Autor Tema: Proyecto Bardha: Ubura  (Leído 10038 veces)

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Proyecto Bardha: Ubura
« en: 23 de Septiembre de 2009, 12:27 »
22.04.2009, 23:59





Cosmogonía 0: "El Principio"



Caos, el Padre, dominaba la Nada.
Orden, la Madre, gobernaba el Todo.

Esto fue así por eones.

Pero un día, la naturaleza oscura de Caos lo llevó a intentar apoderarse de la otra mitad de realidad también. Por supuesto, Orden no lo permitió, y sus voluntades chocaron con gran estruendo. Tal fue la magnitud de este choque, que la la Nada y el Todo fueron engullidos por la vorágine de fuego que se produjo. En el ojo de este tornado impetuoso se encontraban Padre y Madre, luchando. Entonces, sucedió una cosa que no debería de haber sucedido; ambos se tocaron. Eso es, se tocaron, entraron en contacto. Sus dos esencias se fundieron y, durante un ínfimo instante, se unieron en un sólo ser.

Pero esta unión iba en contra de la Ley Primordial, por lo que fueron repelidos con la fuerza de una titánica explosión. Este estallido fue tan tremendo, que fragmentó sus esencias y las extendió más allá del tiempo y del espacio.

Pasaron muchos eones más cuando el polvo estelar procedente de ambos comenzó a arremolinarse y se fue juntando poco a poco, mota a mota, dando lugar al Multiverso, compuesto a partes iguales por Orden y Caos en un frágil equilibrio.
Y toda la materia existente conserva aún esta proporción.

No obstante, durante aquella colosal separación, un diminuto trozo de Caos puro, incorrupto por la cancerosa presencia de su opuesto, salió despedido y se perdió entre los pliegues infinitos de la Creación. Flotó a la deriva durante incontable tiempo, hasta que por fin dio con un plano que aún estaba gestándose, y cayó sobre él. Su maligna naturaleza corrompió el plano por completo, y lo deformó con su impía aura.

Pasaron incontables años, hasta que la fragmentada conciencia de Padre comenzó a despertar. Pero con el sonido de la explosión todavía resonando como un eco pasado, se dio cuenta de que aunque todos aquellos fragmentos formaban parte de sí mismo, habían adquirido una conciencia primitiva de individualidad.

Padre lanzó una llamada a sus miles de hijos, pero estos todavía no podían escucharlo.

Algunos de estos vástagos, que no eran más que jirones de niebla entre la niebla, se sintieron pronto hambrientos. Y así, estas voraces conciencias devoraron con avidez a sus hermanos más débiles, intentando saciar un horrible hueco dejado por algo sucedido milenios antes.

Unos pocos devoraron a tantos de sus hermanos, que alcanzaron otro estado de existencia. Una más concreta, más corporea. Y, aprovechando esta nueva condición, continuaron consumiendo a los demás. Pero pronto se dieron cuenta que estás ya no les saciaban de la misma manera, así que las nuevas criaturas se buscaron entre ellas por todo el plano, y lucharon por su supervivencia.

Finalmente, sólo tres de las conciencias iniciales llegaron hasta la última forma. Una forma tan poderosa, que habían acordado no luchar entre ellas para no poner en peligro su plano natal, Nahmia, al que amaban profundamente, y odiaban en la misma medida.

Después de pasar tanto tiempo gritando, estas tres aberraciones por fin oyeron la llamada de Padre.

"Cuando el último de los mundos sucumba a mi esencia y sea tragado por la oscuridad, volveremos a ser uno, tal y como anheláis."


Haciendo caso a sus instrucciones, los vástagos abandonaron Nahmia y se repartieron por la Creación, llevando consigo el caótico mensaje de su progenitor con un único propósito.


Todos los presentes se quedaron mirando al hombre que acababa de levantarse de su asiento y había recitado lo siguiente.
Algunos lo contemplaron estupefactos, otros burlones, pero todos lo miraron aterrados cuando una sustancia viscosa, parecida a una porción de sombra con vida propia, se extendió por su cuerpo a una velocidad vertiginosa y lo convirtió en la horrible criatura que ellos conocían como yune.




PD: Bueno, aquí está la primera parte de la cosmogonía de mi raza de sombras, cuyo nombre está aún por determinar. Se aceptan sugerencias y críticas, por supuesto.
« última modificación: 23 de Septiembre de 2009, 12:28 por Wind_Master »
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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #1 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:29 »
23.04.2009, 01:21

Vaya, tienes el papel d elos chungos.

Está bien, y se lee fácil. Buena ^^

[Psyro]
« última modificación: 23 de Septiembre de 2009, 12:29 por Wind_Master »
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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #2 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:30 »
23.04.2009, 09:36

Como dice psyro, son los chungos.

Es muy interesante, aunque breve. Supongo que irás posteando más, pero desde ya te pregunto, ¿son los yune Altos Señores del Caos?

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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #3 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:30 »
23.04.2009, 09:58

Pues un buen comienzo. A ver si pones la siguiente parte de la cosmogonía :D

[Thylzos]
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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #4 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:30 »
23.04.2009, 12:01

No, Master, los yunes vendrían a ser un híbrido de cualquier raza con la menor de la criaturas sombrías, que son tan débiles que necesitan un huésped para poder luchar.

[Wind_Master]

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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #5 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:31 »
23.04.2009, 18:08

De momento no se puede decir mucho, pero tengo una ligera queja:

    Cita
    Escrito originalmente por Wind_Master
    Pero un día, la naturaleza oscura de Caos lo llevó a intentar apoderarse de la otra mitad de realidad también. Por supuesto, Orden no lo permitió, y sus voluntades chocaron con gran estruendo. Tal fue la magnitud de este choque, que la la Nada y el Todo fueron engullidos por la vorágine de fuego que se produjo. En el ojo de este tornado impetuoso se encontraban Padre y Madre, luchando. Entonces, sucedió una cosa que no debería de haber sucedido; ambos se tocaron. Eso es, se tocaron, entraron en contacto. Sus dos esencias se fundieron y, durante un ínfimo instante, se unieron en un sólo ser.

    Pero esta unión iba en contra de la Ley Primordial, por lo que fueron repelidos con la fuerza de una titánica explosión. Este estallido fue tan tremendo, que fragmentó sus esencias y las extendió más allá del tiempo y del espacio.

    Pasaron muchos eones más cuando el polvo estelar procedente de ambos comenzó a arremolinarse y se fue juntando poco a poco, mota a mota, dando lugar al Multiverso, compuesto a partes iguales por Orden y Caos en un frágil equilibrio.
    Y toda la materia existente conserva aún esta proporción.



Me recuerda mucho a la leyenda de la creación de Memorias de Idhún, salvo que en estas se llaman Um y Ema. También se encuentran, pelan y revientan en el Big Bang. No se a lo mejor es coincidencia pero bueno yo lo digo...

[epi.el.anonimo]
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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #6 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:32 »
23.04.2009, 20:03

Que me parta un rayo si sé que son las "Memorias de Idhún".

[Wind_Master]
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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #7 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:32 »
23.04.2009, 20:45

Es una trilogía escrita por Laura Gallego García, es buena, aunque un tanto infantil y a veces muy rara (es más, uno de los malos malísmos que al final se hace bueno es un cantante famoso que hace conciertos etc.etc., eso me chocó un poco :D), pero aún así te la recomiendo, es entretenida ;)

Saludos y perdon por desvirtuar...

[Riddick II]
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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #8 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:36 »
23.04.2009, 22:31

Cosmogonía I: "Las Lágrimas Negras"



Cosmogonía I: "Las Lágrimas Negras"



El joven bibliotecario recorrió con sigilo las estanterías repletas de ejemplares polvorientos mientras sostenía un candil. Sus manos pasaron por encima de varios tomos, pero no se detuvieron.

Hacía un par de días, mientras colocaba de nuevo en su sitio unos libros, había tirado un volumen. Daba la sensación de que se había caído al suelo solo, pues el muchacho apenas lo había rozado, pero aquello era una soberana estupidez. Sea como fuere, este se había abierto y había dejado al descubierto un extraño dibujo; parecía un hombre, salvo por una gran cabeza astada y carente de rasgos. A su pies se concentraban unas inquietantes criaturas negras, cuyos pequeños y maléficos ojos le habían hecho sentir escalofríos.

Lo había recogido, y había mirado su cubierta. Esta estaba tan deteriorada que no pudo distinguir las palabras escritas en ella. Tampoco lo reconoció por su lomo, a pesar de que se jactaba de su brillante memoria. Lleno de curiosidad, lo abrió por el principio y comenzó a leerlo con cierta dificultad, ya que estaba escrito en lengua antigua. Mas no tuvo tiempo de satisfacerla, ya que su maestro lo había llamado y se acercaba hacia él con paso decidido.
- ¡Muchacho! - Gritó nada más verlo. - ¿Dónde te habías metido?
- Lo siento, señor. - Dijo mientras intentaba esconder aquel hallazgo detrás suya. - Estaba ordenando.
- ¿Qué llevas ahí? - Preguntó mientras sus oscuros ojos se clavaban en el muchacho.
- Aquí, pues . . . un libro. Estaba en el sitio equivocado. - Mintió.

El anciano guardó silencio durante unos segundos, como sopesando la verdad de aquella afirmación.
- Déjalo en su sitio y sígueme, tienes cosas más importantes que hacer. - Ordenó y se dio la vuelta.

Ahora, buscaba ese libro de nuevo, pues había pasado tanto miedo cuando su maestro lo había descubierto que no recordaba con claridad donde lo había puesto. Quizás aquella incertidumbre se debía también a la construcción de la biblioteca, que hacía fácil confundir unos pasillos con otros, y unas estanterías con las demás.

Continuó vagando inmerso en aquel silencio, mientras iluminaba discretamente. Un par de veces tuvo que volver sobre sus pasos y continuar en otra dirección, pues se había equivocado. De repente, se paró en seco. Alargó la mano hasta un ejemplar y lo retiró; justo detrás se encontraba el viejo tomo que llevaba cerca de una hora buscando. Se sentó en el mismo suelo con las piernas cruzadas.

"Lloró Mela, y también el astro rey, pues habían nacido las Tres Lágrimas Negras. Guiadas, pues, por el eco de su progenitor, habían viajado por la Creación devorando los mundos a su antojo. " Leyó.

Pasó una página y se encontró con otro de aquellos inquietantes dibujos. Esta vez se trataba de una criatura parecida a una serpiente, o quizás a un gusano gigante, que se regodeaba en su propia mugre. Como la vez anterior, decenas de seres de ojos pequeños acechaban. El chico se fijó en una nota al pie de la ilustración, que rezaba algo así como "Naghassiraz, la Matriarca".

Otro escalofrío recorrió al chiquillo, y entonces tuvo la certeza de que no debía estar allí leyendo herejías escritas por una mente enloquecida. Es más, estaba seguro de que si su mentor lo descubría en medio de la noche, sosteniendo un tomo que debería ser lectura prohibida para él, las consecuencias serían graves. Así pues, se levantó y dejó el volumen en el mismo sitio, escondido detrás del otro, lejos de miradas casuales. Se retiró a su habitación y se acostó tratando de no hacer el más mínimo ruido, pues descansaba pared con pared con el anciano.

A la mañana siguiente se despertó bañado en un sudor frío, producto de una pesadilla realmente vivida. Apenas recordaba nada de ella, como suele pasar, pero estaba seguro que unas criaturas de coloración tan oscura como las sombras, y de ojos blanquecinos habían aparecido en ella.
Su sabio maestro pareció percatarse de su confusión puesto que nada más verlo dijo:
- Tienes mala cara, niño. ¿Has dormido bien?
- No tan bien como me hubiera gustado, señor. - Dijo, eludiendo su mirada.
- Seguro que otra vez te has vuelto a dormir tarde leyendo fantasías de esas. - Aventuró con voz áspera.


Durante todo el día no pudo quitarse de la cabeza lo acontecido la noche anterior, por lo que estuvo distraído y eso le reportó varias reprimendas. Finalmente, sobrevino el ocaso, y ambos se retiraron a sus aposentos. El muchacho se acostó pronto e intentó alejar de sus pensamientos aquellos dibujos y palabrejas infames, pero por alguna razón no pudo. Desaparecían un instante, y volvían a aparecer con renovada fuerza al filo de su mente; cuando menos se lo esperaba, se encontraba con que estaba pensando en ellas de nuevo.
Dio tantas vueltas en la cama sin conciliar el sueño, y sintió tanta rabia, que se levantó de improviso y salió del cuarto. Armado con un candil, se aventuró de nuevo por los pasillos laberínticos. Esta vez, tardó mucho menos tiempo en encontrar a su torturador.

"Y de su útero corrupto nacieron las criaturas Huine, los Hijos de las Sombras, como son conocidas en Bardha.

Son tan oscuras, que aclarecen a la misma noche; lo único que desentona con lo demás son sus pequeños ojos blancos, que brillan con la locura del Caos. Se mueven en absoluto silencio, y se cuelan a través de las rendijas de las puertas y los resquicios de las ventanas. [...]

Sólo los más valientes entre los valientes pueden hacerles frente, pues su presencia causa tal pavor entre las gentes sencillas, que sus corazones dejan de latir, abrumados por el miedo."

Y, abrumado por el miedo, el chico dejó el libro en el mismo lugar, y huyó corriendo.


- De nuevo te has acostado tarde, ¿no es cierto? - Inquirió. Su pupilo no respondió, sino que se rascó los legañosos ojos. - Muy bien.

Su maestro se aseguró de encargarle las tareas más duras y de no dejarle un momento para que recuperara el aliento. De esa forma, cuando acabara la jornada, caería redondo en su cama. Pero resultó que su aprendiz no estaba tan cansado como parecía, pues volvió a salir en mitad de la noche y se internó en la biblioteca de manera furtiva. Tomó el volumen y abrió con ansiedad sus páginas. Una figura alta y esbelta, de porte casi humano, lo saludaba desde el papel. Su lengua bífida, cual serpiente, lamía uno de sus labios.

Aquel era Shulzuth, el Embaucador. El autor del libro macabro decía que fue el segundo en nacer, y que era el responsable de las batallas y los rencores del mundo, pues con su lengua y sus palabras, envenenaba la mente de los mortales y los manipulaba a su antojo.
El chico volvió a mirar el dibujo, y aquello se le antojó tan verdadero como el frió y duro suelo de piedra en el que estaba sentado.

De repente, oyó un ruido. Asustado, escondió su tesoro y salió corriendo con el corazón retumbando en sus oídos.


La noche anterior había tenido la mala suerte de haber tropezado con uno de los escritorios donde los copistas hacían su aburrido trabajo, por lo que su sagaz pupilo había huido y no había podido cogerlo con las manos en la masa. Pero esta noche era diferente; se encontraba agazapado tras una de las estanterías, por lo que cuando su aprendiz irrumpiera en mitad de la noche, lo seguiría y vería con sus propios ojos qué era lo que estaba haciendo. Y si estaba leyendo uno de aquellos ignominiosos libros . . .

Hubo un crujido, y la pesada puerta de madera se apartó a un lado. Una figura delgada cruzó el umbral, y dejó la puerta entornada con cuidado. La luz de la llama bailó cuando este salió corrió con paso decidido. Dobló una esquina y se dirigió con rapidez a la parte más alejada de la estancia. Su maestro maldijo y echó a andar con muchísimo cuidado de no derribar ningún taburete ni de rozar con la túnica ningún libro. Avanzó con paso lento, pero seguro de que esta vez no se le escaparía.


Ch’taren, la más joven de las Lágrimas Negras, lucía un aspecto lujurioso fruto de la mente perversa del artista. De los tres dioses del panteón oscuro, ella era sin duda la más agraciada. Unas sedas translúcidas apenas cubrían su cuerpo de ébano, sobre el que caía una cabellera tan negra como una noche sin luna. El texto que acompañaba a la representación decía que había sido rechazada por sus hermanos, pues parecía no tener ninguna habilidad en especial. Humillada, desapareció durante incontables años. Cuando regresó junto a ellos, no sólo había aprendido magia, sino que había desarrollado un talento con el que podía controlar a todos y cada uno de los demás elementos.

Lo llamó Éter, y les demostró cuán grande era su poder. Decenas de mundos se rindieron a sus pies, mientras ella esbozaba una sonrisa.

Justo cuando fue a pasar la página, reparó en una pequeña mancha en la esquina de la hoja. Pasó el dedo, pero esta no desapareció. Molesto, rascó y rascó, hasta que por fin se perdió de vista. Continuó leyendo hasta que sintió algo extraño. Cuando se miró la mano, comprobó con horror como esta era de un negro nocturno. Dejó caer el libro y se puso de pie.


El maestro escuchó un grito angustioso, por lo que dejó su cómica posición de sigilo y salió corriendo hacia su procedencia. Cruzó un par de esquinas a la carrera y por fin llegó hasta donde se encontraba su alumno. El problema, era que su alumno no estaba allí. Lo único que había allí era la lámpara cuya luz había seguido y un tomo en el suelo.

Pensó que aquella podía haber sido una estratagema de su pupilo para escapar sin que este lo sorprendiera pero, de repente, tuvo un mal presentimiento. Se giró y se encontró con una criatura que hubiera podido pasar por una simple sombra, mirándolo con unos ojos que desprendían una malicia inhumana.

Su corazón ya había dejado de latir cuando sus garras se cerraron sobre su cuerpo inerte y lo destrozaron sin compasión.


« última modificación: 06 de Julio de 2010, 01:46 por Wind_Master »
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Re: Proyecto Bardha: Ubura
« Respuesta #9 en: 23 de Septiembre de 2009, 12:37 »
25.04.2009, 15:26

Está muy bien. La descripción de las criaturas me recuerda a Lovecraft.

Sigue un poco más e intentaré hacer una crítica Alastoriana.

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