Autor Tema: [Historia] Erond  (Leído 1601 veces)

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[Historia] Erond
« en: 23 de Septiembre de 2009, 01:18 »
- ¡Uno, dos, tres, estocada! ¡Mal, muy mal! ¡La espada tiene que estar recta! ¡Así no podréis combatir por vuestro Rey!

Un trompetero da una nota larga. Es la hora de descanso.

- ¡Está bien, muchachos! ¡Venga, iros a vuestros hogares! ¡Dejad la espada y el acero!

Todos los adolescentes dejan las armas en las panoplias y se dirigen hacia sus casas. Un baño con agua ligeramente fría les sentaría de maravilla a sus maltrechas articulaciones y a sus cuerpos sudorosos.

- Hola, padre - saluda uno de ellos.
- Buenas tardes, hijo mío. ¿Qué tal el entrenamiento?
- ¡Muy bien! ¡Hoy casi he conseguido desarmar al instructor! -
dice con una sonrisa en la cara.
- Eso es bueno, hijo: un hombre tiene que cultivar la mente y el cuerpo por igual. Como ya dijeron hace muchos años... "Toda acción tiene su contraparte, y todo es sabio en su justa medida".
- Perdona, padre, pero... ¿de dónde vienen esos refranes?
- Los dejaron escritos los grandes Sabios cuando se fundó el reino de Erond.
- ¿Y antes del reino? Quiero decir, ¿qué había?

El padre suspiró y se dispuso a contar una larga historia entre el camino de la fortaleza de Zoria y Falkros.

Como ya sabrás, mucha gente adora a dioses, otros reniegan de ellos. Pero nosotros fuimos bendecidos con la verdadera sabiduría de lo que ocurre en el plano divino. Pues debes saber, hijo mío, que no existen tales dioses. Cuando el Orden y el Caos se enfrentaron hace ya eones, su lucha no fue desigual, fue una oposición entre dos fuerzas totalmente opuestas e iguales. Como si dos personas iguales tirasen de los extremos de una cuerda.

Pues bien, en esa lucha, surgió algo que no estaba previsto. Al encontrarse fuerzas tan enormes e inconcebibles, ocurrió que en vez de anularse, se juntaron... dando lugar a nuestro dios Irion.

- Así que nuestro dios es una unión de Orden y Caos -
dijo el muchacho.

- Sí, así es. Al ver las atrocidades que cada uno cometía en su nombre, Irion se retiró y esperó. Vio pasar multitud de guerras, la formación de muchas razas, la aparición de los hombres... y seguía esperando. Sabía que tenía mucho poder, mucho más que cualquiera de aquellos seres, pero no quería intervenir. Pues todas esas gentes obedecían a sus propios intereses, y eso a Irion no le agradaba en absoluto.

En su duermevela eterno, Irion vio un día a un numeroso grupo de gentes a punto de entrar en batalla. Se interesó por la causa, y bajó a Bardha con la apariencia de un joven muchacho. Allí, habló con los dos bandos enfrentados.
Los primeros eran eruditos y magos. Tenían el poder del agua y del fuego, y una gran cultura en sus cabezas. Pero aquella cultura los había vuelto prepotentes y se enervaban contra todo aquel que les llevase la contraria.
En el otro bando, había un numeroso grupo de soldados con relucientes armaduras de plata y obsidiana. Habían luchado en las guerras humanas durante mucho tiempo, y las victorias obtenidas los habían convertido en seres intransigentes, que desenvainaban la espada a la mínima contrariedad.
Irion se sentó en el medio de las yentes, y habló. Habló de todo lo que había vivido, de todos los sucesos acontecidos en el mundo durante todo el tiempo. Los magos y los guerreros quedaron admirados y miraron a aquel niño con reverencia. Irion habló durante tres días y tres noches. Ninguno de los humanos necesitaba dormir, pues las palabras de Irion los alimentaba. Habló del conocimiento, de la lucha, de la luz, de la oscuridad, y dijo que por encima de todas esas virtudes o actos estaba la cualidad suprema.

- La sabiduría -
contestó el muchacho.

- Correcto, la sabiduría. Pues Irion siempre había defendido que para que un ser comenzara a realizarse como tal, debía siempre buscar la sabiduría. En el justo medio estaba la clave.
Los magos arrojaron los cayados que llevaban al suelo, mientras que los guerreros se desceñían las espadas y las dejaban caer. Se abrazaron y lloraron, lamentándose por la ignorancia que los había llevado hasta esa situación, y se arrodillaron delante del niño, por haberles mostrado la vía del conocimiento. El niño se dio a conocer como Irion, hijo del Orden y del Caos, y único dios que vaga por los confines de Bardha. Dijo que no volvería a bajar a Bardha, y que ahora que ya conocían su objetivo, debían intentar alcanzarlo. Les dijo dónde debían asentarse. "Pues en otras tierras moran otros seres que puede que sean hostiles, y no quiero guerras inútiles que derramen sangre inocente. Moraréis en estas tierras, pues nadie las ha habitado antes, y tendréis territorio para vosotros y muchas generaciones futuras. Ahora, partid, y recordad que la Sabiduría siempre os guiará, estéis dónde estéis." - dijo Irion. El cuerpo del niño desapareció en ese instante.

Ahí es dónde comienza la fundación del reino de Erond. El primer Rey fue un joven espadachín que fue el primero en arrodillarse ante la figura de Irion. En el sitio donde se apareció, fundaron la capital de Inisma.
Los magos se dirigieron al Oeste, y allí edificaron el Templo consagrado a nuestro dios. Irion se sintió complacido por este gesto y a veces acude con su presencia e inspira a los sacerdotes.
Por el contrario, los guerreros fueron hacia el Este, y construyeron la gran fortaleza de Zoria. Pues más al Este había un gran desierto, y los habitantes de Erond tenían miedo de lo que pudiera venir de allí.

Erond creció rápidamente, pues muchos humanos acudieron a sus territorios atraídos por la paz que allí se respiraba y por la hospitalidad de sus ciudadanos. Ahora bien, cuando un erondiano se veía afectado de alguna manera, la paz se convertía en guerra, y la hospitalidad en desprecio. Pues, hijo mío, un erondiano puede ser el mayor villano del mundo, y acabar actuando como una persona maravillosa; o ser un hombre virtuoso y terminar por cometer actos atroces. Pues en esta dualidad reside la grandeza de nuestra gente. Somos lo que somos y hacemos lo que hacemos para alcanzar la Sabiduría. Los mayores guerreros y los mejores magos están al mismo nivel de alcanzarla, unos por el cuerpo y otros por la mente. Incluso el más pequeño de los niños podría llegar a obtenerla. Hasta tú, hijo mío, podrías acabar estando al lado de Irion en el reino celestial...

- ¡Sí, padre! ¡Prometo que me esforzaré en el entrenamiento y que repasaré todos los días!

- Estoy orgulloso de ti, hijo mío. Puede que llegues a ser un gran guerrero, o puede que acabes siendo un alto sacerdote, quién sabe... Solo Irion lo sabe...



Faukros ya aparecía frente a ellos. El sol brillaba mientras que padre e hijo atravesaban sus puertas. Quizás, desde algún sitio, Irion sonreía mientras los observaba.

Generous Inventor



Dadle a los huevos, que si no se me mueren los dragoncitos :llori: :llori:

Otro más que quotea frases:
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