchillo corto, el otro una hacha y el último llevaba una enorme maza

El chico no podía huir cargando conmigo, y cuando me dejó en el suelo por un momento temí que me fuese a abandonar allí, sin embargo una fugaz mirada consiguió tranquilizarme, se preparaba para plantarles cara. El problema es que ellos eran tres, y él iba desarmado, o eso parecía en un principio. El tipo del cuchillo se lanzó a por el pelirrojo. Fue un ataque directo y rápido a la cabeza, al menos para mi fue rápido, pero él en cambio consiguió esquivarlo agachándose y desde esa posición lanzó un puñetazo al estómago del atacante que dolorido perdió su fuerza. El chico de los pendientes le quitó el cuchillo y lo estrenó con su anterior dueño, q calló al suelo agonizante.

El hombre de la maza vino hacia mí, intenté moverme, pero el efecto del veneno, aunque en menor medida, seguía actuando en mi cuerpo y estaba completamente indefensa. El hombre alzó la maza sobre su cabeza mientras yo intentaba huir poco antes de que un cuchillo se clavase en su brazo para seguidamente ser el siguiente en recibir uno de los potentes puñetazos del joven.

El tercer guerrero, viendo la suerte que habían corrido sus compañeros salió corriendo de allí siendo ahora él quien rezaba por su vida. El joven intentó ir detrás suya, pero yo le cogí de una mano para evitar que se fuese.

-   Es peligroso, no vayas – le dije
-   Es un asesino, y mi deber es cazarlos. Estaré bien
-   No quiero que me dejes sola – añadí
-   Ponte esto – me dijo tras dudar un momento, y quitándose uno de sus pendientes rojos como la sangre me lo dio.

Yo miré al pendiente y luego a él y le sonreí. Rápidamente me lo puse y le di un beso en la mejilla. Recuerdo que se sonrojo, y después creo que algo me golpeó en la cabeza.

Cuando me desperté ya era de día… vino mi madre corriendo a despertarme para que fuese a comer. Había sido un sueño bastante raro, un poco confuso, como una pesadilla, pero mejoraba al final. Así que me levanté, me duché y cuando me retocaba delante del espejo vi que en mi oreja llevaba un pendiente… un pendiente rojo, como la sangre.

PD: lo escribí para un concurso, pero como me quedo mal pues no lo entregue u.u

Darxen:
¿Ese título no es de una obra de Shakespeare?

Asuka:
¿Enserio? Puse el título porque el suceso ocurre en verano y es un sueño, quedaba mejor poner Un sueño de una noche de verano a Un sueño de verano >.< XD era más por estética.

Gilles:
http://es.wikipedia.org/wiki/El_sue%C3%B1o_de_una_noche_de_verano

Asuka:
Vale, captado. Título copiado. Pues ya lo cambiaré más adelante, si alguien tiene una sugerencia que la diga^^

PD: solo falta que coincidan en el argumento también.

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