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Comunidad CientoSeis => Literatura => Proyecto Bardha => Mensaje iniciado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:27

Título: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:27
22.04.2009, 23:59

Proyecto Bardha: Ubura by Wind_Master (http://'index.php?page=Thread&threadID=999663') is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License (http://'http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/').

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Cosmogonía 0: "El Principio"



Caos, el Padre, dominaba la Nada.
Orden, la Madre, gobernaba el Todo.

Esto fue así por eones.

Pero un día, la naturaleza oscura de Caos lo llevó a intentar apoderarse de la otra mitad de realidad también. Por supuesto, Orden no lo permitió, y sus voluntades chocaron con gran estruendo. Tal fue la magnitud de este choque, que la la Nada y el Todo fueron engullidos por la vorágine de fuego que se produjo. En el ojo de este tornado impetuoso se encontraban Padre y Madre, luchando. Entonces, sucedió una cosa que no debería de haber sucedido; ambos se tocaron. Eso es, se tocaron, entraron en contacto. Sus dos esencias se fundieron y, durante un ínfimo instante, se unieron en un sólo ser.

Pero esta unión iba en contra de la Ley Primordial, por lo que fueron repelidos con la fuerza de una titánica explosión. Este estallido fue tan tremendo, que fragmentó sus esencias y las extendió más allá del tiempo y del espacio.

Pasaron muchos eones más cuando el polvo estelar procedente de ambos comenzó a arremolinarse y se fue juntando poco a poco, mota a mota, dando lugar al Multiverso, compuesto a partes iguales por Orden y Caos en un frágil equilibrio.
Y toda la materia existente conserva aún esta proporción.

No obstante, durante aquella colosal separación, un diminuto trozo de Caos puro, incorrupto por la cancerosa presencia de su opuesto, salió despedido y se perdió entre los pliegues infinitos de la Creación. Flotó a la deriva durante incontable tiempo, hasta que por fin dio con un plano que aún estaba gestándose, y cayó sobre él. Su maligna naturaleza corrompió el plano por completo, y lo deformó con su impía aura.

Pasaron incontables años, hasta que la fragmentada conciencia de Padre comenzó a despertar. Pero con el sonido de la explosión todavía resonando como un eco pasado, se dio cuenta de que aunque todos aquellos fragmentos formaban parte de sí mismo, habían adquirido una conciencia primitiva de individualidad.

Padre lanzó una llamada a sus miles de hijos, pero estos todavía no podían escucharlo.

Algunos de estos vástagos, que no eran más que jirones de niebla entre la niebla, se sintieron pronto hambrientos. Y así, estas voraces conciencias devoraron con avidez a sus hermanos más débiles, intentando saciar un horrible hueco dejado por algo sucedido milenios antes.

Unos pocos devoraron a tantos de sus hermanos, que alcanzaron otro estado de existencia. Una más concreta, más corporea. Y, aprovechando esta nueva condición, continuaron consumiendo a los demás. Pero pronto se dieron cuenta que estás ya no les saciaban de la misma manera, así que las nuevas criaturas se buscaron entre ellas por todo el plano, y lucharon por su supervivencia.

Finalmente, sólo tres de las conciencias iniciales llegaron hasta la última forma. Una forma tan poderosa, que habían acordado no luchar entre ellas para no poner en peligro su plano natal, Nahmia, al que amaban profundamente, y odiaban en la misma medida.

Después de pasar tanto tiempo gritando, estas tres aberraciones por fin oyeron la llamada de Padre.

"Cuando el último de los mundos sucumba a mi esencia y sea tragado por la oscuridad, volveremos a ser uno, tal y como anheláis."


Haciendo caso a sus instrucciones, los vástagos abandonaron Nahmia y se repartieron por la Creación, llevando consigo el caótico mensaje de su progenitor con un único propósito.


Todos los presentes se quedaron mirando al hombre que acababa de levantarse de su asiento y había recitado lo siguiente.
Algunos lo contemplaron estupefactos, otros burlones, pero todos lo miraron aterrados cuando una sustancia viscosa, parecida a una porción de sombra con vida propia, se extendió por su cuerpo a una velocidad vertiginosa y lo convirtió en la horrible criatura que ellos conocían como yune.



PD: Bueno, aquí está la primera parte de la cosmogonía de mi raza de sombras, cuyo nombre está aún por determinar. Se aceptan sugerencias y críticas, por supuesto.
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:29
23.04.2009, 01:21

Vaya, tienes el papel d elos chungos.

Está bien, y se lee fácil. Buena ^^

[Psyro]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:30
23.04.2009, 09:36

Como dice psyro, son los chungos.

Es muy interesante, aunque breve. Supongo que irás posteando más, pero desde ya te pregunto, ¿son los yune Altos Señores del Caos?

[Master Ageof]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:30
23.04.2009, 09:58

Pues un buen comienzo. A ver si pones la siguiente parte de la cosmogonía :D

[Thylzos]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:30
23.04.2009, 12:01

No, Master, los yunes vendrían a ser un híbrido de cualquier raza con la menor de la criaturas sombrías, que son tan débiles que necesitan un huésped para poder luchar.

[Wind_Master]

Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:31
23.04.2009, 18:08

De momento no se puede decir mucho, pero tengo una ligera queja:

    Cita
    Escrito originalmente por Wind_Master
    Pero un día, la naturaleza oscura de Caos lo llevó a intentar apoderarse de la otra mitad de realidad también. Por supuesto, Orden no lo permitió, y sus voluntades chocaron con gran estruendo. Tal fue la magnitud de este choque, que la la Nada y el Todo fueron engullidos por la vorágine de fuego que se produjo. En el ojo de este tornado impetuoso se encontraban Padre y Madre, luchando. Entonces, sucedió una cosa que no debería de haber sucedido; ambos se tocaron. Eso es, se tocaron, entraron en contacto. Sus dos esencias se fundieron y, durante un ínfimo instante, se unieron en un sólo ser.

    Pero esta unión iba en contra de la Ley Primordial, por lo que fueron repelidos con la fuerza de una titánica explosión. Este estallido fue tan tremendo, que fragmentó sus esencias y las extendió más allá del tiempo y del espacio.

    Pasaron muchos eones más cuando el polvo estelar procedente de ambos comenzó a arremolinarse y se fue juntando poco a poco, mota a mota, dando lugar al Multiverso, compuesto a partes iguales por Orden y Caos en un frágil equilibrio.
    Y toda la materia existente conserva aún esta proporción.



Me recuerda mucho a la leyenda de la creación de Memorias de Idhún, salvo que en estas se llaman Um y Ema. También se encuentran, pelan y revientan en el Big Bang. No se a lo mejor es coincidencia pero bueno yo lo digo...

[epi.el.anonimo]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:32
23.04.2009, 20:03

Que me parta un rayo si sé que son las "Memorias de Idhún".

[Wind_Master]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:32
23.04.2009, 20:45

Es una trilogía escrita por Laura Gallego García, es buena, aunque un tanto infantil y a veces muy rara (es más, uno de los malos malísmos que al final se hace bueno es un cantante famoso que hace conciertos etc.etc., eso me chocó un poco :D), pero aún así te la recomiendo, es entretenida ;)

Saludos y perdon por desvirtuar...

[Riddick II]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:36
23.04.2009, 22:31

Cosmogonía I: "Las Lágrimas Negras"



Cosmogonía I: "Las Lágrimas Negras"



El joven bibliotecario recorrió con sigilo las estanterías repletas de ejemplares polvorientos mientras sostenía un candil. Sus manos pasaron por encima de varios tomos, pero no se detuvieron.

Hacía un par de días, mientras colocaba de nuevo en su sitio unos libros, había tirado un volumen. Daba la sensación de que se había caído al suelo solo, pues el muchacho apenas lo había rozado, pero aquello era una soberana estupidez. Sea como fuere, este se había abierto y había dejado al descubierto un extraño dibujo; parecía un hombre, salvo por una gran cabeza astada y carente de rasgos. A su pies se concentraban unas inquietantes criaturas negras, cuyos pequeños y maléficos ojos le habían hecho sentir escalofríos.

Lo había recogido, y había mirado su cubierta. Esta estaba tan deteriorada que no pudo distinguir las palabras escritas en ella. Tampoco lo reconoció por su lomo, a pesar de que se jactaba de su brillante memoria. Lleno de curiosidad, lo abrió por el principio y comenzó a leerlo con cierta dificultad, ya que estaba escrito en lengua antigua. Mas no tuvo tiempo de satisfacerla, ya que su maestro lo había llamado y se acercaba hacia él con paso decidido.
- ¡Muchacho! - Gritó nada más verlo. - ¿Dónde te habías metido?
- Lo siento, señor. - Dijo mientras intentaba esconder aquel hallazgo detrás suya. - Estaba ordenando.
- ¿Qué llevas ahí? - Preguntó mientras sus oscuros ojos se clavaban en el muchacho.
- Aquí, pues . . . un libro. Estaba en el sitio equivocado. - Mintió.

El anciano guardó silencio durante unos segundos, como sopesando la verdad de aquella afirmación.
- Déjalo en su sitio y sígueme, tienes cosas más importantes que hacer. - Ordenó y se dio la vuelta.

Ahora, buscaba ese libro de nuevo, pues había pasado tanto miedo cuando su maestro lo había descubierto que no recordaba con claridad donde lo había puesto. Quizás aquella incertidumbre se debía también a la construcción de la biblioteca, que hacía fácil confundir unos pasillos con otros, y unas estanterías con las demás.

Continuó vagando inmerso en aquel silencio, mientras iluminaba discretamente. Un par de veces tuvo que volver sobre sus pasos y continuar en otra dirección, pues se había equivocado. De repente, se paró en seco. Alargó la mano hasta un ejemplar y lo retiró; justo detrás se encontraba el viejo tomo que llevaba cerca de una hora buscando. Se sentó en el mismo suelo con las piernas cruzadas.

"Lloró Mela, y también el astro rey, pues habían nacido las Tres Lágrimas Negras. Guiadas, pues, por el eco de su progenitor, habían viajado por la Creación devorando los mundos a su antojo. " Leyó.

Pasó una página y se encontró con otro de aquellos inquietantes dibujos. Esta vez se trataba de una criatura parecida a una serpiente, o quizás a un gusano gigante, que se regodeaba en su propia mugre. Como la vez anterior, decenas de seres de ojos pequeños acechaban. El chico se fijó en una nota al pie de la ilustración, que rezaba algo así como "Naghassiraz, la Matriarca".

Otro escalofrío recorrió al chiquillo, y entonces tuvo la certeza de que no debía estar allí leyendo herejías escritas por una mente enloquecida. Es más, estaba seguro de que si su mentor lo descubría en medio de la noche, sosteniendo un tomo que debería ser lectura prohibida para él, las consecuencias serían graves. Así pues, se levantó y dejó el volumen en el mismo sitio, escondido detrás del otro, lejos de miradas casuales. Se retiró a su habitación y se acostó tratando de no hacer el más mínimo ruido, pues descansaba pared con pared con el anciano.

A la mañana siguiente se despertó bañado en un sudor frío, producto de una pesadilla realmente vivida. Apenas recordaba nada de ella, como suele pasar, pero estaba seguro que unas criaturas de coloración tan oscura como las sombras, y de ojos blanquecinos habían aparecido en ella.
Su sabio maestro pareció percatarse de su confusión puesto que nada más verlo dijo:
- Tienes mala cara, niño. ¿Has dormido bien?
- No tan bien como me hubiera gustado, señor. - Dijo, eludiendo su mirada.
- Seguro que otra vez te has vuelto a dormir tarde leyendo fantasías de esas. - Aventuró con voz áspera.


Durante todo el día no pudo quitarse de la cabeza lo acontecido la noche anterior, por lo que estuvo distraído y eso le reportó varias reprimendas. Finalmente, sobrevino el ocaso, y ambos se retiraron a sus aposentos. El muchacho se acostó pronto e intentó alejar de sus pensamientos aquellos dibujos y palabrejas infames, pero por alguna razón no pudo. Desaparecían un instante, y volvían a aparecer con renovada fuerza al filo de su mente; cuando menos se lo esperaba, se encontraba con que estaba pensando en ellas de nuevo.
Dio tantas vueltas en la cama sin conciliar el sueño, y sintió tanta rabia, que se levantó de improviso y salió del cuarto. Armado con un candil, se aventuró de nuevo por los pasillos laberínticos. Esta vez, tardó mucho menos tiempo en encontrar a su torturador.

"Y de su útero corrupto nacieron las criaturas Huine, los Hijos de las Sombras, como son conocidas en Bardha.

Son tan oscuras, que aclarecen a la misma noche; lo único que desentona con lo demás son sus pequeños ojos blancos, que brillan con la locura del Caos. Se mueven en absoluto silencio, y se cuelan a través de las rendijas de las puertas y los resquicios de las ventanas. [...]

Sólo los más valientes entre los valientes pueden hacerles frente, pues su presencia causa tal pavor entre las gentes sencillas, que sus corazones dejan de latir, abrumados por el miedo."

Y, abrumado por el miedo, el chico dejó el libro en el mismo lugar, y huyó corriendo.


- De nuevo te has acostado tarde, ¿no es cierto? - Inquirió. Su pupilo no respondió, sino que se rascó los legañosos ojos. - Muy bien.

Su maestro se aseguró de encargarle las tareas más duras y de no dejarle un momento para que recuperara el aliento. De esa forma, cuando acabara la jornada, caería redondo en su cama. Pero resultó que su aprendiz no estaba tan cansado como parecía, pues volvió a salir en mitad de la noche y se internó en la biblioteca de manera furtiva. Tomó el volumen y abrió con ansiedad sus páginas. Una figura alta y esbelta, de porte casi humano, lo saludaba desde el papel. Su lengua bífida, cual serpiente, lamía uno de sus labios.

Aquel era Shulzuth, el Embaucador. El autor del libro macabro decía que fue el segundo en nacer, y que era el responsable de las batallas y los rencores del mundo, pues con su lengua y sus palabras, envenenaba la mente de los mortales y los manipulaba a su antojo.
El chico volvió a mirar el dibujo, y aquello se le antojó tan verdadero como el frió y duro suelo de piedra en el que estaba sentado.

De repente, oyó un ruido. Asustado, escondió su tesoro y salió corriendo con el corazón retumbando en sus oídos.


La noche anterior había tenido la mala suerte de haber tropezado con uno de los escritorios donde los copistas hacían su aburrido trabajo, por lo que su sagaz pupilo había huido y no había podido cogerlo con las manos en la masa. Pero esta noche era diferente; se encontraba agazapado tras una de las estanterías, por lo que cuando su aprendiz irrumpiera en mitad de la noche, lo seguiría y vería con sus propios ojos qué era lo que estaba haciendo. Y si estaba leyendo uno de aquellos ignominiosos libros . . .

Hubo un crujido, y la pesada puerta de madera se apartó a un lado. Una figura delgada cruzó el umbral, y dejó la puerta entornada con cuidado. La luz de la llama bailó cuando este salió corrió con paso decidido. Dobló una esquina y se dirigió con rapidez a la parte más alejada de la estancia. Su maestro maldijo y echó a andar con muchísimo cuidado de no derribar ningún taburete ni de rozar con la túnica ningún libro. Avanzó con paso lento, pero seguro de que esta vez no se le escaparía.


Ch’taren, la más joven de las Lágrimas Negras, lucía un aspecto lujurioso fruto de la mente perversa del artista. De los tres dioses del panteón oscuro, ella era sin duda la más agraciada. Unas sedas translúcidas apenas cubrían su cuerpo de ébano, sobre el que caía una cabellera tan negra como una noche sin luna. El texto que acompañaba a la representación decía que había sido rechazada por sus hermanos, pues parecía no tener ninguna habilidad en especial. Humillada, desapareció durante incontables años. Cuando regresó junto a ellos, no sólo había aprendido magia, sino que había desarrollado un talento con el que podía controlar a todos y cada uno de los demás elementos.

Lo llamó Éter, y les demostró cuán grande era su poder. Decenas de mundos se rindieron a sus pies, mientras ella esbozaba una sonrisa.

Justo cuando fue a pasar la página, reparó en una pequeña mancha en la esquina de la hoja. Pasó el dedo, pero esta no desapareció. Molesto, rascó y rascó, hasta que por fin se perdió de vista. Continuó leyendo hasta que sintió algo extraño. Cuando se miró la mano, comprobó con horror como esta era de un negro nocturno. Dejó caer el libro y se puso de pie.


El maestro escuchó un grito angustioso, por lo que dejó su cómica posición de sigilo y salió corriendo hacia su procedencia. Cruzó un par de esquinas a la carrera y por fin llegó hasta donde se encontraba su alumno. El problema, era que su alumno no estaba allí. Lo único que había allí era la lámpara cuya luz había seguido y un tomo en el suelo.

Pensó que aquella podía haber sido una estratagema de su pupilo para escapar sin que este lo sorprendiera pero, de repente, tuvo un mal presentimiento. Se giró y se encontró con una criatura que hubiera podido pasar por una simple sombra, mirándolo con unos ojos que desprendían una malicia inhumana.

Su corazón ya había dejado de latir cuando sus garras se cerraron sobre su cuerpo inerte y lo destrozaron sin compasión.

Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:37
25.04.2009, 15:26

Está muy bien. La descripción de las criaturas me recuerda a Lovecraft.

Sigue un poco más e intentaré hacer una crítica Alastoriana.

[Master Ageof]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:37
26.04.2009, 17:11

Cosmogonía II: "El Pacto"




Cosmogonía II: "El Pacto"



Altan vio como su bello y próspero reino era asediado por los que hasta ahora eran sus aliados, que se habían vuelto contra él movidos por la envidia. Pero Altaria era la fortaleza por antonomasia, así que los guerreros se estrellaron contra sus muros como olas que chocan contra una roca. No obstante, aquellas arremetidas parecían no tener fin, y por cada hombre aplastado contra la inexpugnable, otro parecía ocupar su lugar.

Pero, como suele pasar, con el paso de los años sus enemigos ingeniaron nuevas máquinas de guerra con las que sobrepasar las defensas, y domaron a bestias que podían echarlas abajo con su brutal fuerza. Poco a poco, sus rivales fueron mermando las ya mermadas defensas, y se colaron en la ciudadela. Aquella fue la peor época, ya que sus gentes corrían atrapadas entre las espadas propias y las enemigas, mientras morían en la calles o cosas aún peores.

Los soldados altarianos defendieron con valor y ferocidad su tierra, pero estas dos cualidades no bastaban, y fueron masacrados por la propia superioridad numérica de los asaltantes. Desesperado, Altan imploró a los Dioses misericordia, pues no imaginaba mayor deshonra para su linaje que el ver arder su reino desde la balconada de sus aposentos.

Pero nadie contestó.

Los invasores llegaron hasta las mismísimas puertas del trono, y el monarca lo vio todo perdido. Llorando, señaló al cielo y maldijo a los Dioses que le habían dado la espalda, mas, justo cuando ya no había esperanza, los guerreros se retiraron. Confuso, el rey abandonó su fortaleza medio derruida, y cruzó las calles atestadas de cadáveres putrefactos. Caminó hasta las mismas murallas y lo que vio le provocó una gran satisfacción. A lo lejos, los asesinos se mataban entre ellos.
Pero para el corazón compungido de Altan aquello no era suficiente, y un sentimiento de rabia surgió desde sus entrañas, le subió por la garganta quemándole como pura bilis y escapó en forma de grito iracundo; clamaba justicia por sus hombres, por sus tierras, y por su honor.

- ¿Ansías venganza? - Preguntó con una extraña voz a su lado. Sobresaltado, se giró con la mano ya en la empuñadura, dispuesto a abrir en canal al desgraciado. Pero, para su sorpresa, no se encontró con un hombre de armas, sino con una figura delicada que se ocultaba tras una capucha. - Tu reino está arruinado, ¿no reclamas venganza?

Altan abrió la boca para contestar, pero su interlocutor fue más rápido.
- No importa quién sea yo. - Dijo, como leyendo su pensamiento. - Puedo proporcionártela.
- ¿Qué pides a cambio? - Inquirió por fin él.
- ¿A cambio? - Repitió la figura. - Nada, o por lo menos nada que no puedas darme.

Dicho esto, la figura echó a andar de vuelta a la ciudadela. Intrigado, el hombre la siguió. Una vez llegó a lo que antes había sido una plaza preciosa, con una fuente de agua cristalina en su centro, de donde ahora sólo manaba sangre, elevó los brazos. Una súbita ráfaga de viento lo azotó y le enmarañó los cabellos. Altan se llevó las manos a la cara y los retiró, pero al hacerlo, dio un chillido; allí, delante suya, unas criaturas que parecían haber surgido de las propias sombras se alzaban y los contemplaban en un mortuorio silencio.

Eran de un negro tan intenso como él nunca antes había visto, y poseían unos pequeños ojos blanquecinos que ardían con un fuego enloquecedor. El monarca dio un paso hacia atrás, aterrado.
- He aquí tu ejército. - Y señaló a las criaturas huine. Altan pareció recomponerse y se acercó un poco a su anónimo aliado.
- No son suficientes. - Dijo, mirando a la veintena de seres.
- No hacen falta más. - Aseguró la figura y se acercó a uno de ellos. Elevó una mano hacia el más cercano, y este se agitó con su caricia, como lo haría una mascota. Altan, un poco más confiado, se acercó a ellos y de repente, el miedo que le inspiraban se convirtió en gozo, ya que aquel sería el mismo miedo que les inspirarían a sus enemigos.
- Perfecto. - Asintió, y una sonrisa se dibujó en su mancillado y viejo rostro. - Adelante.

Haciendo caso a la orden, los seres avanzaron como flotando por las calles, en el mismo silencio absoluto con el que habían esperado. Salieron de la fortaleza, y se perdieron en el horizonte, que ardía anaranjado producto de la puesta de sol.


Pasaron los días, y desde su balconada, Altan contempló la muerte de todos aquellos traidores a manos de las sombras, que realizaban su trabajo con una eficiencia pavorosa. Y, durante todo este tiempo, la figura embozada no se había apartado de él. Le seguía, y respondía si él le preguntaba, pero no comía ni bebía, ni parecía dormir. En otras circunstancias, el rey hubiera desconfiado, pero en su corazón sólo había sitio para la venganza. Cegado estaba.

Finalmente, una noche tan oscura que apenas se veía nada más allá de la débil luz de las antorchas, los siervos regresaron. Altan los contempló con satisfacción desde lo alto de las largas escaleras aterciopeladas. Su compañero se acercó a uno de ellos y regresó con noticias.
- Todos tus enemigos han muerto. - Anunció. - Sus cuerpos yacen en las llanuras, y en los bosques, donde mis vástagos les han arrebatado la vida.
- ¿Qué hay de sus reinos? ¿Qué hay de sus habitantes? - Preguntó, furioso.
- ¿Acaso queréis su total destrucción? - Preguntó al cabo de unos instantes.
- Sólo quiero provocarles el mismo daño irreparable que ellos me han hecho a mí. - Sentenció.
- Que así sea. - Respondió.

Y así, su compañero le enseñó algo a lo que llamó "magia", y resultó ser que Altan era un aprendiz muy habilidoso. Pronto, dominó la furia del Fuego, la rapidez del Viento, la fortaleza de la Tierra, y la fluidez del Agua. No obstante, aquello no fue suficiente para saciar su sed de venganza.

La figura, sorprendida por sus progresos, decidió concederle "el don", y el monarca rió, pues los dones sólo podían darlos los Dioses que le habían abandonado. No obstante, algo de cierto había en sus palabras, ya que aquel don al que llamaba Éter le había conferido tal maestría en los demás elementos, que ahora podía manipularlos a su antojo, de una forma mucho más intensa y destructiva de lo que lo había hecho hasta ahora.

Contento por fin, salió de su bastión y caminó hasta la llanura donde descansaban los restos de aquellos que habían sido lo suficientemente estúpidos como para enfrentarse a él. Acompañado por su inseparable aliado, Altan desató una furia incontrolable.
Los océanos se agitaron, e inmensas olas golpearon las costas y hundieron navíos. Los vientos soplaron huracanados y arrancaron árboles y casas de cuajo. La tierra tembló como nunca antes lo había hecho y se separó, tragándose ciudades enteras. Los volcanes entraron en erupción y gigantescas lenguas de fuego rociaron el suelo, carbonizando a toda criatura viviente, mientras densas columnas de humo negro y venenoso asfixiaban a los demás.

Todo fue un Caos, y en medio de él se encontraba el rey sin reino.
- Perfecto. - Dijo, y cerró los ojos con satisfacción. - Ahora sentís lo mismo que yo siento.

Y agitó las manos, pero aquellos fenómenos no se detuvieron. Consternado, se giró hacia su maestro.
- ¿Qué ocurre? - Preguntó. - ¡No puedo pararlo!

La figura dejó entonces caer su capa hacia atrás, y Altan descubrió con sorpresa que su aliado no era ni más ni menos que una bella mujer de piel oscura, casi tan negra como las criaturas-sombra.
- ¿Quién eres? - Farfulló. - ¿Qué eres?

Las gélidas carcajadas que soltó se le clavaron como puñales en el pecho.
- Pobre idiota, ignorante de tus propios límites. - Exclamó. - ¿No querías venganza? Pues aquí la tienes.

Altan la miró con desprecio, y entonces comprendió que había sido engañado. Elevó una mano, dispuesto a acabar con ella, pero se produjo un destello y salió despedido hacia atrás con fuerza. Cayó al suelo y se encogió de dolor.
- ¿Acaso crees que puedes dañar a un Dios? - Se mofó. El hombre abrió mucho los ojos y separó los labios, pero no escapó ningún sonido de ellos.

Un par de charcos negros surgieron a cada lado del ser, y borbotearon. Cuando la neblina se disipó, el hombre contempló a dos figuras encapuchadas.
- Ya está, hermana. - Dijo la voz armónica de uno de ellos. - ¿Qué hacemos con él?

La mujer de ébano se acercó hasta Altan, que se encontraba agazapado cual animal, muerto de miedo.
- Ha llegado la hora de me cobre nuestra deuda. - Y uno de sus dedos se acercó con una lentitud enloquecedora hacia él.
Su piel ardió, y el monarca se hundió contra el suelo mientras se llevaba las manos a las costillas, que amenazaban con reventar. El dolor insoportable duró unos insufribles segundos.
- Te llamarás Harkan, y serás nuestro heraldo. - Dicho esto, se dio la vuelta y desapareció entre la furia de los elementos junto con las otras dos figuras.

Altan intentó levantarse, pero cayó al suelo.
- ¡No! - Exclamó con lágrimas en los ojos mientras era devorado por una negrura tan densa como la noche. - ¡¡No!!
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:40
26.04.2009, 19:35

Ostras, ostras.
Qué interesante.

Con que ese es el origen de nuestro Harkan. Oye, para evitar malentendidos, recuerda que algunos ya hemos dado dos pinceladas sobre este personaje (aunque ya lo has leído). En [Mitología]: El Libro de Avishira (capítulo II) {Se agradecen críticas} digo:

    Cita
    El señor absoluto del Caos tenía el nombre de Harkan, y su forma física era la de un caballero envuelto en llamas con una gran corona de hierro.



Sobre la historia. De momento, me parece que vas muy rápido. No parece un relato como tal, sino una introducción o un resumen, a la espera de que el verdadero relato (más pausado) comience).

Una cosa. El color azul no hace buen contraste (yo lo he leído en un documento de word). Pon otro color.

[Master Ageof]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:40
26.04.2009, 22:44

Cuando a uno le viene la inspiración, tiene que aprovecharla, Master :P

Y no te preocupes, tengo en cuenta lo que has dicho tú sobre la forma de Harkan, esto es sólo el preludio de los Altos Señores, más que nada, para mostrar como los corrompieron las Lágrimas Negras.

PD: Para que nadie se confunda, ese mundo no era Bardha, por si en algún momento alguien ha pensado lo contrario.

[Wind_Master]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:41
30.04.2009, 19:11

Pues por ahora está bastante bien. Me gustan estas sombras, la verdad. Espero a que continúes.

[Thylzos]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:43
24.07.2009, 14:58

Cosmogonía III - "A través de la bruma"


No sabía por qué, pero desde hacía algún tiempo, Van había comenzado a tener sueños sobre panoramas caóticos, donde no había cielo ni suelo. Donde los elementos estaban revueltos y chocaban entre sí, provocando explosiones y esparciendo sus esencias por toda la visión.

Una persona normal no le habría dado mayor importancia, pero para Van eso no era tan fácil, pues él era un Soñador. Había nacido con el don, y desde entonces, ninguno de sus sueños se había equivocado. Lo recordaba perfectamente: había ido con su padre a recoger leña en una calurosa tarde de primavera. El viento, cargado de los aromas de las flores recién nacidas, le golpeaba en la cara y lo amodorraba, de modo que el pobre niño había terminado cayendo presa del sueño. En una holgura de un viejo tronco se había acurrucado y se había quedado dormido. Durante esa pequeña siesta, Van había soñado con una aldea envuelta en llamas y gentes desesperadas que gritaban nombres familiares, mientras los cuchillos y las espadas desempeñaban su trabajo.

Se había levantado confuso por la pesadilla, mas no le había dado mayor importancia. Llamó a su padre, pero al no encontrarlo, decidió volver solo a su casa, temiendo una gran reprimenda por haberse perdido. Su sorpresa fue que, al llegar al borde del bosque, un olor a quemado le había asaltado. Alzó la vista y comprobó con horror como una densa columna de humo se alzaba sobre su propia aldea. Corrió, vaya que si corrió, pero para cuando llegó allí ya no había nada sobre lo que llorar; todo había sido consumido por el fuego.
A partir de ahí, todo cuanto Van había soñado, como si de una fiable predicción se tratara, se había cumplido en mayor o menor medida. Por eso, tales visiones sobre un lugar que él tenía la certeza de que existía, le provocaban un gran desasosiego.

Un día frió de invierno, mientras recorría el sendero pedregoso, un latigazo mental lo había postrado de rodillas y lo había hecho entrar en un estado de trance.

“Sumergido en la asfixiante esencia de Padre, todo lo que era y había sido Altan fue devorado por la oscuridad. El Caos infectó su alma dolorida por completo, de una forma irreversible.”

La voz le llegó de todos lados y de ninguno en concreto. Van apenas sabía leer y escribir, y estaba seguro de que en los pocos libros que habían pasado por sus manos, no se encontraban entre sus páginas los nombres que acababa de oír. No obstante, tenía la certeza de que aquello era verdad. Como corroborando sus pensamientos, apareció entre la bruma un hombre que estaba atrapado en un charco de aspecto asqueroso que a él se le antojó fango.

“Y así, consumido de ira, vergüenza y odio hacia sus nuevos amos, resurgió de sus cenizas cual ave fénix como Harkan, Señor Absoluto del Caos.”


Y efectivamente, el charco comenzó a removerse y bullir como si tuviera vida propia. Se estiró y adoptó mil formas antes de comenzar a crecer hacia arriba como una planta oscura y maligna. Antes de que Van pudiera comprender lo sucedido, de allí había surgido una figura totalmente negra, pero de un aspecto tan frágil como un pétalo de flor. La criatura se miró en silencio durante unos instantes, y cayó de rodillas al suelo. Sollozó algo y elevó sus brazos, al tiempo que un desgarrador grito colmaba el aire.

Tan rápido como la pesadilla había surgido y se había desarrollado, se esfumó. Quedó flotando en medio de la nada, profundamente confundido. Permaneció allí durante una eternidad, cuando le pareció distinguir algo entre la espesa niebla.
- ¡Eh! – Gritó. – ¿Eres otro soñador? – Preguntó casi con vergüenza, pues no sabía si un soñador podía penetrar en la visión de otro.

La silueta se agitó, pero no respondió nada.
- ¿Eres tú quién me estaba susurrando? – Continuó. - ¿Qué significa todo esto?
- . . . U-BU-RA . . . – Murmuró con una voz débil.
- ¿Qué? – Inquirió.
-  . . .UBURA – Repitió.
- ¿Ubura? – Dijo extrañado. - ¿Eso qué es?
- Encuentra Ubura . . . Encuéntrame . . .  a mí. – Murmuró y desapareció sin más.


Van se despertó con la cara pegada a la hierba helada. Se incorporó y se masajeó las piernas, donde había perdido la sensibilidad debido al frío.  Nada de aquello tenía sentido; Caos, Altan, Ubura . . . esos nombres no significaban nada para un leñador como él, pero sabía que era lo único que tenía.  También se preguntó si le acababa de ser revelada su búsqueda como soñador, una importante empresa que le ocuparía el resto de sus días, designada por los mismos dioses.
Se levantó, se sacudió la suciedad de sus ropajes y tomó una decisión; fuera o no aquella su búsqueda, estaba seguro de que las pesadillas no cesarían hasta que desentrañase su significado. Y no le gustaba la idea de obsesionarse hasta llegar a enloquecer como les había pasado a algunos.
- Ubura . . . – Repitió para sí mientras encogía los hombros.
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:43
25.07.2009, 01:41

Bueno, espero más para intentar entender del todo lo que estas creando. De momento tengo estas pregutnas, si estan conestadas en otras cosmologías decidmelo y ya las leere.

Ubura no tiene lugar en el mapa de bardha, no?.

Ahora bien, hablaste de 3 lagrimas oscuras, una de ellas aun no tiene nombe ni has hablado de su aspecto, si es así me lo he saltado :S.

De momento hay que deducir, q la diosa del eter es la sombra hembra, y que los 3 sigen el mensaje de Caos por el Miltiuniverso, o lo que sea. Pero lo que es la cosmologia sobre estos individuos y Bardha no la has echo aun verdad?. O esta dentro de lo que escribio Khram?. Es decir, las sombras son los que crearon a los Señores de Caos e intentaron hacerse con bardha y ahora que han fracasado estan escondidos en Ubura?.

Sin duda has cogido un tema complicadete, tienes muchas cosas que explicar :P. En fin, espero más.

[arkantos_elgrande]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:43
25.07.2009, 15:14

    Cita de »arkantos_elgrande«
    Bueno, espero más para intentar entender del todo lo que estas creando. De momento tengo estas pregutnas, si estan conestadas en otras cosmologías decidmelo y ya las leere.

    Ubura no tiene lugar en el mapa de bardha, no?.



Es subterránea. Aunque no se sabe exactamente dónde está.

    Cita
    Ahora bien, hablaste de 3 lagrimas oscuras, una de ellas aun no tiene nombe ni has hablado de su aspecto, si es así me lo he saltado :S.



Está todo en la Comogonía I.

    Cita
    De momento hay que deducir, q la diosa del eter es la sombra hembra, y que los 3 sigen el mensaje de Caos por el Miltiuniverso, o lo que sea. Pero lo que es la cosmologia sobre estos individuos y Bardha no la has echo aun verdad?. O esta dentro de lo que escribio Khram?. Es decir, las sombras son los que crearon a los Señores de Caos e intentaron hacerse con bardha y ahora que han fracasado estan escondidos en Ubura?.



1º : Efectivamente, la encapuchada era Ch´taren, por eso pudo enseñarle la magia y concederle el éter a Altan.
2º : Es justo la que viene ahora. Decidí empezar por el principio de todo; la formación del Multiverso y Padre, las Lágrimas Negras que son los dioses del Caos, y ahora los Altos Señores.
3º : Escondidos no es la palabra. Casi todos los huines regresaron a su plano natal cuando terminó la guerra, pero Ubura rezumaba una gran energía residual producto de haber sido el cuartel general del Caos en Bardha, por lo que muchos de ellos se quedaron allí, atraídos por esa energía.


    Cita
    Sin duda has cogido un tema complicadete, tienes muchas cosas que explicar :P. En fin, espero más.



Sin duda, pero creo que es más emocionante así. ;)

[Wind_Master]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:44
25.07.2009, 17:08

Estonces supongo que la primera de las lagrimas sera esta:

El chico se fijó en una nota al pie de la ilustración, que rezaba algo así como "Naghassiraz, la Matriarca".

es q en un pirncipio como decía lo de que parecía una larba y que por su utero salían las sombras, creí que era la que había parido a las 3 lagrimas jajaja, pero ya lo entiendo. Naghassiraz da vida a nuevas sombras que seran sus esbirros, perfecto.

Continua cuando puedas.

[arkantos_elgrande]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:44
28.07.2009, 01:35

Me los he leído todos por fin. Pinta extremadamente interesante, además toca (a fondo) una parte de la historia de Bardha en la que ninguno habíamos profundizado, y eso lo hace muy difícil para ti y por lo tanto muy divertido de leer para nosotros. Debo decir que has tratado un tema complicadísimo y el resultado es excelente, así que sólo queda pedirte que continues cuanto antes.
Me gusta lo de ir cambiando de personaje una y otra vez y a la vez describir la evolución de estas sombras. Estoy impaciente por ver exactamente cuál es su situación en Bardha y su impacto en este mundo que estamos creando.

La única pega que puedo poner es que quizá Altan es demasiado rencoroso y vengativo. Entiendo que lo pueda ser mucho, pero quizá se pasa de la raya, porque mira que no es raro encontrarte a un acompañante como el que se encuentra y no hacerle preguntas; y no sólo eso, si no además confiar en él para cosas importantes y concederle un deseo referente a ti. Joé, qué peligro.
Aún así, se me ha hecho muy llevadero, así que mi queja no lo es tanto.

Eso, que pases buen verano y que a ver si encuentras un rato para darle a esto entre capítulo y capítulo de tus Siete Pecados. ;)

[Reactive]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:45
28.07.2009, 13:47

Cosmogonía III - "A través de la bruma, parte 2"



Un caluroso mediodía de verano, mientras recorría un sendero polvoriento rematado por plantas resecas, había decidido hacer un alto en su viaje y guarnecerse del fulgor del astro. Había salido del camino y se había recostado bajo la sombra de un gran árbol, que a pesar de su antigua profesión, no llegó a reconocer, por lo que dedujo que se encontraba muy lejos de sus tierras.

Tal y como había pensado, los extraños sueños no cesaron. La mayoría de las veces veía paisajes tan surrealistas como aquel que no tenía cielo ni suelo, otras veces eran grutas oscuras inundadas de podredumbre, o desiertos de arena blancuzca sin fin, pero de vez en cuando soñaba con desconocidos personajes, casi siempre con destinos fatales.

Por precaución, pues no sabía cuánto podía llegar a recordar su memoria y si podría ser importante para su viaje, había tenido la idea de anotar todo lo que veía en un cuaderno que había adquirido. Compensaba su falta de vocabulario y poca soltura al escribir con una recién descubierta habilidad para dibujar, que parecía haber estado dormida durante toda su vida.
Así, aquellos seres que casi parecían humanos se volvían un poco más reales y cercanos en sus bocetos. Mientras divagaba, abrió su vieja mochila de viaje y extrajo el susodicho. Había adquirido la costumbre de repasar lo que iba escribiendo en su diario cada vez que descansaba, y esa vez no fue una excepción.

“A pesar de que Harkan fue el primer y más poderosos Señor del Caos, no era el único.

Zuh “el Malhechor”, como era conocido comúnmente, había sido un poderoso guerrero vitonita. Cuando el Caos infectó su bello planeta natal, había liderado a sus hermanos en una batalla furiosa y sangrienta, pues los vitonitas tenían fama de ser una civilización belicosa y orgullosa a partes iguales, pero poco pudieron hacer contra un enemigo que no conoce el miedo, ni siente la necesidad de dormir o descansar.

Una tras otra, las ciudades fueron sucumbiendo al avance inexorable de las criaturas Huine. Aún con su mundo perdido y derrumbándose a su alrededor, el héroe no había perdido la esperanza de dar muerte al que la había traído. Masacró a cientos de enemigos con su espada hasta llegar al Señor del Caos, y una vez cara a cara, se batieron en un duelo de proporciones épicas. Mas, el encomiable esfuerzo y arrojo de Zuh nada pudo hacer contra la maestría y el poder de Harkan, y en un descuido producto de su aflicción por la muerte de sus hermanos y todo aquello que amaba, fue decapitado por el filo enemigo.

Harkan sonrió y se dio la vuelta, dispuesto a marcharse, cuando algo le hirió profundamente en un hombro. Asombrado, se dio la vuelta y comprobó que la repentina pérdida de la cabeza no le había impedido continuar luchando a aquel bravo votonita. En ese momento, el Señor supo que estaba ante un rival excepcional, y que su pérdida suponía un terrible desperdicio.

Está claro que Zuh hubiera preferido mil veces la muerte que lo que aconteció después, pero su destino estaba escrito muchos eones antes de que él naciera. El Señor del Caos elevó los brazos y rogó a sus amos que le perdonasen la vida y le concedieran el don. En respuesta a su llamada, las criaturas Huines cercanas se abalanzaron sobre él, pero hicieron falta más de cien sombras para inmovilizarlo. El resto de los subordinados del Señor alzaron sus cabezas al cielo y comenzaron a emitir un sonido chirriante e insoportable, como si estuvieran vibrando.

Los cielos rojizos de Vitonia se abrieron y por ellos fluyó un torrente de la esencia caótica de los invasores, parecido a una gigantesca serpiente negra que reptaba y descendía peligrosamente hacia él. Impotente, el héroe quedó empapado de la sustancia por completo.
Sólo cuando toda la esencia de Padre fue absorbida por su piel, Zuh dejó de ser un vitonita. De repente, los esbirros que lo mantenían preso volaron por los aires, producto de la furia del nuevo Señor del Caos.
- Ahora sirves a un propósito mucho mayor. – Dijo Harkan, empequeñecido por el tamaño que había alcanzado. – Reduce a cenizas toda la creación. Haz que Padre se sienta orgulloso.

Este alzó su titánica espada y comenzó a destrozar todo cuando se ponía a su alcance, mientras su conciencia original lloraba de vergüenza antes de desaparecer para siempre. No fue hasta que el Malhechor destrozó todas y cada una de las edificaciones de su antiguo pueblo, que su furia desmedida pareció aplacarse.”



Van apartó la vista del boceto de un titán descabezado, que portaba una espada de proporciones colosales. Aquella sombra narradora le había explicado que Zuh simbolizaba la fuerza para los adoradores de algo que había llamado Éter. Ella insistía en que este conocimiento era importante, por lo que Van había apuntado unas cuantas explicaciones vagas a pie de página, aunque receloso. No obstante, se negaba a explicarle nada que se saliera del guión que constituían las visiones.

Como todavía hacía bastante calor, decidió que podía permitirse pasar otra página y zambullirse en sus recuerdos, que podía evocar con una asombrosa facilidad gracias a sus apuntes. Así, en la siguiente hoja le esperaba un intrigante ser, de piel arrugada y de aspecto anciano, en cuyos ojos ardía un fulgor misterioso.

“Yagogh el "Vigilante", era una de aquellas criaturas bendecidas por los dioses con un poder prodigioso. Ciego de nacimiento, sus ojos blancos no podían ver el mundo terrenal, pero sí el mundo Astral. Gracias a ellos, había guiado a su pueblo hacia la prosperidad, adelantándose a los desastres naturales y a los ataques por parte de las tribus rivales.

Un día, mientras contemplaba el Vacío, descubrió una figura que lo observaba en la lejanía. Cuando la conciencia de Yagogh se acercó a él, sintió una terrible turbación. Acto seguido, el otro caminante astral desapareció. El vidente regresó a su cuerpo consternado, pues aquello no auguraba nada bueno; solamente las criaturas puras de espíritu podían atravesar las brumas que cubrían el plano que constituía la esencia de toda la realidad, y él tenía la absoluta certeza de que la turbación que había sentido no había sido una casualidad.
Advirtió a sus gentes y las preparó para lo que estaba a punto de acontecer a su querido mundo. También mandó emisarios a los demás clanes, y estos, sabedores del don que poseía, aceptaron sus sospechas y dejaron a un lado las diferencias milenarias que los tenían enfrentados.

Cuentan las leyendas, pues ya nadie puede dar testimonio, que los astrónomos genan estaban orgullosos de la exactitud de sus predicciones sobre los astros y demás cuerpos celestes. Así que, cuando se produjo un eclipse solar que no se esperaba hasta setecientos cincuenta y nueve ciclos después, Yagogh y todos los demás tuvieron la certeza de que aquello era el principio del fin. Mientras contemplaban tal fenómeno, el círculo negro pareció deformarse y se estiró como si fuera una gota pegajosa de fango. Resultó que aquella gota gigantesca era Caos en estado puro, que al entrar en contacto con el plano se dividió en millones de criaturas Huines cuya ferocidad los hizo dudar en un primer momento.
Pero, advertidos como estaban, los genan alzaron sus armas e hicieron retroceder con saña a los invasores. Casi pareció que los Huines habían sido rechazados por completo y que su causa estaba perdida pero, de nuevo, el nombre de Harkan fue maldecido mil veces.

Sabedor del poder de su líder, Harkan violó las leyes místicas del plano astral y regresó a él. Allí, tal y como había previsto, encontró al anciano.
- ¿Por qué hacéis esto? – Preguntó.
- Es la voluntad de Padre. – Respondió y desenvainó su espada.

A pesar de su don, Yagogh era tan débil como parecía, así que no pudo hacer nada para protegerse. La espada del Señor lo atravesó y su sangre azul se derramó en el mundo material.
- . . . no podemos permitirlo. – Masculló

Dicho esto, lo aferró por la pechera. Harkan soltó una amarga carcajada y se dispuso a terminar el trabajo, cuando una decena de seres brumosos se le echaron encima y lo apresaron.
- ¡¿Qué cojones estáis haciendo, gusanos?! – Bramó a los repentinos caminantes astrales que había surgido de la nada en ayuda de su hermano.

Cegado por la ira, Harkan blandió su espada contra ellos, atravesando su forma espiritual, y provocándoles terribles heridas en su cuerpo físico. Cuando el último de aquello inesperados auxiliadores se convirtió en polvo, el Señor se volvió hacia su objetivo, que yacía moribundo.
- Con la muerte del último caminante. . . este plano quedará sellado para siempre. – Explicó con una amarga sonrisa en la boca.

De repente, el rostro de su enemigo cambió de una forma vertiginosa.
- Lo comprendes. . . ¿verdad? – Y tosió. – Esto no era más que una trampa. . . jamás podrás escapar de aquí, poderoso Señor del Caos.

Yagogh cerró los ojos, esperando la inminente muerte. . .  pero no había contado con la malévola astucia de su rival. Este se cortó profundamente el brazo, y de él manó un icor denso y negruzco; se acercó a su presa y le hizo beber por la fuerza su sangre ponzoñosa. El desdichado vidente se revolvió en el suelo con las manos en sus entrañas, mientras gemía en su lengua nativa. Cuando cesaron las convulsiones, la marioneta que era ahora Yagogh se levantó del suelo. Su aspecto no había variado mucho, pero Harkan podía sentir la inequívoca marca del Caos dentro de él.
- ¿Cuáles son sus órdenes, mi Señor? – Preguntó con una voz ronca y áspera.
- Sácame de aquí. – Dijo. El nuevo sirviente de las Lágrimas Negras asintió, y todo se esfumó.

Una vez más, Harkan pisaba tierra firme. Una tierra que acababa de ser conquistada, y que esperaba su inminente unión con la Oscuridad, un lugar que trascendía del tiempo y el espacio, hogar de sus Amos.”



Van despertó de repente; se había quedado dormido. Se desperezó y miró al horizonte, donde el Sol se estaba ocultando.
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:47
29.07.2009, 14:46

Continúe usted, please.

[Khram Cuervo Errante]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:48
29.07.2009, 19:23

Está muy bien, como lo que es. No es "realmente" un relato, sino una introducción a Ubura.
Me gustan bastante las criaturas que describes, es especial lo que sucede con Yagogh.


AÑADO:
No sé los demás, pero a mí ese tono de azul me da muy poco contraste con el fondo. Lo tengo que pasar a word para leerlo. ¿Podrías poner un tono más claro? (Conste que no tengo problema en seguir leyéndolo pasándolo a word, si prefieres que se quede como está)

[Master Ageof]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:48
29.07.2009, 19:24

Muy bueno, sin duda creo que es de los mejores aportes a Bardha. Continua cuando puedas.

[arkantos_elgrande]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:50
11.08.2009, 19:26

Cosmogonía III: "A través de la bruma, parte 3"



Cosmogonía III: "A través de la bruma, parte 3"



Mientras estiraba la mano para alcanzar un gusu del árbol que se encontraba delante suya, Van sintió el repentino frío del tiempo en sus huesos. Hacía ya algunas estaciones que había comenzado su periplo, y de momento, no había conseguido nada.

Eso sí, había ido atesorando una gran cantidad de sabiduría tal que cualquier druida justiciero de la Madre hubiera considerado más que suficiente para condenarlo a arder en las purificadoras llamas por hereje. No obstante, había algo que le preocupaba mucho más que arder en una hoguera, y era que cuanto más sabía sobre Padre, las Lágrimas Negras y Harkan, más quería saber. Era una curiosidad que lo sobrepasaba y, a veces, caminaba durante todo el día sólo para encontrarse agotado por la noche y tener la certeza de que iba a dormirse en cuanto cerrara los ojos.

Aferró el rojizo y alargado fruto con la mano y tiró de él. Este se desprendió fácilmente, lo cual indicaba que estaba maduro. Van sacó su navaja y lo cortó en trozos pequeños. Al tiempo que degustaba aquel dulce, extrajo su cuaderno de la mochila. Había pasado algún tiempo, por lo que sus bordes presentaban un aspecto un poco descuidado, pero eso no le importaba lo más mínimo; no esperaba que acabara en la biblioteca de ninguna abadía ni nada por el estilo.
Pasó unas cuantas páginas y se detuvo en una que le había llamado especialmente la atención. Allí se encontraba el dibujo de una miserable criatura que intentaba cubrir su piel deforme y oscura con una capucha.

“A excepción de Harkan, seguramente no hay criatura cuyo nombre haya sido maldecido más veces que el de Nyterop, “el Traidor”.

En su imparable expansión por el Multiverso, el Caos se había encontrado con un pequeño obstáculo que se había resistido de forma heroica a ser conquistado y a formar parte de la Oscuridad. Se trataba de un pequeño mundo perdido en el borde de un sistema cuya estrella ardía con una intensidad cegadora. Un mundo que podía haber sido arrasado con una facilidad casi irrisoria pero, por alguna razón, había resistido oleada tras oleada de criaturas Huine.

Esta resistencia había llamado la atención de Harkan, por lo que finalmente había decidido personarse en el susodicho junto con Yagogh, que se había convertido en su sombra.

Resultaba que en aquel plano había una grandiosa ciudad, llamada Radasta. Sus habitantes profesaban una fe tal que podían materializarla en una forma de energía parecida a la magia que Harkan antaño había aprendido a usar, pero diferente a la vez. A través de unos grandes cristales, los guardianes canalizaban ese poder y creaban un gigantesco escudo impenetrable sobre la ciudad, de modo que nada podía entrar, y nada podía salir.

Por supuesto, Harkan se negó a creer que algo tan insignificante como aquellas criaturas de piel blanquecina que proyectaban su miedo pudieran detenerlo, por lo que alzó su filo y lo descargó contra el muro de luz pálida. Se dice que hubo una explosión de tal magnitud, que la tierra retumbó, y Yagogh temió por la integridad de su líder. Mas, cuando todo quedó en calma, este surgió en su forma incorpórea mientras maldecía.
Tuvo que absorber a cientos de sombras para volver a su forma física en el plano, y eso lo enfureció aún más.
- ¡Malditos bastardos! – Gritó. – ¡No podréis resistir para siempre!

Hizo llamar a Zuh, que descansaba en lo más profundo de la Oscuridad, para que aplastara la resistencia con su titánica fuerza. Este se materializó en el plano como un gigante sin cabeza, y con su espadón tan grande como un torreón, comenzó a golpear el escudo una vez tras otra.

Mientras tanto, el que sería uno de los Señores del Caos más repudiado, no era por aquel entonces más que un sirviente del Templo de la Diosa sin nombre.

Semana tras semana, llegaban de todos los rincones de la ciudad gente dispuesta a dar su vida para proteger su hogar, y semana tras semana, Nyterop tenía que repetir aquel horrible ritual. Con el paso de los ciclos, había terminado odiándolo profundamente. Odiaba darle el golpe de gracia a sus camaradas mientras contemplaba sus caras chupadas y rezaba una oración, al tiempo que agonizaban. Odiaba tener que arrastrar sus cuerpos exangües por todo el templo y sacarlos a la calle, donde la gente los veneraba como a mártires al pasar pero, sobre todo, odiaba ese olor dulzón que se le quedaba impregnado en la piel cuando les prendía fuego.
Daba igual las veces que se lavara, aquel olor parecía ya formar parte de él.

Uno de aquellos largos días, mientras los golpes de la espada del Malhechor resonaban como un eco casi familiar, Nyterop había visto a alguien conocido entrar en el templo. Había corrido entre las gentes como loco, y le había dado alcance.
- Moratop, hermano, ¿qué haces aquí? – Preguntó, temiendo cual podía ser su respuesta.
- He venido a convertirme en guardián, hermano. – Dijo con orgullo. Eran prácticamente iguales, salvo que su hermano era un poco más joven que él.
- Pero . . . tú, no puedes . . . – Comenzó, pero su lengua le traicionó y sus palabras se quedaron estancadas en su boca. – Morirás. – Concluyó por fin.
- Lo sé, hermano. – Respondió, y le puso la mano en el hombro con suavidad. – Pero si ese es el destino que la Diosa tiene preparado para mí, lo aceptaré sin miedo.
- ¿Cómo . . . ? – Comenzó de nuevo Nyterop.
- Necesitamos que la barrera se mantenga hasta que la Diosa escuche nuestras súplicas y nos ayude. – Respondió con la mirada firme.
- Y si eso . . . – Se detuvo un momento, consciente de que lo que iba a decir podía costarle la vida. – ¿Y si eso no ocurre nunca, hermano?
- ¿Qué quieres decir? –Preguntó, algo confuso.
- ¿Y si la Diosa no escucha nunca nuestras súplicas? – Murmuró.
- Eso no pasará nunca, hermano. – Contestó con una sonrisa. – Ella es bondadosa. Sólo está poniendo a prueba nuestra fe.

Dicho esto, le abrazó y se marchó, dejándolo allí de pie, consternado.

Mientras continuaba con su trabajo, Nyterop observaba como su querido hermano se iba consumiendo en su posición dentro del círculo de guardianes. Una luz extraña y azulada surgía de ellos y flotaba hasta los cristales que tenían enfrente. Los cristales la concentraban y lo enviaban a uno gigantesco que había en el centro de la sala, donde era enfocada hacia arriba, como si de una cruel fuente se tratara.

A pesar de todos sus ruegos a la Diosa, aquel fatídico día terminó llegando. Mientras él se acercaba arrastrándose a un guardián que había quedado tumbado en el suelo, agotado, había visto caer a su hermano contra el suelo. Sin pensarlo, se había puesto de pie y había cruzado la sala corriendo, levantando murmullos de desaprobación.
- No, por favor. – Rogó a otro sirviente, que había llegado al desdichado antes que él. – Es mi hermano . . . por favor.

Asintiendo con la cabeza, su compañero se había retirado.
- Moratop . . . –Dijo, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, producto de la terrible visión. Este abrió la boca, pero de ella no salió ningún sonido comprensible. Con gran pesar, cogió su daga y terminó con el sufrimiento de su hermano. Pasaron unos instantes hasta que volvió a reaccionar. Intentando no romper a llorar, arrastró el cadáver fuera de la sala, lo colocó con cuidado encima de una carretilla y salió del templo.

Como era costumbre, la gente rogaba una oración por el alma del valiente cuando él pasaba por delante, y decían cosas como “Que la Diosa lo tenga en su gloria” o “Gracias por tu sacrificio”. No obstante, aquellas palabras de misericordia no conseguían sosegar su alma, sino que lo enfurecían aún más. Por fin llegó al gran hoyo, donde todavía ardían restos de otros tantos valientes. Ya sin fuerzas, alzó la carretilla y el cuerpo se precipitó con los demás.

Nyterop regresó con el corazón compungido a su aposento, y cayó en un sueño turbio y extraño. En él, se veía cruzando calles llenas de gente moribunda que esperaban que él se apiadara de ellos y les diera la extremaunción. Después de mucho caminar entre las cáscaras resecas de los ciudadanos, una figura de un aspecto un poco menos traumático se le había acercado. Era una criatura extraña, de una raza desconocida para él, pero de un aspecto lo suficientemente frágil para no hacerle sentir miedo.
- Esto es terrible, ¿verdad? – Dijo cuando ambos estuvieron cara a cara.
- ¿Quién eres tú? – Preguntó. - ¿Qué eres?
- Yo soy un desdichado, igual que tú. – Contestó. – También tuve que ver como mis hermanos morían a mis pies sin poder hacer nada.
- ¿Por qué? – Volvió a preguntar.
- Porque es el deseo de Padre que todos volvamos a su ser. – Sentenció.
- ¿Padre? – Repitió, confuso. – ¿A su ser?
- Padre tocó a Madre y ambos se dividieron con la fuerza un millón de volcanes. – Explicó – Sus esencias se repartieron por toda la creación y, ahora, nosotros estamos condensándolas para que todo vuelva al Origen.

Nyterop se encontró confuso. No sabía nada de una entidad llamada Padre, ni de otra llamada Madre. A él le habían enseñado que la Diosa les había creado del barro y les había insuflado vida con su aliento. Les había dejado a su libre albedrío, pero velaba por ellos. No obstante, aquella protección parecía haberse esfumado.
- Tu Diosa no es más que una Diosa falsa. – Dijo Yagogh, como leyendo su pensamiento.
- ¡Eso no es cierto! – Clamó.
- Entonces . . . ¿dónde está tu Diosa? – Preguntó con un tono ácido.

Nyterop abrió la boca, pero no contestó nada.
- ¿Sabes por qué tu Diosa no ha venido a ayudaros? – Continuó. – Porque tu Diosa no existe.
- ¿Existe, a caso, el Padre que tú mencionas? – Preguntó con malicia.
- Por supuesto. – Y sonrió, mostrando unos dientes gastados y amarillentos. – Y no tenéis nada que hacer, porque es su voluntad que este mundo caiga en las sombras.

Un silencio tenso invadió la escena.
- Ahórrate sufrimiento. Ahórrale sufrimiento a tu pueblo. – Dijo. – Tarde o temprano, esa barrera caerá y conquistaremos tu mundo. ¿Acaso quieres seguir viendo a tus hermanos morir lentamente, sabiendo que no hay esperanza?

De repente, el cuerpo de Moratop apareció detrás de aquel extraño.
- Hermano . . . – Murmuró, y el pobre Nyterop rompió a llorar como un niño pequeño.

Despertó de forma súbita, con el corazón retumbando deprisa en sus oídos y con un sudor frío recorriéndole la espalda. Aturullado, salió de habitación y se paseó por los jardines, esperando encontrar paz y que sus pensamientos se aclararan. Mientras caminaba y el eco de los golpes de la gigantesca arma sonaba como una incesante alarma, Nyterop contempló el cielo; las nubes se habían separado, y a través de ellas podía contemplar un inmenso agujero totalmente negro, que a él se le antojaron como unas fauces que pretendían devorar su preciado mundo. Pero eso no fue todo, pues bailando dentro de aquellas fauces se encontraban tres criaturas de terrible aspecto. Fascinado y aterrado a partes iguales, continuó con la vista fija en el espectáculo hasta que, de repente, algo surgió detrás de ellas. Parecía un ojo colosal e iracundo, que miraba con voracidad el pequeño planeta que se encontraba a sus pies. Tan pronto como surgió desde lo más profundo de las fauces, desapareció.

Quizás no fuera más que una alucinación, provocada por el cansancio y el torbellino de emociones que lo embargaban, o quizás no. El caso era que Nyterop se había visto abrumado por todo aquello, y sólo deseaba que terminara, de modo que tomó una decisión de la que se arrepentiría durante el resto de sus días.
- La Diosa nos ha abandonado, hermanos. – Aquellas palabras perturbaron sobremanera a los mártires que encontraban en la sala. – Estamos condenados; lo he visto.

Alguien gritó, y un par de sirvientes se abalanzaron sobre él. Nyterop se sintió liviano, como en el sueño. Su mano extrajo el puñal del bolsillo y, con sendas estocadas, acabó con la vida de sus compañeros.
- No prolonguemos más este sufrimiento. – Continuó. – Nadie nos va a salvar. Rindámonos y reunámonos con nuestros seres queridos. – Las palabras salían de su boca como si tuvieran vida propia.

Cuando volvió en sí, se encontró bañado en la sangre de sus congéneres, que yacían muertos en el suelo. Las energías que fluían hacia la barrera se fueron disolviendo, y este por fin cayó.
En las calles, los gritos de horror de los habitantes resonaron como amplificadas en sus oídos, mientras se escuchaban pasos alocados y otros muchos sonidos que no llegó a reconocer.

La puerta de la sala se abrió con un gran estruendo, y por ella entraron media docena de guerreros, que se quedaron petrificados al encontrar tal escena. Se acercaron corriendo a él, y vieron el puñal manchado de sangre en sus manos.
- ¡¡Traidor!! – Gritó uno de ellos– ¡¡Has asesinado a los guardianes!!

Nyterop no respondió, sino que continuó con la vista clavada en la nada, enajenado. Alguien lo golpeó en la cara, y notó el inequívoco sabor de la sangre en su boca. Ya en el suelo, los soldados desataron su furia con él, y lo lincharon. Una vez lo hubieron reducido a una masa lastimosa y sanguinolenta, le prendieron fuego con una de las numerosas antorchas.
- ¡Ni siquiera el fuego puede purgar tus pecados! – Ladró una voz.

No obstante, cuando estaba sintiendo la dulce y cálida llamada de la Diosa, algo lo regresó de nuevo a aquella sala. Una gran figura, rematada por una corona de hierro y que portaba una espada en la mano se encontraba delante suya. A sus pies yacían sus agresores, destrozados.
- Debo darte las gracias, Traidor. – Habló con una voz profunda y autoritaria. – Gracias a ti, hemos conquistado otro mundo más en nombre de Padre.

La destrozada boca de Nyterop emitió un lastimero sollozo.
- No podíamos dejarte morir aquí, después de tus servicios. – Y soltó una carcajada tan amarga que casi sintió como se le clavaba en el pecho. – Disfruta de tu regalo.

Y una repentina oscuridad lo envolvió.”

Van se fijó en algo que había pasado por alto; uno de los ojos de aquella ignominiosa criatura derramaba una lágrima eterna, producto de su vergüenza.


Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:51
11.08.2009, 19:53

Muy interesante. Vas aumentando la "fauna" del caos.
Estoy deseoso de saber más de Van.

[Master Ageof]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:51
14.08.2009, 22:51

Me gusta.

Está muy bien escrito y consigues atraer al lector. Cómo más nos adentras al complejo mundo de las sombras, de los Huine, más me gustan. Son una "raza" interesante. Ardo en deseos de que nos expliques más.

Como ya han dicho, los primeros capítulos toman la forma de una historia contada vertiginosamente. Aún así, supongo que no eran una historia en sí, sino retazos de lo que sería una explicación de la llegada de los Huine a Bardha.

Tengo alguna duda sobre un par de cuestiones que no he acabado de entender. En la transformación del caminante, no entiendo por qué no puede Harkan huir de ese universo si muriesen todos. Bien ha podido entrar en él y entrar en contacto con el caminante en la esencia astral (o lo que sea xD) Pero supongo que al morir todos, se cierra esa tierra del Multiverso? Pero entonces, cuando pasan pueblo a pueblo, universo a universo, masacrando a todos, caminantes incluidos, cómo es que el Caos puede seguir expandiéndose y saltando de universos? No mata a los caminantes? O los transforma como al otro? O lo entendí mal? Me explico. Puede ser que de donde no podía salir no era del universo que acababa de destruir sino del lugar dónde se encontraban los caminantes? Entonces, ¿Qué es ese lugar que sólo puede ser accedido a los caminantes esos? ¿Significa que menos Yagogh todos han muerto?

A parte de eso, te pido que continues y nos facilites el siguiente capítulo que ardo en deseos de leer xD

[freedom fighter]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:52
15.08.2009, 15:56

Bueno, ante todo, gracias por tu lectura.

Lo que quería plasmar era que Yagogh y los demás caminantes son unos seres extraordinarios que pueden hacer una especie de viaje astral hasta otra realidad, otra dimensión, que es diferente a donde se encuentra el Multiverso y los Señores del Caos. Cuando Yagogh le tiende una trampa, quiere sellar para siempre a Harkan en esa dimensión, dado que su pueblo no puede vencerle. Al morir los demás caminantes, y dado que él está herido de muerte (él sería el último caminante astral), su plan está a punto de completarse. Harkan entiende esto, y lo salva de la muerte transformándolo en un Señor del Caos.

Esto lo salva de quedar atrapado para siempre, y le garantiza que Yagogh pueda seguir vigilando el devenir de los acontecimientos a través de la bruma. El único que puede continuar haciéndolo, de hecho.

[Wind_Master]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:52
24.08.2009, 16:05

Sigue cuando puedas, por cierto cuanto mas leo de lo tuyo mas necesario veo que alguien escriba de los servidores del Orden :P.

[arkantos_elgrande]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:52
25.08.2009, 00:35

Creo que es interesante que alguien escriba sobre el Orden, y necesario en un futuro próximo, además. Pero pienso que deberíamos esperar a que las demás partes se vayan desarrollando antes de ponernos a ello, porque sería algo así como la última pieza, y debería encajar en todas las cosmogonías y cronologías. Y eso me parece que es demasiado trabajo para una persona.

[Wind_Master]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:53
29.08.2009, 21:55

Cosmogonía III - "A través de la bruma, parte 4"



El sol le golpeaba con fiereza en su cabeza morena. Tras varios días caminando por el sendero, no había descubierto nada que pudiera echarse a la boca. De la misma forma, apenas le quedaba agua en su cuero. Aquella tierra extensa parecía no tener fin, y apenas había algún árbol bajo el que refugiarse, de modo que Van caminaba como un sonámbulo.

Mientras el fulgor del astro le abrasaba la nuca, el muchacho pensó en cómo se había ido desarrollando su viaje. Simplemente caminaba y soñaba, caminaba y soñaba. Si no fuera una idea descabellada, habría jurado que sus pies le guiaban de alguna forma, salvando los pedregosos caminos que llevaban a las cordilleras abruptas, y de los bosques profundos, refugio de bestias devoradoras de hombres; no obstante, estaba seguro que su conocimiento del campo y un poco de suerte eran las principales razones de que no se hubiera topado con ningún inconveniente hasta ahora. Deshidratado, continuó caminando.

Al cabo de lo que le pareció una eternidad, creyó ver a una persona erguida en la lejanía. Van agitó los brazos para llamar la atención de aquel individuo, pero este no se percató de su presencia. Echó a trotar en la dirección del que podía ser su salvador, pero cuando llegó hasta su altura, se llevó un gran chasco; allí no había nadie. Enfadado por haberse dejado engañar por un espejismo, dio una patada a una pequeña piedra que tenía a su alcance, y esta cayó por la rivera del camino y se perdió de vista. Después de un par de segundos, Van escuchó el chapoteo del agua. Sin pensárselo, descendió de forma temeraria por la áspera pared de roca.

Allí, un pequeño riachuelo se había quedado estancado formando grandes charcos bajo la sombra de la ladera. Bendiciendo su suerte, corrió hacia uno de ellos y hundió sus manos; el agua estaba limpia y bastante fresca.
Una vez se hubo refrescado lo suficiente y hubo rellenado su cuero, pensó que aquel lugar era ideal para descansar hasta que pasaran las fieras horas del mediodía. Se llevó los brazos por detrás de la cabeza y cerró los ojos.


Esperó entre la densa niebla hasta que su narrador apareció a su lado con una ligera brisa.
- ¿Qué va a ser esta vez? – Preguntó Van. - ¿El nacimiento de algún Señor del Caos?

La figura a su lado no contestó.
- ¿Sabes qué? – Continuó. – Me gustaría saber qué es lo que pasa con los mundos que son conquistados por Harkan. Quiero decir, cómo es que vuelven a formar parte de Padre.

La figura se meció ligeramente y la niebla se agitó. Poco a poco, vislumbró la serie de imágenes que posteriormente inmortalizaría en su cuaderno.


Bajo el calor de dos soles gemelos, el mundo de Isás perecía bajo las garras de las sombras.
Como otras tantas veces, las criaturas Huines habían llegado trasportadas por un fragmento de Caos en estado puro, y habían infestado el plano con su corrupta esencia.

Los isitas habían alzado sus armas contra el enemigo, pero su ferocidad no era nada en comparación con la suya. En su avance, pisoteaban a sus hermanos caídos y los pasaban por encima, ignorándolos de una forma que era ignominiosa para los isitas. En efecto, sus enemigos se movían como si de un enjambre negro se tratara.
Poco a poco, la superioridad numérica los hizo retroceder mientras se lamentaban por todos sus camaradas, que habían desaparecido bajo la oleada de oscuridad.

Pero entre los pocos supervivientes se encontraba el Ávatar, un héroe isita nacido del seno del propio Dios Fuego. Viéndolo todo perdido, decidieron darle todo su poder a él para que pudiera castigar a los invasores, de modo que celebraron el ritual del festín de las almas, en el que su salvador absorbería sus conocimientos, sus habilidades y su fuerza, por supuesto.
Los isitas detestaban perder a un buen soldado, y sólo realizaban el citado ritual cuando era estrictamente necesario. Así, cada uno de los demás inscribió su nombre en la Piedra, y se prepararon para desatar su furia.

Se dice que la gran roca que protegía el santuario voló hecha pedazos cuando el Ávatar descargó un golpe atroz contra ella. Alzó su legendaria espada, cuyo filo ardía producto de su propia rabia, y descargó todo su poder contra los Huines.

Pero, por muchos engendros que calcinaba, parecía que aquellas oleadas no tenían fin, y su cuerpo se estaba resintiendo. Continuó peleando hasta que divisó a una figura que se erguía en medio de toda la destrucción, y entonces comprendió que esa figura no era otra que su líder. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, el Ávatar apartó de su camino a los esbirros, y cuando por fin llegó hasta él, gritó iracundo.
Su sangre ardía y le abrasaba por dentro, como si fuera lava. Dejó a un lado el escudo y se rasgó las ropas, convertido en un auténtico berserker. Sin duda, aquella era una visión  capaz de aterrorizar a cualquiera, pero no a Harkan.
- ¡¡Tu vida a cambio de la de mis hermanos!! – Aulló con una docena de voces, al tiempo que su boca se llenaba de espuma.

Cargó contra él, dispuesto a hacerlo trizas, pero un ataque tan previsible no suponía el mayor peligro para Harkan, que se apartó a un lado y lo dejó pasar. La espada machacó las rocas con gran estruendo.
- Ven y arrebátamela. – Contestó, desenvainando su espada, negra como la noche.

En cuanto sus espadas se cruzaron un par de veces, el héroe supo que aquel duelo estaba perdido de antemano. De nada sirvió su furia y su fuerza, como tampoco sirvió su dominio de la esencia de los astros gemelos. Con un golpe brutal, su arma legendaria se quebró y su brazo fue arrancado de cuajo. Gritó de dolor, pero no cedió, sino que desencadenó una tormenta de fuego a su alrededor con su otro miembro.

Por alguna extraña razón, su enemigo no parecía impresionado por su magia, ni su fuerza. De repente, el filo enemigo surgió de entra las llamas y le hizo un profundo tajo en plena cara.
Mascullando, el Ávatar reculó.
 - Un gusano como tú nada tiene que hacer contra el Señor Absoluto del Caos. – Dijo con su voz profunda y altanera.

Acto seguido, le propinó una patada en el pecho. Este cayó por el desnivel de la ladera, rodando, hasta que se detuvo a los pies de esta, destrozado por las rocas. Dándolo por muerto, Harkan lo abandonó.

Manco y tuerto, el héroe saboreó su propia sangre, y sintió como la vida lo abandonaba paulatinamente por cada una de sus heridas. Inmóvil, contempló a los Huines reunirse en medio de la gran llanura. Quedaron, entonces, muy quietos, y hasta sus oídos llegó un susurro que no terminaba de comprender. El susurro se convirtió pronto en un estridente chirrido, como si los invasores estuvieran vibrando y, entonces, ocurrió algo que escapaba de su comprensión: el cielo del plano se rasgó con violencia, y allí apareció un vórtice más negro aún que sus enemigos, si es que aquello era posible. Dentro de ese vórtice, el héroe contempló una decena más de mundos que giraban mientras eran engullidos uno tras otro. Sintió como su corazón se acongojaba por el horror, pero nada podía hacer. Se sintió, entonces, como el único espectador de una obra cruel.

De repente, los astros perdieron intensidad, y su luz se volvió tenue y débil, como la de una vela. Una fina capa de polvo se levantó y permaneció en suspensión en el aire, a la que le siguieron piedras y rocas más pesadas. Las armas de sus compañeros, sus cuerpos, y todo lo que había sobre la faz de su mundo pareció ser objeto de una extraña ingravidez. De forma súbita, todo aquello que estaba flotando se estrelló violentamente contra el suelo.
Sintió como si una mano invisible lo aplastara contra la tierra, y el vórtice pareció más cercano, mucho más cercano. Perplejo, no pudo sino contemplar como su mundo era tragado por las fauces.

Cuando despertó, comprobó que la atmósfera seguía teniendo aquella mortecina luz. Miró en todas direcciones y le pareció que se encontraba todavía tumbado en la tierra de su querida Isás.
Pronto el ardor de su sangre lo obligó a moverse en busca de venganza, así que consiguió darse la vuelta a duras penas y comenzó a arrastrase cual gusano, impulsado por su otro maltrecho brazo. Se movió de esa manera durante lo que le pareció una eternidad, hasta que una extraña criatura le hizo permanecer quieto para no desvelar su posición. Parecía una gigantesca mole de fango a simple vista. Una vez más cerca comprobó como por toda su fisionomía surgían como pompas ojos y bocas babeantes, que se hundían bajo la piel cerosa y daban lugar a nuevos miembros. Una vez la criatura estuvo lo suficientemente lejos, decidió que podía continuar con su paso de tortuga.

No pasó mucho tiempo cuando una pequeña banda de engendros-sombra lo descubrió. No eran más que unos pequeños cuerpos de los cuales sobresalía un corto apéndice rematado por un ojo que ardía con la locura del Caos. Lo rodearon, pero pareció que los integrantes tenían un conflicto de intereses, ya que comenzaron a golpearse los unos a los otros con el apéndice-ojo, y los pseudópodos con los que se arrastraban. Por fin, pareció que uno se había hecho con el control de la situación, y se le acercó.

Pero el Ávatar ya sabía lo que estaba a punto de ocurrir, pues lo había visto durante la guerra, así que escupió sobre la criatura y su saliva se convirtió en fuego. El Huine emitió un sonido parecido a un grito, y se deshizo como si fuera manteca mientras borboteaba. El resto de sus compañeros parpadearon, sorprendidos, y se abalanzaron sobre él a la vez. Sus esencias entraron en contacto, y se extendieron por su cuerpo con una velocidad enloquecedora. De repente, sintió como si algo o alguien le ordenara que permaneciera tranquilo hasta que la unión se completase. Pero, como es lógico, el hijo del Dios Fuego no iba a sucumbir ante tales insectos, y su ira volvió a arder con renovada fuerza.

Intentó rechazar al invasor de su cuerpo, mientras convulsionaba en el suelo. Notó algo cálido en su muñón, y cuando miró, descubrió que un nuevo miembro de color grisáceo, había brotado. Esto lo enfureció aún más.
- No te resistas a lo inevitable. – Habló una voz en su cabeza. – Del mismo modo que tu planeta será absorbido por Padre, tú también lo serás.
- ¡No! – Gritó, y se revolvió con más fuerza.
- Esta unión es irreversible. – Dijo la voz. – No hay nada que puedas hacer.
- Mi planeta . . . no. – Sollozó.

De repente, la imagen de la mole gigantesca llegó a su mente. Se había convertido en un líquido espeso y se había colado por las fisuras en la tierra. Sus tentáculos habían desgarrado a Isás, y se habían abierto paso hasta el núcleo por la fuerza.
Mientras las imágenes pasaban veloces por su mente, notó que la tierra se estaba volviendo líquida. Miró hacia el suelo y comprobó que de aquí y allá manaba un icor denso y negruzco. Con una lentitud casi enloquecedora, se hundió en la viscosidad al tiempo que pataleaba, y comenzó a asfixiarse.

Intentó contener la respiración, pues morir ahogado era una deshonra para su pueblo, los hijos del Dios Fuego.
- Es inevitable . . .  – Continuó diciendo la voz cuando su cuerpo desapareció bajo la superficie.




PD: Bueno, me gustaría saber vuestra opinión, porque quería ilustrar lo que pasaba después de que un mundo fuera conquistado por el Caos, pero no estoy muy seguro de la calidad de este relato . . .
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 23 de Septiembre de 2009, 12:54
02.09.2009, 11:58

Una vez leído me ha parecido algo recurrente. Me explico: siempre usas la misma técnica para hablar de las nuevas criaturas del Caos, los sueños de Van (desde la Cosmogonía III) y la llegada de Caos a otros planetas. Por una parte está bien porque ameniza la lectura (pues condensarlo todo en un solo relato se convertiría en demasiado denso), pero por la otra está el inconveniente de que empieza a volverse repetitivo. Llega Caos a un pueblo, los nativos luchan contra Caos. Caos, que nunca se cansa y no teme a nada, siempre vence. Los nativos intentan siempre diferentes formas de hacer frente a Caos pero siempre son derrotados y convertidos a Caos.

Luego hay una cosa que no me cuadra. Dices que Caos llega a los planetas a partir de un fragmento de Caos puro. Pero eso no explica cómo se las monta Harkan para aparecer en todas las confrontaciones, pues él no forma parte de ese Caos puro del que surgen los huines (vaya, según entiendo yo la transformación de Harkan al lado oscuro).

Por último hay una cosa que no me gusta, y es que siempre los Héroes nativos se las ingenian para hacer frente a Caos de una manera "mágica" que no existe en Bardha. Unos con una barrera mágica, otros sacrificándose todos para entregarle su fuerza al héroe, otros viajando a planos diferentes... Es decir, si se sigue por esta línea todas estas cosas deben ser exportables a Bardha, ¿o es que en los demás universos se puede y en Bardha no? Y si hiciésemos eso cambiaríamos por completo, al menos en el aspecto mágico, Bardha.

Bueno, esos son los tres puntos que por mí desentonan un poco en la Cosmogonía. (El primero aún no ha empezado a desentonar del todo, pero si sigues recurriendo a él a mi modo de ver sí que empezará a sonar repetitivo). Pero exceptuando eso y las otras dos dudas que me surgen me gusta la nueva fauna de siervos de Caos que estás creando.

[freedom fighter]
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Wind_Master en 05 de Julio de 2010, 23:44
Cosmogonía IV - "El Encuentro"




Bajo la luz tenue del candil, las facciones del individuo que lo sostenía se volvían aún más duras, si es que tal cosa era posible. Caminaba por la oscuridad impenetrable de la mina acompañado por tres hombres más; dos de ellos sus siervos, y el otro un simple minero asustado.
- Cuéntame de nuevo esa historia. – Solicitó Arci, un fornido guerrero de hoja diestra y corazón ardiente.
- Ya se lo he dicho . . . señor. – Dijo con voz quebrada el minero. – Estábamos picando cuando dimos con una roca negra completamente. Hágame caso, pues de otra cosa no sé – y aquello era obvio – pero llevo años cavando en esta mina y jamás he visto nada parecido. El caso es que llamé a los chicos y comenzamos a machacarla. Después de mucho trabajo pudimos abrirnos paso a través de ella.

El portador del candil hizo un gesto, y la comitiva paró en seco.
- ¿Qué pasa? – Preguntó en murmullo aquel campesino. Arci se llevó la mano a los labios pidiendo silencio.

Después de unos tensos segundos, el líder hizo otro gesto y reanudaron el paso.
- ¿Qué le ha perturbado, mi señor? – Preguntó esta vez su otro sirviente; un tipo bajo y delgaducho, pero de mente ágil y despierta.
- Me ha parecido notar . . . algo. – Respondió sin más él. – No te preocupes, Szar.

Mientras, la conversación de aquel hombre sencillo continuó.
- El caso es que la roca parecía ser la entrada a una gruta, o qué se yo. – Explicó con cierta ansiedad. – Allí dentro encontramos unos cristales extraños, de un mineral desconocido por nosotros. Y le vuelvo a decir que de otra cosa no sabré, pero de rocas . . .
- Sí, sí. – Asintió el guerrero, un tanto cansado de la interminable respuesta.
- Pero lo que nos asustó a los chicos y a mí no fueron esos cristales; es más, quizás podamos sacar una buena tajada por ellos, eso seguro. – Elucubró, al tiempo que una sonrisa codiciosa surcaba su cara. – Lo que realmente nos asustó fue un zumbido extraño que había un poco más adelante, en la oscuridad. No se parecía a nada que yo hubiera escuchado antes, eso seguro. No era un pescador, ni un enjambre de herrumbres, era . . . otra cosa.
- ¿Y nadie tuvo el valor de coger una antorcha e ir a comprobar qué causaba tal ruido? – Inquirió el guerrero, mientras arqueaba las cejas.
- Nadie, señor. En las entrañas de la tierra duermen muchas cosas, y no cosas precisamente bonitas y peludas como un conejo. – Y soltó una carcajada áspera.

Claro que aquello no explicaba la presencia allí de un druida de la madre y dos de sus sirvientes, pues habría bastando con pagar una cantidad sustanciosa a un grupo de cazarrecompensas, o a unos perros de la guerra, y hubieran dado buena cuenta de la criatura.
Pero, al escuchar su largo relato, Vandrus había decidido investigar; en las Altas Guerras, aquella montaña había sido una de las zonas cubiertas por la Oscuridad y las criaturas -sombras, de modo que tenía miedo de que unos mineros hubieran desenterrado algo que había permanecido siglos encerrado.

De cualquier forma, continuaron su descenso hasta el corazón de la montaña, que parecía mucho más profunda de lo que aparentaba a simple vista.
- Pero bueno, llevamos casi una hora caminando, ¿y todavía no hemos llegado? – Preguntó molesto Szar.
- Vos mismo podéis comprobar que la situación de unos mineros es mucho más difícil de lo que parece. – Comentó aquel hombre de lengua incansable. – Las capas superiores ya han sido excavadas por nuestros antepasados, de modo que no tenemos más opción que ir muy muy abajo para encontrar nuevas vetas.
- Y a todo esto. –Interrumpió el hombre que iba a la cabeza. Los tres quedaron sorprendidos, pues no había abierto la boca desde que había cruzado la entrada de la mina, muchos metros por encima de ellos ahora. - ¿Cómo saben exactamente dónde están las vetas?

Durante un segundo, parecía que aquel hombre había perdido milagrosamente el habla, pero no fue así.
- Verá, señor, nosotros tenemos una herrumbre. – Dijo en tono de confidencia.
- ¿Una herrumbre? – Repitió. – ¿Una de esas pequeñas sabandijas?
- Sí, señor. La pequeña Rojilla nos ha ayudado bastante. – Dijo con orgullo. – Tiene un olfato . . .  bueno; no tiene nariz, pero nosotros le llamamos así; tiene un olfato prodigioso.
- Creía que las herrumbres vivían en grupos, y que huían de las personas. – Dijo el druida con su voz grave y monocorde.
- Y así es, señor. Nos la encontramos en medio de una galería, herida. – Y volvió a adoptar ese tono. – Algún bicho la atacó y su grupo la abandonó. Tiene una pata chula, pero por lo demás, está bien. De vez en cuando le damos algo de escoria, pero no le gusta. Tenemos que tener cuidado con ella, porque algunas veces intenta comerse el metal de las herramientas.

El agudo Szar miró con complicidad a su compañero, y este se encogió de hombros. Al fin, el parlanchín hombre les indicó que había llegado a la sección en cuestión. Esta era bastante más baja que las anteriores, y el frío procedente de algún lugar distante les hacía daño en los pulmones.
- Vayan con cuidado ahora. – Advirtió. – Todavía no hemos terminado de limpiar el suelo, y las rocas de los lados están afiladas como cuchillos.

Siguiendo las indicaciones, el grupo avanzó con cuidado de no tropezar y destrozarse el costado contra uno de aquellos dientes que sobresalían con malicia por doquier.
- Ahora, si son tan amables, ayúdenme a mover esta roca. – Y señaló a una particularmente grande.
- ¿Qué hace esa roca ahí? – Preguntó Szar. El minero lo miró como si se acabara de dar cuenta de que estaba loco, con la boca entreabierta.
- No ha escuchado nada de lo que he dicho. – Repuso.
- Poco, la verdad. – Afirmó.
- Esta roca sella el túnel. Ya sabe, para que la cosa no pueda escapar de allí.

Vandrus pensó que  una simple roca no iba a contener a una criatura que había permanecido años atrapada allí, clamando por salir, pero la ignorancia de las gentes sencillas era así. Entre Arci y el hombre, consiguieron moverla a un lado, y en cuanto la pequeña entrada quedó libre, Vandrus sintió de nuevo aquella sensación, y esta vez de una forma inequívoca.
- Allí dentro se esconde algo, realmente. – Dijo.- Estad atentos.

Uno a uno, fueron entrando agachado por la pequeña abertura. Esta daba a una galería natural, mucho más amplia y alta, de modo que pudieron recuperar su posición normal por fin.
- ¡Vaya! – Exclamó asombrado Arci. – ¿Esos son los minerales de los que me habéis hablado?

Allí, delante suyo, las paredes estaba cubiertas por unos cristales de un color púrpura oscuro, que brillaban bajo la luz de la antorcha de una forma peculiar, casi hipnótica. El astuto Szar se acercó a uno de ellos y extendió la mano.
- ¡Alto! – Ordenó el druida. – No los toquéis. Eso es éter condensado y cristalizado a lo largo de los siglos. Nunca había visto tanto en un mismo lugar.

Szar miró a su señor, y luego al prodigioso mineral. Finalmente se dio por vencido y regresó junto a los otros con la cara enfurruñada.
- Y la criatura . . . – Preguntó Arci, mientras sentía como cada minuto que su espada permanecía envainada era un minuto perdido. - ¿Quiere decir que es una sombra?
- Un huine, eso me temo. – Asintió su señor. – No permitáis que os toque, o se apoderará de vuestra mente y de vuestro cuerpo. Si eso ocurre, encomendad vuestra alma a Madre.

Szar se sacudió con un escalofrío, y preguntó:
- ¿Dónde está?

El hombre pidió silencio y se alejó unos pasos, después agudizó el oído y les hizo una señal para que se acercaran.
- ¿No oís un susurro?
- Un zumbido, más bien. – Dijo el guerrero.
- No, es como un chirrido. – Lo corrigió el zorro.
- Sí, eso es. – Dijo, con el rostro serio.
- Está bien, vamos a avanzar. – Dijo el druida. – Será mejor que se quede aquí.

El minero no necesitó que se lo dijeran dos veces, así que se echó a un lado mientras protegía su candil como un tesoro, y les deseó buena suerte.
Los tres avanzaron con precaución, al tiempo que sus manos reposaban en las espadas, preparados.


Después de caminar unos veinte metros, llegaron a otra de aquellas espectaculares formaciones geológicas. Ahora, el ruido era mucho más claro; se trataba de una especie de chirrido molesto que provenía de algún sitio.
- ¡Por amor de Madre! – Exclamó Szar. – Estos cristales son todavía mayores. Deben valer una fortuna.

Aquello provocó una terrible mirada por parte de Vandrus.
- Creo que aquí hay algo que debería ver, señor. – Dijo Arci. Este se acercó y quedó petrificado ante la visión; allí, una criatura huine de pequeño tamaño había quedado atrapada entre el cristal morado, fosilizada como uno un insecto en el ámbar.
- Por la Madre. – Susurró, y elevó una plegaria rápida. – No puedo creerlo.

Tuvieron que pasar unos instantes antes de que volviera en sí mismo.
- ¿Cómo ha ocurrido esto? – Preguntó Arci, confuso.
- Los huines atraen el éter. En esta zona hay una gran densidad de éter, de modo que actuó como un foco y todo él se cristalizó a su alrededor. – Explicó Szar.

Vandrus lo volvió a mirar, ignorando de dónde había sacado tales conocimientos, pero no dijo nada.
- Pero habrían hecho falta eónes para que sucediera algo así. – Murmuró el druida, y volvió a elevar una plegaria.
- ¿Está vivo todavía? – Preguntó el guerrero mientras se llevaba la mano a la empuñadura.
- Mucho me temo que sí. – Afirmó el druida.

Mientras sus compañeros permanecían contemplando a la criatura atrapada, el codicioso Szar se deslizó entre ellos y se alejó un poco, hasta una de aquellos cristales intrigantes. Eran perfectos, con un brillo y un aspecto que no parecía haber sufrido los estragos del tiempo, tan únicos y mágicos como el primer copo de nieve que cae al suelo. Sus ojos golosos recorrieron la formación hasta el mismo suelo, como enraizada. Justo allí, un pequeño fragmento se había separado del resto y yacía tirado. Szar echó una rápida ojeada a sus compañeros, se agachó y lo recogió rápidamente. Lo sostuvo en su mano, y lo hizo girar durante un momento. Después, elevó la palma hasta la altura de sus ojos y lo contempló desde cerca, sintiendo su poderoso hechizo. Tan puro era, que pudo ver un poco de su rostro; sus ojos, su naríz aguileña, su boca de finos labios, reflejado en él. Súbitamente, reparó en un tercer ojo, blancuzco y siniestro, que lo miraba como un reflejo también, pero desde el fondo del pequeño cristal.

- ¡Szar! – Llamó a voz de grito el druida. – Maldita sea, como estés intentando . . . - Pero su voz quedó ahogada.


Escuchó unos gritos, seguidos de un golpe sordo, luego otro, y después silencio. Un silencio tenso que duró sólo unos instantes. Después escuchó como una hoja era arrastrada por el suelo y un repiqueteo. Finalmente, escuchó como algo caía fragmentado al suelo, y de nuevo otro grito. El hombre estaba hecho un ovillo de miedo, lo más pegado posible a la pared fría y áspera. Algo salió de entre la gruta tambaleándose y haciendo aspavientos. Reparó en la luz de su candil, pero ya era demasiado tarde; lo había visto. Se acercó a él y alzó un brazo cubierto por una sustancia que recordaba a la brea.
- Por la Madre. - Fue lo último que dijo.



Había estado escuchando gritos durante toda la noche. Gritos que cortaban el frío y se clavaban en su ser como puñales. Pero no podía detenerse allí, en medio del camino pedregoso, puesto que la luz selénica bañaba todo el páramo y lo que fuera que estaba acechando lo vería.

Continuó andando durante una hora aproximadamente, y durante todo ese tiempo continuó escuchándolos. ¿Le estaba siguiendo? ¿O era que aquel camino pedregoso rematado por paredes montañosas le estaba jugando una pala pasada? A pesar de eso, no se detuvo, puesto que necesitaba un lugar en el que refugiarse.

Avanzó unos doscientos metros y comprobó que un borde del camino descendía hasta lo que parecía un riachuelo que encauzaba la poca agua que recogían las montañas en aquella época. De nuevo, un grito desgarrador le asaltó y le puso el corazón en la boca. Van se giró y descubrió una figura aferrada a uno de los salientes de la pared opuesta. Parecía humana, pero no podía asegurarlo. Tenía algo parecido a unos tentáculos y una mano deforme y anormalmente grande. Van no se lo pensó dos veces y saltó hacia el desnivel. Derrapó mientras intentaba frenar la caída con las manos, pero sólo consiguió arrastrar una pequeña avalancha de pequeñas rocas que lo empujó con más fuerza.
La criatura aulló y se lanzó a por él de cabeza, pero no tuvo la misma destreza que el muchacho, así que se fue al suelo y descendió dando vueltas de campana mientras su cuerpo se destrozaba una y otra vez. Tal era la velocidad que llevaba que rebasó al muchacho y se estrelló contra las rocas, rebotó un par de veces y cayó al riachuelo.

Van llegó hasta tierra firme y se quedó quieto. ¿Estará muerto? Pensó. Pero no tuvo que esperar más de unos segundos para darse cuenta de que no era así. Tumbado bocarriba en el agua, aulló de nuevo, y algo pareció despegarse él. Era una piel negruzca y como con vida propia. De nuevo gritó, pero esta vez con la voz de un hombre. Un grito de dolor, pero también de terror. La batalla se tornó más frenética incluso. Después de unos cuantos pataleos más, el hombre quedó inerte sobre la superficie del agua, con sus ojos abiertos mirando al cielo.

Van estaba paralizado ante la horrible representación que había tenido lugar delante de sus ojos. Justo cuando parecía que todo había terminado, el cuerpo dio otro espasmo y por sus orificios mano un icor negro, que se precipitó al agua. Esta adquirió una tonalidad oscura y pareció brillar durante un segundo. El muchacho se dejó caer en el suelo y continuó mirando. Algo pareció salir torpemente del agua. No se parecía a nada que hubiera visto antes. Era una especie de mancha reptante y pegajosa. Se arrastró hasta quedar a escasos dos metros del muchacho, que no daba crédito. La mancha se revolvió y se estiró un par de veces hasta que quedó quieta. Un ojo pequeño y blanquecino, en contraposición con el resto de sus ser, surgió en medio de la criatura. Después, una fisura se abrió en medio de su abotagado cuerpecillo. Ambos se contemplaron durante un tenso momento.

- Van . . . – Le pareció que las palabras salían de la abertura, pero no eran más que una serie de chirridos. La voz sonaba dentro de su cabeza con claridad. – El que ha escuchado la llamada del Caos.
Título: Re: Proyecto Bardha: Ubura
Publicado por: Khram Cuervo Errante en 06 de Julio de 2010, 09:28
Muy bueno... sólo una cosa. Lo que se hace con el alma es encomendarla a los dioses no encomiarla... :P