Autor Tema: El gran hilo para animar a la peña  (Leído 648490 veces)

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Skiles

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10520 en: 08 de Marzo de 2017, 15:20 »
Yo con una foto del codo o del tobillo ya me conformo :$

Desconectado Orestes

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10521 en: 08 de Marzo de 2017, 15:53 »
Toma, lo hice para Cal hace años: http://imgur.com/KAwZxMt

:gñe:

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Desconectado Eolaisil


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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10522 en: 08 de Marzo de 2017, 16:42 »
Pero avisa el NSFW  :vergu:

:pelotita:

Desconectado Crosher

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10523 en: 11 de Marzo de 2019, 08:20 »
Pues no, estaba demasiado ocupado chorreando sangre por la cara, el pecho y las piernas, sin contar el traumatismo craneal.

PD: Tampoco tenía papel y bolígrafo a mano.

Si me pasa a mí memorizo la matrícula aunque tenga que escribirla con sangre en el suelo, aunque luego no le ponga la denuncia, pero hasta que no le encuentre y le reviente la boca no paro.

Masuneo, y después yo le reventaria el coche, pote de gasofa, mechero y palante.  :gñe:

Yo, después, me acercaría de forma poco silenciosa hasta la puerta de su casa. Tras llamar al timbre me presentaría a su esposa como Eddie Breed, el amable y quizás un poco demasiado formal compañero de trabajo de su marido que pregunta por su paradero, pues no responde a las llamadas a su teléfono móvil. En el momento en el que la mujer se diese cuenta de que hace varias horas que no tiene señales de vida de su esposo, haría mi mejor esfuerzo por tranquilizarla con un gesto severo aunque vago con el evidente significado de que estará en alguna parte pero quizás es mejor no hacer preguntas.
En el momento en el que la inseguridad se asomase a sus ojos, cruzaría con la suya mi mirada dialogante y ardiente de curiosidad durante exactamente cuatro segundos, contados mentalmente, mientras parezco perderme en la respuesta a una pregunta que tarda demasiado en llegar. Me despediría de ella con una sonrisa antes de llegar a dar ninguna respuesta capaz de resolver su inquietud, tal vez dejando la puerta abierta a un encuentro futuro, en alguna reunión social en la que el círculo cercano entero se encuentre presente.

A continuación, lanzaría el coche quemado por un acantilado, haciéndolo parecer un accidente.
Después, dejaría allí la ropa que llevaba la última vez que fue visto y su cartera, con su documento de identidad y una fotografía de una mujer llamada Lucy (a escasos centímetros de la fotografía de su esposa).

Seguidamente, me lo llevaría maniatado y con los ojos vendados en el maletero de mi coche hasta el puerto, sobre las 5 de la madrugada, cuando las aguas están tranquilas y los pescadores recogidos.
Abriría el maletero, le dejaría sentir el frío tacto de mi arma contra su sien y le diría, "Camina o tendré que limpiar las manchas de sangre de la carrocería". Lo conduciría hasta mi barco por la pasarela de madera, desataría ligeramente sus ataduras y lo lanzaría al interior de la bodega, en la que las cajas de pescado no demasiado fresco le harían una agradable compañía olfativa.
Pondría en marcha el motor, totalmente cargado de gasolina, y soltaría los amarres del barco. Bloquearía mecánicamente la dirección para que se dirigiese hacia el océano mediante una presa metálica con candado cuya llave lanzaría por la borda para acabar perdida en algún lugar del fondo del mar, para no ser encontrada jamás.

Acto seguido bajaría a la bodega para iniciar el control remoto del monitor que allí he clavado, y antes de irme soltaría mi arma en el suelo. Me aseguraría de que me escucha decirle que es "un regalo".
Mientras él empieza a librarse de sus ataduras, dejaría que me escuchase abandonar la bodega y clavar tablones de madera de 5 centímetros de ancho sobre la escotilla que está sobre su cabeza, la única forma de salir de la bodega sin atravesar el techo o la obra viva del casco.
Abandonaría el barco aún en marcha (condenado a dirigirse hacia aguas internacionales hasta quedarse sin combustible) mediante el único bote salvavidas, y remaría hasta llegar a tierra de nuevo.

Al llegar al muelle de nuevo conduciría mi coche hasta casa, me daría una ducha e iniciaría por satélite el feed de imágenes del monitor que se encuentra en la bodega del barco, a la altura de su cabeza. Dicho feed consiste en un vídeo que se repite en bucle continuamente las 24 horas del día.
Ese vídeo, de 10 horas de duración en total, es una grabación que he realizado durante todas las comidas (desayuno, almuerzo, merienda y cena) que he realizado durante los últimos siete días. En esas grabaciones se me ve a mí mirando a cámara y comiendo muy despacio, saboreando los platos ricos y variados que pasan por mi mesa, mientras que mi prisionero en la bodega no tiene nada que llevarse a la boca y el pescado que le acompaña está demasiado podrido; sólo le valdrá como último recurso, para cuando los días pasen y el hambre apremie.

A la mañana siguiente vendería el coche que utilicé a un vendedor de segunda mano, y con el dinero que obtendría me compraría un traje de Armani en el Corté Inglés y un ramo de flores. Acudiría al funeral con mi mejor cara de pesar y pronunciaría unas palabras en memoria al difunto (fallecido en trágico accidente de tráfico) y otras de aliento para la viuda, a la que haría compañía durante estos momentos tan difíciles y con tantas preguntas de la policía debido a las inconsistencias en la investigación y la posibilidad de que no fuese un accidente.

Recordaríamos juntos a su marido como lo que fue: un hombre jovial y alegre, acostumbrado al buen cine y a reírse de los ciclistas accidentados, cumplidor en casa y sufridor silencioso, acosado por las dudas a las que no obstante trató de reaccionar de la forma más positiva para sus seres queridos. Que tuviese una amante o no, quizás sea algo que yo no sé, o más probablemente algo de lo que más vale no hablar. La dolorosa oscuridad acerca del asunto y la aceptación de que la vida continúa mejor sin ese hombre deshonesto llevarán poco a poco a nuestro delicado acercamiento, marcado por los frecuentes abrazos, el sentimiento compartido de pérdida y la necesidad de seguir adelante con nuestra existencia.

Cuando mis visitas se hubiesen convertido en regulares y mis muestras desmesuradas de afecto y cariño llegasen a ablandar de manera oportunista su ahora frágil corazón, esperaría a que ella tuviese un descuido, tal vez mientras está en el baño. Colocaría una cámara web en alguna parte de su dormitorio, conectada al feed del monitor de la bodega del barco.
A continuación le haría el amor despacio y dulcemente.
La haría disfrutar mucho más de lo que alguna vez disfrutó con su marido, hasta que su recuerdo desaparezca de la mente de ella y se abandone al placer para olvidar; todo ante la atenta mirada de su esposo.

Y a continuación desaparecería de su casa para salir del país y nunca más regresar, antes de llegar a convertirme en un recuerdo doloroso que le impidiese pasar página; tan solo ser una transición que le permita olvidar a su esposo y no volver a sufrir nunca más, salvo quizás cuando una afortunada investigación la lleve hasta la que solía ser mi casa, en la que tal vez encuentre mi bicicleta destrozada.

Su marido luchará durante días por su libertad, alimentándose del pescado en mal estado y de la llama de la esperanza. Pero poco a poco irá asimilando que no puede atravesar el casco sin hacer que el barco se hunda; que la comida no le durará eternamente y todo lo que alguna vez ha valorado de su existencia continúa sin él, sin que su marcha haya cambiado lo más mínimo.
Y en algún momento las fuerzas le fallarán, o sus intentos de escapar abrirán una brecha en el casco, o la comida escaseará, o se sentirá demasiado enfermo por la podredumbre de su alimento, o simplemente no aguantará más la convivencia en un espacio tan pequeño con sus propios fluidos corporales.

Entonces recordará mi último regalo, aquel que nunca pensó que agradecería que se le fuese dado: el arma a sus pies, la oportunidad de abandonar su miserable existencia con la promesa de, tal vez, llevar una próxima vida de inconsciente arrepentimiento en la que redimir sus errores del pasado y purgar su espíritu, o tal vez llevar una cargada de odio a la que un día, en una feria del condado, una gitana le convenza para leer sus vidas pasadas (aunque él, en principio, no crea en estas cosas) y devuelva a su mente mi recuerdo dándole un motivo para completar su existencia: ejecutar una venganza contra mí.

Con este pensamiento dirigirá el arma hacia su sien y, con lágrimas en los ojos, apretará el gatillo, y tendrá apenas un instante para caer en la cuenta de la horrible verdad que le atormentará durante estos, sus últimos momentos de vida.

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10524 en: 11 de Marzo de 2019, 09:09 »
Valiente perturbado hijo de puta :lol: :lol: :lol:
Dijo él, leyendo pasajes de 2010

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10525 en: 11 de Marzo de 2019, 09:10 »
Léete el foro Mskina  :lol:

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10526 en: 11 de Marzo de 2019, 09:28 »
Le mandó skiles xD

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10527 en: 11 de Marzo de 2019, 09:31 »
Valiente perturbado hijo de puta :lol: :lol: :lol:
Dijo él, leyendo pasajes de 2010

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10528 en: 11 de Marzo de 2019, 15:26 »
Valiente perturbado hijo de puta :lol: :lol: :lol:
Dijo él, leyendo pasajes de 2010

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Qué más quieres que lea?

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Re:El gran hilo para animar a la peña
« Respuesta #10529 en: 11 de Marzo de 2019, 15:40 »
El porqué yo he leído eso y he llamado a deke lo que le he llamado
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