Autor Tema: Gran Reino de Avasn  (Leído 4307 veces)

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Desconectado master ageof

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Re: Gran Reino de Avasn
« Respuesta #10 en: 29 de Noviembre de 2009, 23:51 »
Ya hablé. Me encanta Avasn, aunque hecho de menos referencias históricas, fechas y tal.
Y que lo continúes, eso también lo hecho de menos.
Aquellos pueblos que olvidan su historia... golpe de remo

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Re: Gran Reino de Avasn
« Respuesta #11 en: 30 de Noviembre de 2009, 09:23 »
Ya hablé. Me encanta Avasn, aunque hecho de menos referencias históricas, fechas y tal.
Y que lo continúes, eso también lo hecho de menos.

Fechas históricas y demás, vendrán. Estoy intentando cuadrarlas. Y encontrar una forma de narrarlo que me gusta.

No te preocupes, master. Estamos pendientes y listos para reanudar esto. Tenemos el CIRCO, el CRAC y obligaciones varias. Pero estamos en ello.

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Re: Gran Reino de Avasn
« Respuesta #12 en: 07 de Diciembre de 2009, 14:12 »
RESUMEN DE LA HISTORIA DE AVASN

Son muchos los que dicen que la historia de Avasn comienza el día que los bárbaros airanu se rebelaron contra la opresión infrahumana, liberando así a todos los humanos que vivían en ambas tierras. Después, ellos se aliaron con los que los primeros y orgullosos avasni expulsaron de estas ricas tierras nuestras, traicionándonos. Y aún más: empezaron a reclamar la tierra de Avasn como suya.

Muchos son los eruditos que discuten aún sobre la fundación del Imperio, pero todos coinciden en una cosa: fue después de la expulsión de los infrahumanos. Exactamente, no se sabe si fue cien o doscientos años de la deserción de los airanu, pero los primeros avasni, esclavos de los fesfos, se volvieron hacia los infrahumanos y los expulsaron de la tierra, empujándolos a los Montes Clysios, de donde no habrían de volver.

Originalmente, Avasn era una confederación de ciudades-estado, unidas por un consejo consultor, pero gobernadas por nadie en absoluto. Cada líder era rey de su tierra y los alrededores y no dejaba que el rey de la tierra adyacente le aconsejara siquiera. Eran los ancianos y los consejeros quienes mantenían la unión entre las ciudades frente a los enemigos externos. Las principales de estas ciudades eran las siguientes: Nyotia, Ackotia, Vesitia, Urnatia, Dautia, Mositia, Apuritia, Ardutia, Draeitia, Untoutia y Daratia. De estas once ciudades, solo Daratia perdura hoy, como capital del Imperio. Todas las demás desaparecieron en diferentes circunstancias, ya fueran la guerra, la magia o la naturaleza.

Las primeras en caer fueron Untoutia y Mositia. Ambas fueron absorbidas por Daratia. El primer rey de Daratia, Urneos, apodado el Bueno, había practicado la diplomacia con mucho acierto para con sus vecinos. Las relaciones entre las ciudades-estado mejoraban y se abastecían las unas a las otras, tanto en recursos como en soldados, y las tres prosperaron. Pero el hijo de Urneos, Snounoos, no estaba de acuerdo en la forma de gobierno de su padre. Prefería un sistema feudal, parecido al que Lealeos de Nyotia ejercía sobre sus súbditos y sus ideas de conquista. Así, tras asesinar a su padre, Snounoos accedió al trono de Daratia y marchó a la guerra contra Untoutia y Mositia. Confiados, ambos reyes recibieron al ejército de Snounoos y le abrieron las puertas de sus fortalezas, dejando entrar a los que luego serían sus asesinos. Untoutienses y mositienses fueron pasados a cuchillo por millares. Los que sobrevivieron lo hicieron sometidos al poder y voluntad de Snounoos. Con un territorio mucho más amplio, volvió sus ojos hacia Vesitia.

Pero los demás reyes, ya habían visto lo que Snounoos había hecho. Y todos se dedicaron a hacer lo mismo. Así, en la Primera Guerra Euvólica, todas las ciudades estado se aliaron unas contra las otras y luego se traicionaron alianzas para permanecer soberanas frente a las demás. Muchos murieron. Entre ellos el propio Snounoos, lo que puso fin a la guerra.

Desaparecida la amenaza de Snounoos, el consejo regente decidió poner fin a las luchas entre los distintos reyes de las ciudades-estado. Para ello, decidió, en virtud del poder acumulado durante la Primera Guerra Euvólica, dividir el territorio de la nación en cancillerías, quedando configurado como aún hoy perdura. Daratia permaneció y perduró como capital avasni en recuerdo de Urneos el Bueno. Nyotia, Draeitia, Urnatia y Ardutia prevalecieron como capitales de sus respectivas cancillerías. Y aquí nace Avasn como nación en sí misma. Fue el consejo quien impuso el sistema de gobierno actual y señaló el archicancillarato de Daratia como regente en Avasn.

Libres de su propia opresión, los avasni decidieron expulsar a los fesfos que tanto tiempo los habían tenido oprimidos. Lucharon por expulsarlos y quemaron sus ciudades y pasaron a cuchillo a sus vástagos.

Finalmente, muertos de miedo, los infrahumanos se arrojaron a los Montes Clysios, a donde pasaron hacia Airan. Los belicosos bárbaros, enfrascados en una revuelta a las que son tan aficionados, no se dieron cuenta de que la naciente nación de Avasn los invadía corriendo tras los fesfos. Y los jefes guerreros de antiguo se enfrentaron a los caudillos airanu, diezmando su población, llegado casi a conquistar todo el territorio airanu. Pero la magia de los infrahumanos contagió a estos bárbaros y repelieron a los nobles soldados con sus malas artes. Un hombre, llamado Galkärd y a quienes los druidas aún veneran, fue quien condujo a los magos a la victoria. Y los avasni tuvieron que dar media vuelta, para lamer sus heridas.

Obligados a permanecer lejos del mundo, los líderes avasni volvieron cada uno a sus tierras. Allí, cada uno se erigió en gobernante y levantó un estado en torno a su fortaleza.

Pero Daratia no estaba dispuesta a dejar que el imperio que se había creado tras la estupidez de Snounoos se viniera abajo. La ciudad tenía un importante acceso al golfo del Dragón por el río Sirion y quería controlar el puerto franco de Nausiplos, algo a lo que el cancillarato marítimo se opuso. Así, el archicanciller armó una flota ligera pero ágil e inundó el mar con ella, atacando los puertos de otras ciudades. El canciller marítimo reunió todos los barcos de guerra fieles para poder deshacerse de la amenaza del archicancillarato y se dispuso a bregar y batallar contra su propio pueblo. Llegados a la isla de Cassaios, los barcos comenzaron a intercambiar disparos de arco. Las maniobrables naves del archicanciller perdían tripulantes con facilidad, pero su rapidez y agilidad de maniobra les permitía abordar en masa a las grandes galeras de los otros reyes. La batalla permaneció en un equilibrio que ora se desplazaba a un bando, ora al otro hasta que aparecieron los drakkar airanu en la lejanía. Ajenos a lo que ocurría, absortos en su propia lucha intestina, los avasni no advirtieron que la flota vengadora se acercaba. Cuando se dieron cuenta y se unieron fuerzas para luchar, un tercio de las naves avasni habían sido incendiadas por los brujos de fuego de los bárbaros. Esos “espadas llameantes”, como ellos los llaman, podían encender verdaderas catástrofes ígneas a varias millas de distancia, y los palos y los velámenes estallaban por doquier.

Reunidos y enardecidos por la derrota naval, el primer archicanciller propiamente dicho, Stayrios, llamado el Imprudente, se lanzó a una cruel contravenganza hacia los Montes Clysios. Organizó con rapidez un ejército cansado, abrumado por la pérdida de toda la armada en Cassaios y en contra de los consejos de los cancillaratos y de su propio delfín. Las legiones fueron rearmadas, se hicieron levas urgentes y Avasn se volvió a poner en pie de guerra.

El resultado no pudo ser más desastroso. Desconocido el terreno y con la ayuda de los infrahumanos, el ejército fue expulsado de los Montes Clysios en apenas unos meses. No hubo fuerzas suficientes para mantener la marcha entre los pasos estrechos, que ralentizaban la campaña. Las enormes carretas de abastecimiento no podían pasar por los desfiladeros y no había nada que forrajear, pues los bárbaros ni cultivan ni conocen el arte de la ganadería. Los avasni tuvieron que avanzar entre el cansancio y el hambre como dos enemigos más hasta llegar al Paso de los Mil Cráneos. Allí, valiéndose de las malas artes de los druidas y de la fuerza militar de los airanu, mil soldados cayeron sin apenas esfuerzo. Las fuerzas de retaguardia fueron un tapón para la huida de los soldados que intentaban retirarse y un millar de legionarios fueron aplastados, diezmados, antes de que los bárbaros se decidieran a dejar de atacar.

Las legiones regresaron derrotadas y Stayrios fue derrocado. El Delfín, un sobrino suyo llamado Rhunios subió al poder y empezó con él un periodo de paz con Airan, pues sobrevino la Segunda Guerra Euvólica o la Guerra Civil como la llaman otros.

Rhunios era el Delfín electo por Stayrios para sucederle. Su esposa, la emperatriz, había muerto joven, sin darle hijos, y Stayrios se negó a tomar otra esposa. Hoy se conoce que tuvo varias decenas de descendientes con otras tantas concubinas, pero ninguno de ellos, por bastardo nacimiento, podía acceder al trono imperial, por lo que aquellos vástagos no fueron reconocidos hasta siglos más tarde. Rhunios era hijo de su hermana, un hombre débil y sin sangre, dado a la contemplación y a la música que no sabía manejar los ejércitos, que se le sublevaban a la mínima. Y así fue que se desencadenó la Segunda Euvólica.

Bronios, primo de Rhunios por parte de padre, fue siempre un gran militar. Formado en Draeitia, en el actual Cancillarato Noroccidental, llegó a comandante de la Guardia Imperial de Rhunios. Bronios nunca ocultó su disgusto por el modo en que Rhunios llevaba el gobierno de Avasn y lo ocultó aún menos cuando Rhunios, un romántico soñador, unificó todas las provincias de Avasn, eliminando las demarcaciones y los consejos de las cancillerías periféricas, erigiéndose en rey absoluto de Avasn. Fueron muchos los que le apoyaron, pero muchos fueron también los que hubieron de desobedecer sus órdenes. Bronios fue el primero de ellos.

Cuando el canciller suroccidental de Urnatia se sublevó contra la voluntad de Rhunios, Bronios fue enviado a someterlo. El ejército asedió Urnatia durante meses antes de que el canciller decidiera destruir la propia Urnatia antes que entregarse al dominio de Rhunios. Cuando contempló como ardía y se destruía toda aquella belleza, admiró el valor de su canciller y sus gentes al haber preferido la muerte al sometimiento incondicional. Y Bronios recogió el testigo de aquellos héroes. Se llevó consigo a todos los soldados que había comandado, se autoproclamó archicanciller en Anytia y destruyó Ardutia, que se opuso a la separación de la cancillería noroccidental.

Tras meses de guerra civil, Bronios se impuso a Rhunios, que fue exiliado. Y Avasn quedó configurado tal como lo conocemos hoy.

Pero la codicia de Bronios, al verse vencedor absoluto, creció. Y, aunque en Avasn mantuvo sus palabras y ejerció como un archicanciller justo y cabal, la política exterior tuvo graves consecuencias para el futuro. Desoyendo a los clérigos, hizo venir de todas partes del mundo a cientos de druidas, a los que regaló los oídos con promesas de desaparición de templos y destierro de dioses extraños para ellos. Durante dos décadas se persiguió a los clérigos de los dioses verdaderos para que los druidas estuvieran contentos. Y una vez lo estuvieron, la venganza contra Airan se fraguó en los pasillos del palacio Imperial. Bronios convenció a los druidas para que fueran en contra de los airanu y creó un cisma en la fe bárbara a la Madre Bardha. Los druidas avasni hundieron mediante sus conjuros el archipiélago de la Mano de la Madre, asesinando así a casi todos los druidas de Airan. Comprendiendo lo que habían hecho, los druidas lloraron amargas lágrimas de pena y se aislaron del mundo. Levantaron una alta torre en el otro extremo del mundo en la que reunirse en paz y volvieron a unirse al resto de sus hermanos. Allí, en las Islas del Druida, se entrenan ahora la Venganza y la Justicia de la Madre, como ellos los llaman, que no dudan en hostigar a Avasn. Como ocurrió en el Juicio del Este.

Tranquilo y seguro en su magnificencia, Bronios envió su flota a establecer relaciones con los anthurios, en el más lejano oriente de Bardha. Allí, como raza infrahumana y beligenrante, los anthurios no permitieron el desembarco de la delegación diplomática y Bronios decidió hacerlo por la fuerza. Así, la Gran Flota volvió a ser puesta en pie de guerra y el canciller Pilios de Nausiplos se hizo a la mar con trescientas galeras fuertemente armadas. Las grandes naves surcaron el Mar Interior y bordearon las costas de Carda para llegar a la Punta del Juicio. Pero los airanu, pérfidos piratas, habían bordeado Punta Gélida y Vehelorn para llegar al mismo punto. Los drakkars airanu son bastante más rápidos y, para cuando Pilios llegó, las naves que habían partido antes ya habían sido hundidas. Lo que ocurrió fue una catástrofe. Solo se dejó escapar una nave, en la que subieron a todos los ocupantes con un mensaje muy claro: no volvería Avasn a enfrentarse a los druidas o su poder, ni a utilizarlos en su provecho. O no vería Avasn más amaneceres.

Aquella amenaza aún hoy sigue vigente y es por eso que se persigue a cualquier seguidor de tan bárbara religión en nuestro país.

Bronios murió muy anciano con la carga de la derrota del Juicio del Este sobre sus hombros. Y dejó a su delfín la amarga tarea de conquistar Airan. Su descendiente, Golos, supo aprender muy bien de su padre y, quince años después de la muerte de éste, inició la Conquista. Fueron sus descendientes quienes terminaron de invadir Airan y ocuparlo, pues moriría en las primeras batallas. Avasn avanzó por el país bárbaro sin encontrar apenas oposición y arrasó marismas y bosques, aniquilando fesfos y airanu por igual. Por fin, en el año 278 se acabó la invasión. Los ejércitos llegaron al cauce del río Magarn y empujaron a una muerte segura a los airanu, a un desierto de marjales y ciénagas donde no podrían sobrevivir.

Durante ciento veinte años, Avasn ocupó Airán, pero sólo diecinueve fueron años de paz. Los airanu, gente resistente y brava, supieron sobreponerse a la invasión y, desde los marjales del norte, comenzaron a reconquistar su tierra. La autocomplacencia del Archicanciller le llevó a retirar las tropas de una tierra que se negaba a dejarse cultivar y a la que era imposible arrancarle nada. Y, poco a poco, el avance de los airanu fue arrinconando a los soldados de Avasn, que fueron aniquilados en el año 394 por Karhald, llamado “el Rojo”, porque siempre iba teñido de la sangre de sus enemigos.

Desde entonces, no ha tenido Avasn ningún conflicto con nadie, abandonado a la decadencia y a la autosuficiencia de un Imperio que parece no tener necesidad de nadie para subsistir y medrar.

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Desconectado Blood


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Re: Gran Reino de Avasn
« Respuesta #13 en: 07 de Diciembre de 2009, 18:24 »
Una historia un tanto triste, una tierra que nunca alcanza la paz. No por ello menos interesante jeje.

En contra del uso de corbatas xD


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Re: Gran Reino de Avasn
« Respuesta #14 en: 10 de Diciembre de 2009, 00:47 »
Sobresaliente, Khram. Todo un ejemplo de cronología.

"Tranquilo y seguro en su magnificencia, Bronios envió su flota a establecer relaciones con los anthurios, en el más lejano oriente de Bardha. Allí, como raza infrahumana y beligenrante"
Hay un error en la palabra "beligerante".
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Re: Gran Reino de Avasn
« Respuesta #15 en: 11 de Diciembre de 2009, 23:38 »
Buena historia. 300 años muy bien contados.

¿A partir de la "pérdida" de Airan, los avasni se desmilitarizaron, o algo parecido? ¿O simplemente no volvieron a hacer la guerra, pero mantuvieron un ejército?
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Re: Gran Reino de Avasn
« Respuesta #16 en: 13 de Diciembre de 2009, 10:17 »
Permanece atento a tu pantalla... ;). Y si no, vuelve al primer post.

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