Autor Tema: El Libro de Avishira  (Leído 5264 veces)

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El Libro de Avishira
« en: 24 de Septiembre de 2009, 19:46 »
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GRAN LIBRO DE AVISHIRA

Bandera

Proporciones: 2:1
Simbología:
El dragón no es un dragón cualquiera (en cuyo caso representaría meramente fuerza), sino un dragón enroscado, que es el símbolo del conocimiento de la perdida civilización de Aiubor. Al adoptarlo en su bandera, los avishenios se reclaman herederos de aquella fabulosa cultura. Esto no es una bravuconada, sino algo que están legitimados a hacer derecho de sucesión (más información en la fundación de Avishira).

El rombo granate procede del antiguo reino-ciudad de Kwassantur, que fue el padre directo de Avishira.
El negro de la mitad superior representa la tierra. Esto es así porque los avishenios consideran más apropiado el digno negro que el vulgar marrón para su bandera. Por último, el amarillo bajo el negro representa riqueza.
Esta composición significa que bajo la tierra (negro) dominada por los avishenios guardan su gran fortuna (amarillo).

Historia:
Esta bandera no fue oficial hasta el año 1175 dfA, noventa años desde la fundación del reino. Se atribuye su composición a un historiador emparentado con la familia real, alrededor del 1152. Desde entonces fue ganando popularidad entre los avishenos hasta que el rey Ilantaril la adoptó como bandera oficial del reino, sustituyendo la antigua y poco motivadora bandera de tres franjas verticales negro, blanco y amarillo.

Himno
Este es un estracto del himno:
http://www.noteflight.com/scores/view/c8adcf9608c87faf0af0f74557a7860d4568a18c

Historia:
El himno de Avishira es un arreglo hecho por el compositor Tubnili Ushia (exacto, la misma persona que me pasó los relatos) de una canción popular de la región. Estoy trabajando para traducir la letra.

Más música
Música tradicional

Geografía



Capítulos del Libro
I: Del Origen de Bardha y sus Razas (este post)
II: De las Altas Guerras
III: Relatos de los goganu antiguos

Relatos
I: Un nuevo reino bajo las montañas
Anexo: Cronología


Bardha, un mundo rebosante de vida habitado por varias razas. Fesfos danzarines viviendo en las ramas de los árboles, tranquilos e inocentes. Warfos bajo las olas, gobernando reinos en sus palacios de nácar, indiferentes al mundo de arriba. Humanos toscos e ignorantes que se reproducen y pueblan los reinos con su prole. Issfos, alejados de todo en sus islas flotantes, sumidos en la contemplación y autoconvencidos de su propia perfección.
Pero mientras unos y otros danzan, gobiernan, se reproducen, y viven de la autosatisfacción, los pacientes goganu continúan su labor bajo las montañas, observando, siempre observando.

Durante milenios, los sabios de entre los goganu han observado los sucesos acaecidos en la superficie de Bardha y, aún con grandes dificultades, bajo sus océanos. Han llenado cuevas enteras con sus registros. No han dejado de notar cualquier acontecimiento por más nimio que fuera, de anotarlo y de clasificarlo, llevados por un afán de conocimiento inexplicable para otras razas. Los goganu han experimentado con todos los elementos a su disposición. Han arrancado fuego de la roca y agua del metal, y han aprendido a construir artefactos tan intrincados como el funcionamiento mismo del mundo.

Este afán de conocimiento ha sido su fuerza motriz, como lo es la naturaleza para los fesfos, el control para los warfos, la guerra para los humanos y la contemplación para los issfos. Un sabio gogan dijo una vez: "Dadme saber, y moveré Bardha".

Los primeros registros gogan comienzan siglos antes de las Altas Guerras, y tratan de la creación del mundo. Sus fuentes son desconocidas pero no se nota la sombra de la duda en sus delicados trazos, sino la confianza que da un conocimiento categórico. Estos registros comienzan así:

Capítulo I: Del Origen de Bardha y sus razas.
Por Nimidum, el viejo, de Muhenbarat. Año 689 d.f.A

Son dos fuerzas las que rigen el mundo, y cinco los elementos que lo componen. Esta es la primera verdad. Las fuerzas son Quietud y Movimiento, conocidos también como Orden y Caos, Atracción y Repulsión, Amor y Odio. Estas son las fuerzas que mantienen cohesionada la roca, y liviano el aire.

Los elementos son Fuego, Aire, Agua, Tierra y Metal. Fuego, como el que se encuentra en el Sol, transmite la fuerza del Caos y siembra el odio en lo que antes estaba unido. Aire y Agua, elementos esenciales de la vida, necesarios para ésta. Tierra, así es como conocemos la forma desordenada de la misma materia que compone nuestros cuerpos. Metal, en tí encierras el Orden y la fuerza, y por estas cualidades los goganu te apreciamos tanto.
El Inicio de todo está en el fluir constante de las dos fuerzas, cosa que los antiguos dieron en llamar "Motor Cósmico". Desconocemos si el Multiverso existía anteriormente, pero fue con el motor cósmico con lo que adquirió la forma que conocemos actualmente: Un espacio sin límite conocido que alberga materia.

Al principio, la materia estaba desordenada y dispersa, pero la acción de las dos fuerzas le imprimieron movimiento. El fuego atrajo al fuego formando las estrellas. Los otros metales se encontraron formando parte de los planetas y demás cuerpos celestes.

Nuestro mundo, bardha, era uno de esos planetas, que gracias a encontrarse a la distancia adecuada del Sol y de tener una composición determinada, pudo generar vida. El fenómeno del origen de la vida es difícil de comprender aún por los más sabios, aunque todos coinciden en que todo ser viviente participa de los cinco elementos y sufre las dos fuerzas.
La vida creció y se diversificó. Conoció tiempos de fertilidad y tiempos de extinción, pero siempre siguió adelante. Con el tiempo generó cuatro líneas predestinadas a gobernar Bardha. No deja de ser llamativo que los vástagos de las cinco líneas muestren tendencias asociadas a un elemento dado.

De los Issfos, los dragones y los warfos

Los primeros en salir del fango primordial fueron los Issfos. El aire era fuerte en ellos, y su habilidad, que aún no comprendemos, les permitió elevar grandes islas y suspenderlas en los aires, convirtiéndolas en su hogar.

Es difícil hablar de los Issfos, pues son una raza esquiva y es difícil examinar a algún ejemplar. Todo lo que sabemos de ellos es lo que ellos mismos cuentan en sus relatos. Esos relatos hablan de una Bardha de ardiente superficie y de un reino maravilloso elevado por encima de las nubes.
Sus relatos primigenios se dividen en dos partes: "Del terrible pecado, o el surgimiento de los dragones" y "Del noble sacrificio, o el surgimiento de los warfos". El primero narra el episodio adaptado por los goganu como la Dragunaga. En él se cuentan los sucesos acaecidos a Draegur, príncipe de los issfos y padre de la alquimia.

Del terrible pecado, o el surgimiento de los dragones
Los propios cronistas issfos tienen dificultades para datar estos sucesos, que sitúan con no demasiada confianza en un tiempo mil años anterior a la caída de nuestra Aiubor.

Draegur era uno de los más talentosos issfos y, seguramente, uno de los personajes más importantes de la historia. Entre sus aportaciones está la propia escritura, en su forma ideográfica, y el principio de la experimentación de los elementos.
En su experimentación fue también el primero en identificar correctamente los cinco elementos y dejar constancia de sus principales diferencias, aunque a nosotros, los goganu, su estilo nos parece demasiado poético y falto de rigurosidad. Sus estudios avanzaron enormemente, hasta el punto de trastocar su personalidad. Llegó a tratar de utilizar los conocimientos que había adquirido, y comenzó a experimentar con fuego.

Muchos años pasó con sus discípulos, aprendiendo a manejar este elemento. Sólo su extraordinario talento le permitió dominarlo con la misma perfección que su elemento racial, el aire. Pero entonces sobrevino una gran catástrofe para él. Se dice que sufrió una terrible transformación. De su piel brotaron escamas y su boca se convirtió en un hocico humeante. No sabemos con exactitud si fue un castigo dado por sus propios congéneres issfos, o si fue un proceso natural, que demostraría que hay una predestinación racial hacia un solo elemento que no se debe romper.
Draegur fue increpado por sus hermanos. Todos sus discípulos sufrieron su mismo destino, y fueron llamados genéricamente con el nombre de su maestro: "draeguren", que acabó transformándose en "dragón". Convertidos en terribles bestias, se reconocieron culpables de su pecado y se exiliaron de las islas flotantes hacia las montañas del Alba, donde encontraron una cueva lo bastante profunda para tapar su vergüenza. Y allí habitaron por milenios escondidos de los ojos de los demás.

Desde ese momento quedó claro el peligro en dominar varios elementos, y de violar el orden impuesto por la naturaleza.

Del noble sacrificio, o el surgimiento de los warfos
Este suceso está íntimamente relacionado con el anterior, por lo que tradicionalmente se ha establecido que dista apenas un siglo del primero.

La crónica comienza explicando los cambios sucedidos en la superficie de Bardha desde el exilio de Draegur. Narra una bajada de temperatura que hizo la superficie más habitable. Cuenta también un aumento de las lluvias sin parangón e identifica el nacimiento de todos los océanos.

Hace referencia a una de las islas flotantes de los issfos, cuyo nombre se ha perdido, que se encontraba más baja que las otras. Esta isla era gobernada por un issfo llamado Waras, que observaba con preocupación el aumento del nivel de las aguas, provocada por una lluvia que no cesaba.

Las prácticas alquímicas habían sido abandonadas desde el exilio de Draegur, y aún faltarían quinientos años para que fueran retomadas, sin embargo entre los issfos más sabios se llegó a la conclusión de que la magia empleada para mantener las issfoadas flotando era la causante de aquella terrible catástrofe que los amenazaba a todos. Varias islas fueron inundadas, y muchos issfos murieron.
Ante la inminencia del fin, el gobernante Waras propuso una solución. Pidió que le permitieran a él y a sus súbditos sacrificar su condición para salvar a los otros, dejando sumergirse su isla en las profundas aguas, pagando con ello la estabilidad de Bardha. Muchos fueron los que se negaron, señalando que el sacrificio de tan nobles issfos era muy superior a la vida de los otros. No obstante, vieron la determinación en los ojos de Waras y supieron que no podían impedirle llevar a cabo su solución. Fueron trece los nobles issfos que, inspirados por Waras, se unieron a él para sacrificarse junto con sus súbditos.

Las islas de los valientes seguidores de Waras fueron sumergidas, compensando con ello la magia empleada para mantener a las otras y salvando Bardha de la inundación. Pero algo no salió como estaba previsto. La Gran Madre se había apiadado de aquellos valerosos hijos, y escogió un destino diferente. Despojó de su esencia racial a los seguidores de Waras y, en cambio, les infundió el elemento acuático, permitiéndoles vivir. Desde entonces, a los seguidores de Waras se les conoce como Warfos.


De los Fesfos

Tras los sucesos narrados en "El surgimiento de los warfos", surgieron las demás razas que pueblan Bardha. Una vez el nivel del mar se niveló aproximadamente en su valor actual, quedaron al descubierto los dos grandes continentes. Los ríos comenzaron a manar de sus lechos helados en lo alto de las montañas, y alimentaron los primeros bosques. Éstos eran selvas indómitas y profundas, de los que surgió la raza de los fesfos.

Los fesfos son fáciles de clasificar y de cazar, permitiendo esto que nuestro conocimiento de ellos sea elevado. Su piel es una corteza fina, a veces lisa y a veces cubierta de espinas. Estos seres no se alejan mucho del agua ni de los bosques en general. Los fesfos poblaron todos los bosques primitivos, multiplicándose a la vez que se multiplicaba la vegetación que cubría la tierra.
No ha llegado a nuestro conocimiento que antes de nuestros primeros registros hubiera reinos entre los fesfos, ni conocemos su organización social, que suponemos ausente.

La esencia racial de los fesfos es la tierra.

De los Goganu

Sin duda, la Gran Madre deja sus mejores creaciones para el final. Así, los goganu fuimos la última de las razas en surgir. No fueron las estrellas o el Sol los testigos de nuestro nacimiento, como con las otras razas, sino la propia Gran Madre que nos alumbró directamente de su interior, de sus cavernas más profundas.
Junto a nosotros, del mismo tronco común, nacieron otras criaturas menos favorecidas. Entre ellas están los ogros, de gran tamaño y brutalidad sin límite conocido. No ha de considerarse a los ogros como una raza dominadora de Bardha, equiparándolos a los issfos, los warfos, los fesfos o nosotros mismos. No disponen de ninguna capacidad creativa ni racional, por lo que a menudo se los coloca en un nivel intermedio entre alimaña salvaje y criatura inteligente. Conocemos que los ogros son seres solitarios, de gruesa piel como cota de malla y dientes como dagas. Amaestrarlos es muy costoso y difícil, y aún amaestrados son peligrosos si no se saben controlar.

Los goganu primitivos no eran como nosotros. Tradicionalmente distinguimos tres estadios en nuestra evolución. Los goganu de oro, los de plata y los de bronce

La estirpe de oro y la era mítica
Los de oro fueron los precursores. Habitaron unas pocas cuevas y llevaron vidas sencillas e inocentes sin interferir con otras razas. De su época vienen la mayoría de nuestras leyendas y nuestros mitos, como el del origen del Sol: Se cuenta que unos goganu, cansados de la oscuridad, crearon el Sol llevando al cielo gran cantidad de oro reluciente.

La estirpe de plata y la era del saber
Los goganu de oro devinieron en goganu de plata, en los que despertó ese terrible afán de conocimiento que es nuestra marca distintiva. Establecieron el primer reino gogan: Aiubor, a partir del que contamos los años.
Aiubor fue fundado por Aiurat cerca de las montañas del Alba, donde se habían exiliado los dragones. Se cuenta que Aiurat y sus hermanos, aún niños, se perdieron y llegaron hasta la cueva donde dormían las criaturas de fuego y viento, y las despertaron de su sueño de dos milenios. Aiurat reconoció el increíble conocimiento de estas criaturas, y les rogó que le transmitieran todo el saber posible a cambio de todo el oro que extragera en su vida. Los dragones aceptaron a compartir parte del secreto del fuego y algunos más. Así fue como Aiurat adquirió tan grandes conocimientos y fundó Aiubor, un reino sin parangón en belleza y poder.

Se estima que los sabios de Aiubor adquirieron el conocimiento de la alquimia del propio Draegur, que aún vivía ya consumido y viejo. Aiurat es considerado el más grande gogan de todos los tiempos, y entre otras cosas, creó la escritura gogan usada ahora por todos nosotros, basada en una sencilla idea filosófica: Imitar con la pluma lo que se hace con la boca. Se trataba de la primera escritura fonética.

Sin embargo, tanto conocimiento acabó por corromper el alma de los goganu de plata. Se llevaron a cabo atrocidades. Ayoth, un príncipe gogan desheredado por haber cometido adulterio, secuestró un dragón de la cueva y le pervirtió la mente para utilizarlo como arma contra su padre y conquistar el trono. Se produjo una de las pocas guerras civiles entre los gogan, produciendo la caída de Aiubor tan solo trescientos años después de su fundación.

La estirpe de bronce: Era actual
La raza de los goganu se restableció con la última estirpe, la llamada "de bronce". No es por esto más débil ni peor que las anteriores. Únicamente ha perdido el conocimiento alquímico de Aiubor, y ya no vive en la época mítica de la estirpe de oro.
Los nuevos gogan se extendieron por Bardha y encontraron refugio en sus montañas y cordilleras, fundando nuevos reinos de poco esplendor.

Han pasado cuatrocientos años desde la caída de Aiubor. Nosotros, los gogan de bronce, somos los observadores del mundo, los que tratamos de resucitar los antiguos saberes.

FIN DEL EXTRACTO


Este libro fue escrito por Nimidum, el viejo, de Kwassantur, que vivió en dicha ciudad cien años antes del inicio de las Altas Guerras.



PD: Mystik. No hablo más que de un tipo de fesfo, porque los sucesos narrados en "Del origen de Bardha y sus razas" ocurren antes de las Altas Guerras.
No hablo de los humanos por el mismo motivo. Ellos surgieron durante las altas guerras.
« última modificación: 24 de Septiembre de 2009, 19:50 por master ageof »
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #1 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:54 »
Wind Master

Sensacional, Master, no se podía esperar menos de ti. Espero que nos dejes disfrutar de unos cuantos extractos más. (Por que es con "x", ¿no?)

PD: Los Huines (pronunciado Yu-i-nes) nacieron mucho antes, pero Bardha no los vio hasta las Altas Guerras.
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #2 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:55 »
Capítulo II: De Las Altas Guerras
Extracto del registro de Nimidum, el jóven, de Muhenbarat. Año 1032 d.f.A

De los reinos goganu antes de las Altas Guerras

Quinientos años separan la caída de Aiubor del inicio de las Altas Guerras. Durante estos quinientos años, los goganu de la nueva estirpe se diseminaron por Bardha. Ocuparon las cuevas de las montañas y, cuando éstas no tenían, las excavaban ellos mismos.
El mundo gogan consistía en unos cuantos clanes, en número desconocido. Estos clanes se establecieron en distintos puntos de Bardha y, con el tiempo, se llamaron a sí mismos con la denominación "reino", intentando alcanzar nominalmente la altura de la perdida Aiubor.

De estos reinos cabe destacar dos. Elyamabor al norte y Muhenyodabor al sureste. Poco conocemos de los clanes goganu que cruzaron el mar para establecerse en el continente oriental.

Elyamabor fue fundado por un gogan portador de la sangre real de Aiubor, de nombre Astabit. Su reino era tan solo un conjunto de clanes: un cobertizo comparado con la gloria de la antigüedad, que sólo contaba con un gran territorio para sacar ventaja a sus vecinos.

Muhenyodabor estaba constituido por clanes libres de baja sangre. Habitaron el cabo sureste del continente occidental hasta el inicio de las Altas Guerras.

Ambos reinos se enzarzaron en absurdas rivalidades por la supremacía gogan. Sus enfrentamientos, sin embargo, nunca desembocaron en guerra, sino en competiciones de varios tipos. Nacieron así los juegos guganaku, alrededor del siglo quinto desde la fundación de Aiubor (segundo desde su caída).

De los Altos Señores

El origen de los Altos Señores es un misterio aún no resuelto por los guganu. Se sabe poco sobre ellos, y aún lo poco que se sabe es suficientemente inquietante. No pertenecen a Bardha, ni fueron originados en ella. Además, cada uno de los Altos Señores responde exclusivamente a una de las fuerzas primordiales descritas originalmente por Aiurat el Sabio: Orden y Caos.

Se desconoce cuánto tiempo estuvieron observando Bardha, aún indecisos de entrar en ella. Hay varios sucesos documentados, como luces suspendidas en el cielo que desaparecen con un estallido, que parecen señalar la presencia de estas entidades en tiempos tan tempranos como el siglo VI desde Aiubor. Sin embargo, la primera vez que se reconoce su intrusión en este mundo es a principios del siglo XIX.

Los Altos Señores bajaron a Bardha y tomaron forma. Sus formas eran, al principio, irreconocibles y extrañas, como seres de muchas patas y ojos o monstruos de barias bocas. Poco a poco, quizás con la experiencia, fueron adquiriendo formas más reconocibles, pasando de monstruos a bestias, de bestias a formas superiores animálicas y, por último, a su aspecto final.

El aspecto final de los Altos Señores es el que les da su nombre. Unas altísimas figuras, muy esbeltas, vestidas con una túnica y una capucha escondiéndoles el rostro. Los Altos Señores que respondían al poder del Orden llevaban una túnica blanca y, opcionalmente una capa de plumas blancas. En cambio, los que se movían con el poder del Caos llevaban túnicas de diversos colores y plumas negras de cuervo.
Los Altos Señores de uno y otro bando fueron recibidos en audiencia por todos los pueblos, desde nuestros clanes hasta las issfoadas. En presencia de jefes tribales y grandes reyes, hicieron exhibición de su poder y deslumbraron las mentes de los simples mortales con una luz que no se podía apagar y un susurro que no cesaba. Y el susurro era la voz inaudible del Alto Señor que había esclavizado su voluntad prometiéndole lo que más ansiaban: Gloria a los Issfos, poder a los warfos, territorio a los fesfos y sabiduría a los gogan.

De ese modo, los Altos Señores reunieron ejércitos de issfos, warfos y fesfos, prestos para comenzar una gran guerra cuyo origen no entendemos. Los goganu, varios metros bajo la tierra que pronto se regaría de sangre, se reunieron en el primer concilio Gogan. Allí, todos los clanes resolvieron aparcar sus diferencias y no entrar en aquella guerra extraña, salvo un clan, el de los oday, que abandonó el concilio para unirse a las fuerzas del Caos.
El patriarca de los oday se llamaba Sabath, y su mente había sido envenenada por las promesas de conocimiento. Puso a su clan a disposición de aquellos Altos Señores, y su naturaleza fue pervertida y maldita desde entonces. Su aspecto físico mutó, la piel se les volvió de un rojo muy oscuro, les creció el vello en el cuerpo y se les alargó el hocico. Se convirtieron en animales, aún provistos de inteligencia, pero no ya de una inteligencia gogan. Fueron llamados Oburu. Los Altos Señores llenaron la cabeza de los Oburu de una sabiduría mística y desconocida en Bardha, una sabiduría que era como una droga y que les esclavizó. Fueron usados en las Altas Guerras como punta de lanza hasta que prácticamente fueron aniquilados.

Durante las primeras batallas, los Altos Señores mostraron un poder sin límites. Ya fueran en posición avanzada de su ejército o en la línea defensiva, un movimiento de su brazo convertía una montaña en un cráter, o provocaba una inundación. La orografía de Bardha cambió durante estas guerras. El origen de su poder está en un elemento nuevo, no conocido por nuestros antepasados, llamado Éter. Durante las guerras, el propio aire estaba ligeramente impregnado de esta sustancia, y los sabios goganu lo aislaron y estudiaron, aunque no lo utilizaron por miedo a su poder.

Del Origen del Hombre

En la época de las primeras Altas Guerras surgió, no se sabe aún si de forma casual o no, una nueva raza en Bardha que fue llamada "Humana". Las criaturas humanos son delgados y de constitución más débil que la nuestra. Su altura es muy homogénea, al contrario que la nuestra, y tienen gran capacidad de reproducción.
Al principio no constituían reinos ni jerarquías. Simplemente se esparcían por Bardha. Las demás razas los vieron como una mano de obra gratis surgida de la nada y los aceptaron como un regalo. Les pusieron un yugo y casi todos los humanos a mediados de las Altas Guerras eran esclavos.

Los propios goganu esclavizamos humanos, pues pese a ser menos robustos y dados al trabajo fatigoso, suponían una descarga de esfuerzo para nosotros.

Los humanos no fueron empleados en las Altas Guerras, pues las demás razas los consideraban débiles. Pero no dejaron de observar la habilidad elemental del hombre, capaz de captar todas las esencias.

De las Altas Guerras

Las Altas Guerras fueron tres, de cerca de un siglo de duración cada una, con dos pequeños armisticios de apenas un par de décadas.

No sabemos la razón de las guerras, como tampoco lo sabe ninguna de las razas que intervinieron. Luchaban porque creían que había que luchar, porque en su mente resonaban los ecos de los Altos Señores.
La primera de las guerras duró ochenta años, y consistió en enfrentamientos únicamente de las razas de cada bando. Al término de los ochenta años, los Altos Señores declararon una tregua, un empate en su sangriento juego, para recomponer sus fuerzas igualmente debilitadas.

En la segunda no sólo lucharon las razas de Bardha. Los propios Altos Señores acudieron a la batalla y usaron su poder levantando montañas de fuego y anegando valles enteros. En esta guerra la misma geografía de Bardha fue alterada.
No se sabe que ningún Alto Señor muriera en las batallas.
Al cabo de noventa años, los Altos Señores declararon otra tregua, igualmente para rehacer sus fuerzas. La tregua duró tan sólo veinte años.

Durante estas dos guerras, los goganu cavamos más hondo para protegernos de la violencia que recorría el mundo. No obstante, muchos de los nuestros murieron sin motivo, ya fuera en terremotos provocados o directamente masacrados por alguno de los bandos, pues no distinguían nuestra neutralidad.

La tercera Alta Guerra fue la más terrible, pues los Altos Señores comenzaron a convocar criaturas y aberraciones de las oscuras dimensiones de que procedían. Una sombra se situó en un bosque, y al cabo de diez días el bosque se había marchitado. Criaturas que el ojo se niega a ver se deslizaban por los campos sembrando la confusión y el caos, y tomaban posesión de cuerpos vivos.

Los goganu, cansados de esta terrible magia que asolaba el mundo, se volvieron a reunir en un concilio, donde decidieron pedir ayuda a las criaturas más poderosas de Bardha, los dragones. Los siguientes hechos están narrados por Bulut, el santo de los goganu, en el registro "De la convocación de los dragones y la liberación de Bardha", donde se refiere a sí mismo en tercera persona.

Convocación de los dragones y la liberación de Bardha

Todos los reyes y patriarcas de los clanes goganu descendieron a las cuevas bajo las montañas del Alba, donde hacía mil años que nadie había entrado. Allí fueron deslumbrados por una inmensa cantidad de oro y piedras preciosas, que llenaban grandes galerías. Sobre sus tesoros milenarios, adquiridos al rey Aiurat, dormían los dragones. Los jerarcas descubrieron huesos goganu en la cueva, y calleron en la cuenta de que sólo podían tratarse de los hermanos de Aiurat: tan terrible era el precio de despertar a aquellas criaturas.
Sin embargo, aceptaron el posible precio y los despertaron. Contaron los hechos sucedidos y el peligro que corría Bardha, pero los dragones se negaron a moverse, recordando a los goganu la gran afrenta: Uno de los suyos había sido raptado en su juventud por el príncipe Ayoth. Aquella afrenta todavía les dolía, y se negaron a ayudar. Los padres del dragon raptado eran Ranith y Mim, discípulo e hija del propio Draegur, y fueron los que más se opusieron a ayudar a Bardha.

Los líderes goganu lloraron de desesperación, y comenzaron a hacer ofrendas cada vez mayores. Primero ofrecieron todo su oro, pero los dragones ya tenían más del que querían. Después, ofrecieron sus reinos, pero a los dragones aquello no les interesaba. Finalmente, ofrecieron sus vidas como compensación por la pérdida del hijo de Ranith y Mim.
Esto satisfizo a los dragones. Desde entonces, hay muchos más huesos bajo las montañas del Alba. Sólo perdonaron la vida del más humilde de los jefes, llamado Bulut, que al regresar a la superficie adquirió un aura de santidad.

Los dragones cumplieron su palabra y salieron a la superficie de Bardha, dispuestos a librarla de la amenaza exterior. Con su poder derrotaron a las bestias invocadas por los Altos Señores.
La guerra se prolongó aún cincuenta años, en los que los Altos Señores perdían batalla tras batalla, hasta que finalmente, Ranith y Mim -considerados por la mayoría como los reyes de los dragones-, apresaron a los líderes de ambos bandos y obligaron a los demás a huir de Bardha.

Las crónicas de otras razas dan información sobre ambos líderes. El comandante del Orden era llamado Larckaan, y a menudo adoptaba la forma de un gran ser alado. El señor absoluto del Caos tenía el nombre de Harkan, y su forma física era la de un caballero envuelto en llamas con una gran corona de hierro. Al ser apresados sus líderes, los Altos Señores de cada bando abandonaron la guerra. Los del Caos huyeron, y los del Orden depusieron las armas y rogaron por la liberación de Larkaan. Los dragones dieron la misión a los del Orden de que abandonaran Bardha y no regresaran, ni permitieran el regreso de los del Caos.

Una vez liberado Bardha, los dragones se llevaron a Larckaan y Harkan a las cuevas en las montañas del Alba, donde nadie más ha vuelto a estar, y nadie sabe qué destino aguardó a esos líderes.

De la Reconstrucción de Bardha tras las Altas Guerras

Bardha quedó yerma tras las Altas Guerras. La población de cada raza había sufrido severamente, y los antiguos reinos habían desaparecido. La grandeza de la antigüedad tardaría en ser recuperada.

De los issfos sabemos que regresaron a sus islas flotantes, altivos y despreocupados del mundo, como siempre. Envolvieron sus issfoadas en una niebla perpétua con la firme intención de no ser encontrados de nuevo por nadie nunca jamás. Si ya antes era difícil encontrar issfos en tierra, ahora resulta prácticamente imposible.
Los warfos regresaron a sus océanos y comenzaron la reconstrucción de sus reinos y de sus familias. Se volvieron una raza huraña y violenta, siendo peligroso adentrarse demasiado en sus dominios, donde provocan grandes remolinos que tragan barcos enteros.
De las razas de Bardha, la que más sufrió tras las guerras fue la de los fesfos, que se vieron en un mundo de naturaleza moribunda. Pocos bosques habían sobrevivido, y aún los más afortunados eran una sombra de los grandes bosques que en tiempos habían cubierto toda Bardha. Sin embargo, de un modo que aún no comprendemos, lograron sobrevivir.
Los humanos, ya liberados, fueron los que más aprovecharon la nueva situación. No perdieron tiempo en adueñarse de grandes zonas del mundo. La voracidad de su expansión provocó el primer Concilio Racial, en el que se delimitaron los dominios de cada raza.

De aquél concilio salió la ordenación actual de Bardha. Los issfos permanecieron en sus islas flotantes. Los warfos reclamaron las profundidades del océano. Los fesfos se adjudicaron los bosques. Los goganu reclamamos todo bajo la tierra. Por último, a los humanos se les dejó poblar el resto. Este acuerdo fue aceptado por todos, y rige hoy la convivencia entre las razas.

Del Éter

Queda por hablar, finalmente, del éter. El nuevo elemento. No lo conocíamos antes de las Altas Guerras, y ahora anda suelto a la espera de alguien lo suficientemente sabio y valiente para utilizarlo. Desconocemos la fuente última de su poder, pero advertimos un gran peligro en él.
No ha tardado en surgir gente que dice ser capaz de controlarlo. La mayoría de ellos son humanos, pero también los hay de otras razas. Suponemos que apenas han empezado a rascar la superficie de los secretos de esta esencia, y deseamos que jamás la comprendan pues, en ese caso, quizás habría que volver a llamar a los dragones.
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #3 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:55 »
Wind Master

Muy buena. Aquí te posteo para que continúes.
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #4 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:56 »
Estos relatos han sido traducidos al lenguaje de este Multiverso. En su forma original, eran historias que se representaban en escenarios o se recitaban, no se leían de los libros, pues son anteriores a la escritura.

Siglos después de los hechos que narran, fueron recopilados por un gogan llamado Tubnili, un avishenio amigo mío, que ha accedido a enviármelos. Lamentablemente, en el paso a este multiverso los relatos se desbarataron, de modo que ahora sólo puedo presentarlos desordenados.
Sólo he podido identificar el primero:


Capítulo III: Relatos de los goganu antiguos


Relato 1: Bardhaga (La historia de Bardha)

En todos los pueblos gogan se dice que, hace mucho tiempo,
antes del llanto del primer niño,
antes del corretear del primer animal por los montes,
antes de que el primer árbol echase raíces en una tierra entonces vacía,
antes del nacimiento de los ríos en sus cunas heladas, y del trazado de sus cursos serpenteantes buscando los niveles más bajos para desembocar en el mar,
antes del surgimiento de las montañas del interior de Bardha, de la congelación de sus cumbres de las que nacen los ríos, de la formación de humus que alimenta su flora, y de la perforación de sus cavernas,
antes de que los continentes emergieran de los océanos y dieran forma a Bardha,
antes de que la Luna comenzara su camino en el amplio cielo, de que el Sol brillara y calentara y las estrellas quedasen fijas en el techo negro de la noche... había un relojero.

El relojero estaba intentando construir un ingenio equiparable a sí mismo. Para ello, primero creó la materia y el tiempo. Las chispas que saltaron durante la invención inundaron el espacio y comenzaron a brillar convirtiéndose en estrellas, iluminando por primera vez la materia creada. Creó un lugar con forma de disco para habitar en el sencillo Universo que acababa de crear. Miró a su alrededor y dio nombre a los puntos cardinales. Para medir el tiempo, colocó un orbe luminoso y lo hizo girar alrededor del disco, de forma que la aguja se movía respecto a él. Llamó ciclo al tiempo que el orbe tardaba en dar una vuelta completa.

Luego probó creando unos autómatas pequeños y sencillos. En su simplicidad, no resistían el paso del tiempo, por lo que el relojero les dio el don de multiplicarse. Además, necesitaban regenerarse constantemente comiendo materia nueva, de modo que hizo que el suelo del disco fuera fértil y de él crecieran espontáneamente frutos, y creó seres que vivieran de esos frutos, engordaran, y sirvieran de alimento. Ante tal milagro, las criaturas le miraron como a un padre y le siguieron. El relojero se enterneció y los adoptó como a hijos.
Más adelante fue logrando mejores automatismos, a cada cuál más potente. Estos nuevos seres fueron llamados durban. Eran resistentes al tiempo, por lo que no podían multiplicarse, y no necesitaban regenerarse comiendo. A los durban les encomendó la protección y guía de los que consideraba sus hijos.

Los durban, al principio, no tenían nombre y eran todos iguales. Pero con el tiempo fueron obteniendo personalidad propia. El primero de ellos se hizo llamar Yanan, y su misión era intervenir en los conflictos de los "hijos" y repartir justicia. Otro, llamado Wasmut, creó otro orbe en el cielo para contar los meses. Hubo muchos otros, que vivían congraciados con el relojero y con sus hijos.

Al cabo de muchos ciclos, el relojero se encerró en su taller, en el centro del disco, dejando solas a sus criaturas y prohibiéndoles entrar bajo ningún concepto. Los durban siguieron cuidando de los hijos durante mucho tiempo, hasta que la desconfianza mútua comenzó a crecer entre ellos y a separarlos. Entonces, cada durban se encargó del cuidado de un grupo exclusivo de hijos, y poco a poco fueron alejándose entre sí, viéndose cada vez a intervalos más largos hasta que esos intervalos se convirtieron en siglos.

La mayoría de los hijos se habían olvidado ya del relojero, y vivían felices dirigidos por su particular durban protector. Mas los durban no olvidaban, en su cualidad de seres inmortales, y cada vez se entristecían más por el abandono al que les había sometido el relojero. Llamaban a su puerta, y él no abría, sólo oían mucho ruido y salía olor a humo. Estaban asustados, creían que habían perdido el favor del relojero, y el temor se tradujo en tensiones entre ellos hasta que uno cometió un terrible error.
Se llamaba Maikadar, y era el siguiente a Yanan en antigüedad. Maikadar estaba demasiado asustado, y en la soledad de su pequeño recino en el disco, desarrolló extraños miedos a sus hermanos. Se sentía perdido sin un guía, y el miedo le llevó a hacer lo que hizo. Un día reunió a los hijos que había tomado bajo su protección, y les transmitió sus temores con respecto a los otros durban y el peligro de que se aliasen entre sí para expulsarles del disco.

Esta posibilidad encolerizó a los hijos guiados por Maikadar, que crearon las primeras armas y avanzaron contra sus hermanos. El disco fue manchado de sangre por primera vez. Los otros durban reaccionaron de modos distintos. Unos, como Maikadar, también habían desarrollado miedo, y no dudaron en armar a sus protegidos. Otros, como Yanan, quedaron perplejos por el descontrol de la situación, y trataron de imponer la paz sin armar a sus pueblos.

Debido a toda la sangre vertida, y al nacimiento de todos los odios y rencores, la superficie del disco, otrora fértil y generosa, se volvió oscura, y los frutos comenzaron a escasear y a brotar oscuros, pequeños y raquíticos. Las criaturas terrestres se volvieron feroces y comenzaron a atacar a los hijos. Esto aumentó la guerra, esta vez por los recursos, entre los puebos guiados por los durban.

Uno de los durban, llamado Aiur, reunió el coraje suficiente para entrar en el taller del relojero. Al abrirla, notó un calor inmenso y vio un montón de fuego. Sin embargo, entró y cerró la puerta tras él, de modo que los demás no vieron nada. Al cabo de bastante tiempo aún no había salido, y todos le dieron por muerto y huyeron. Muchos renegaron, entonces, del relojero y abandonaron a los hijos para irse a vivir entre las estrellas.

Yanan y otros seis, los más sabios de entre su raza, resolvieron evitar todas las guerras haciendo uso de sus poderes. Uran alzó su báculo y el agua comenzó a manar del suelo, bañando rápidamente extensas zonas del disco que servirían para detener los ejércitos enemigos. No obstante, éstos aprendiero a construir barcos y navegar por las aguas peligrosas para continuar sus guerras. Entonces, Feran levantó su mano, y extensas murallas de tierra se elevaron rodeando el disco y dividiéndolo en zonas separadas. Esto no detuvo la violencia. Las facciones aprendieron a atravesar grandes montañas construyendo pasadizos en su interior, y continuar así, su lucha.

Entonces, los durban sabios trataron de detener a sus advenerizos hermanos, yendo a hablar con ellos. Pero como quiera que no atendían a razones, intentaron inmovilizarlos. Finalmente, creyeron que su deber era detener el conflicto aunque tuvieran que matar a los durban, puesto que la misión que se les había impuesto era defender a los hijos. Fue Yanan el único lo bastante seguro de sí mismo para prepararse para semejante tarea. Forjó a tal efecto el único arma capaz de derrotar a otro durban, la lanza que lleva su nombre, y fue a enfrentarse contra Maikadar.

Ya estaba frente a él, preparado para asestarle el golpe final, cuando oyó una voz conocida que llamaba a todos los durban desde el centro del disco. Se estableció un armisticio y todos acudieron. Asombrados, reconocieron a Aiur ante el taller, con su aspecto de siempre, pidiéndoles que dejaran de luchar, pues su padre había vuelto con ellos.
En efecto, tras Aiur, la puerta del taller se abrió y de ella salió el propio relojero con aspecto sumamente apenado, disculpándose ante todos por su tardanza, explicando que su tarea le había llevado más tiempo del que había esperado pero que, al fin, estaba concluida. Alzó las manos, y el disco entero comenzó a darse la vuelta. La oscuridad de la noche dio paso a la claridad del día. Allí vieron lo que había estado haciendo el relojero muy lejos bajo el disco todo aquel tiempo. Vieron un mundo azul con océanos y ríos, y también verde, rebosante de vegetación y vida, en el que nunca faltaría nada...

-¿Es eso el mundo que habitamos?- preguntó el niño
-No- respondió su abuelo-. Aquello será el paraíso. Aún estamos en el disco, esperando a que el relojero salga de su taller.


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PD: En goganu awisa, "Aiur" significa esperanza.
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #5 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:57 »
Wind Master

El relojero, me gusta.

¡Vamos a por el siguiente!
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #6 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:57 »
CasaRadamanto

Ageof, que no te había dicho nada aún, pero está increíble. Me encanta todo el hilo, que lo sepas. De hecho, como territorio vecino de Beloria, le he prestado especial atención. Ya te propondré algún proyecto común, si te parece, para darle más coherencia a toda esta parte occidental de Bardha e ir creando hilos de unión, pues en mi territorio también habrá goganu y me gustaría consensuarlo con el experto ;) De momento... ¡Sigue con ello!

Mis felicitaciones.
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #7 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:57 »
Gracias por los ánimos, Wind y CasaRadamanto.

Jo. La gente se pasa a ver la bandera, y no comenta el relato ;(
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #8 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:58 »
Reactive

Anda, menos quejarse y más seguir escribiendo. Por cierto, la música es increíble. En serio. Tendré que probarlo.
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Re: El Libro de Avishira
« Respuesta #9 en: 24 de Septiembre de 2009, 19:58 »
arkantos_elgrande 

Genial tío, muy buena, sobre todo la parte 2, donde se cuenta toda la historia de bardha, las Altas guerra y los Altos Señores me ha encantado. De verdad que deja las cosas bastante más claras, se ve que los gonagu son gente del saber, que han dedicado su vida a recoger datos, de verdad muy bien, creo que esta cosmología viene de perlas.

Lo del relojero ha quedado muy chulo, vendría a ser la Diosa Madre Tierra que adoran los Ainaru de Khram... jeje, muy bien, sigelo.
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